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Poema: Cuando gritamos al olvido…



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CUANDO GRITAMOS AL OLVIDO…
Julio de la Vega R.

Todo lo que se quiere olvidar es inolvidable
todo…

Y están los días,
y está la distancia como un telón sobre el pasado,
pero,
no se puede olvidar lo inolvidable…

Se deshoja la Rosa de los vientos
y se cubre de velos el ayer
y se suspende el ancla del fondo del amor que fue;
vamos al cementerio de los sueños
y enterramos el amor
y lo cubrimos con la loza más fría;
cortamos los tentáculos que aferran al recuerdo,
derramamos alcohol
y nos teñimos las pupilas con ansiedad de epilogo;
pero el olvido es una cárcel con muralla de piedra
y oído de piedra;
le llamamos,
le gritamos con la voz llena de lazos para que nos amarre,
le esperamos en todos los andenes y los puertos y en todas las esquinas estamos como en cita de amor,
como en celo;
pero el olvido cuando se quiere olvidar no llega,
y le esperamos con ansiedad de libro roto
y de herida abierta llamando a la morfina…

Cuando ha habido ojos que amamos,
y ojeras como noche de tormenta
y caricia en el pelo
cuando ha habido besos
y ha habido sonrisa en otro tiempo,
cuando ha habido un nombre que bordamos en la piel
como un tatuaje de nuestro propio anhelo,
cuando ha habido mujer con cuerpo que amamos
y voz que amamos;
cuando el amor por ella rebalsaba nuestra vida
y el cántaro de la pasión quebraba las paredes,
cuando ha habido amor
lo que se quiere olvidar es inolvidable

El pasado tiene mil caras y por todas partes alumbra,
el recuerdo nos sale con sus máscaras
y en todo sitio está el cuerpo y la boca que amamos,
y la melena que amamos nos acaricia el rostro como un viento;
y nuestro interior siempre será fuego,
y será nuestra mano crispada persiguiéndola,
y será nuestra garganta llamándola,
y será el ayer como una lámpara que no podemos apagar;
y será el olvido como una roca,
como un páramo solo,
como madera de naufragio que se escapa de mi cuerpo,
porque el olvido es como oído de rico cuando el pobre llama.

Todo lo que se quiere olvidar es inolvidable
cuando se lleva una campana que nos llame al ayer
cuando las rosas de su nombre nos han florecido en el cerebro.
Aunque reguemos con alcohol
el jardín de su voz para que se marchite,
aunque prendamos fuego a la cortina de sus ojos
y hagamos hogueras con sus dulces pestañas,
y coloquemos candados a nuestros párpados;
aunque levantemos la pared del desprecio
y fumemos la cortina de humo que nos tape su imagen;
aunque nos suicidemos en el abismo de sus ojos
y con la piedra del horror al cuello
nos hundamos en el mar de sus pupilas,
siempre tendremos cadenas
y anclas dentro de nosotros mismos,
siempre habrá escaleras por donde trepe el ayer
y voces que penetren por cualquier orificio del recuerdo.
Siempre sus pestañas dormirán en nuestros sueños,
y su boca sólo danzará para nosotros
y veremos su cuerpo y lo anhelaremos
y nuestro subconsciente será siempre una agitada sinfonía
porque cuando amamos
somos un fértil jardín
somos una ancha tierra donde se multiplica la existencia
cuando amamos,
el olvido es un gusano que busca raíces,
un erial con guijarros
que buscamos para que nos mate todo el amor,
para que la humedad del recuerdo nos haga flores de silencio.
pero gritamos porque somos un fértil jardín,
un música sin parar.
somos ciegos sin guía cuando gritamos al olvido…

Todo lo que se quiere olvidar es inolvidable
todo…
y están los días
y está la distancia
como un telón sobre el pasado,
pero,
no se puede olvidar lo inolvidable…

Fuente: Poema incluido en el Poemario Amplificación Temática. La Paz, 1957.



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