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Literatura boliviana for export, el eje del debate en la feria del libro cruceña



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Literatura boliviana for export, el eje del debate en la feria del libro cruceña
Por:Martín Zelaya Sánchez

La segunda feria internacional del libro más grande del país ofreció un amplio despliegue de infraestructura, una copiosa agenda cultural y un tema central de debate: cómo posicionar a la literatura nacional en el circuito mundial.

En los años 60 y 70 —recuerda Peter Lewy—, la editorial Los Amigos del Libro llegó a tener stands en las ferias de Frankfurt, Buenos Aires, Guadalajara y otras de las más importantes del mundo. Hoy en día, pese a que mejoraron las condiciones de comunicación y tecnológicas; a pesar de que tenemos más autores y una producción literaria de mejor calidad, la presencia del libro y la literatura nacional fuera de nuestras fronteras sigue igual o incluso peor”.

El experimentado librero abrió así, el sábado 30 de mayo, el coloquio “Obstáculos para la internacionalización de la literatura boliviana”, en la sala Enrique Finot de la Feria Exposición Santa Cruz (Fexpocruz), que alberga hasta hoy a la X Feria Internacional del Libro de aquella capital.

Junto con la propuesta de España, el país invitado de honor que trajo a cinco literatos y artistas, y la presentación de la novela El exilio voluntario con la que el cochabambino Claudio Ferrufino-Coqueugniot ganó el Premio Casa de las Américas 2009 —y que fue editada exclusivamente para Bolivia—, el eje del segundo evento literario más grande del país fue precisamente la discusión entre autores, editores, académicos, libreros y lectores sobre cómo lograr visibilizar más, ante los ojos del mundo, lo que producen los literatos nacionales.

Desde el 28 de mayo, 135 stands de librerías y editoriales nacionales y extranjeras, fundaciones y empresas culturales, y centros de investigación coparon los pabellones Brasil, UPSA e Internacional II de Fexpocruz, en el cuarto anillo de la capital oriental.

Fabiola Rojas, presidenta de la Cámara Departamental del Libro (CDL) de Santa Cruz, organizadora de la cita, destaca como puntos altos del evento a “las 70 actividades de una profusa programación cultural paralela —presentaciones de libros, conferencias, mesas redondas, exposiciones y talleres—; la III Feria Infantil que contó con un amplio espacio propio, y la presencia de los escritores bolivianos Edmundo Paz Soldán, Pedro Shimose, Claudio Ferrufino-Coqueugniot, Wolfango Montes y Homero Carvalho, entre otros”.

Por España, país al que estuvo dedicada la feria, llegaron el escritor y lingüista José Luis Ramírez Luengo; el poeta y narrador Miguel Sánchez Ostiz, el guionista e ilustrador Manolo Hidalgo y la filóloga Cristina Mora. Y de Brasil, invitado por editorial El País, vino el autor Marcio Souza a presentar su novela Gálvez, emperador del Acre.

Rojas, que calculó en “un millón de bolivianos” el costo de la organización, cubierto por auspiciadores, está segura de que “año que pasa, esta actividad se consolida como parte fundamental de la agenda cultural cruceña, ya que todo el ‘mundo’ quiere participar con diferentes propuestas, y porque genera gran movimiento económico”.

La ejecutiva destacó, además, “la entrega del Premio Anual CDL a Pedro Shimose y del III Premio Nacional Noveles Escritores (Petrobras) a Omar Gutiérrez por su obra Laura se ve hermosa así”.

Mirando hacia afuera

Cristina Mora, actual componente del equipo encargado de derechos de autor de Editorial Planeta, fue la invitada de honor de la mesa redonda que el sábado 30 debatió los mecanismos para exportar más y mejor las obras escritas en el país.

Luego de reconocer que “en Europa hay un gran desconocimiento de la literatura boliviana, más allá de Paz Soldán”, la experta destacó el “buen estado general y el profesionalismo con el que trabajan varias editoriales bolivianas”. No obstante, trazó un diagnóstico poco alentador del contexto en el que éstas (además de autores, comercializadores y lectores) se desenvuelven.

“Hay cuatro situaciones críticas y crónicas que impiden un mejor desarrollo de esta industria: la poca cantidad de lectores, la piratería, la mala distribución y la mala promoción y difusión del libro”.

Alfonso Cortez, de editorial La Hoguera, propuso un plan de difusión de libros y escritores basado en dos ejes: el fortalecimiento de la industria editorial y la creación de una “Comisión de Internacionalización del Libro Boliviano”, ambos con amplia participación estatal.

“Hay que empezar —dijo— por capacitar al sector editorial con cursos de formación y becas al exterior; luego viene el apoyo estatal decisivo con el aumento de la compra de libros con recursos públicos, la creación de líneas de crédito para la producción e importación de libros y el fortalecimiento de las ferias del libro en el ámbito nacional”.

La treintena de personas, entre expositores y oyentes en este debate del tercer día de la feria cruceña, admitió desconocer el Plan Nacional de Fomento a la Lectura —presentado por el Ministerio de Culturas el 23 de abril pasado—, coincidente en muchos puntos con las propuestas entonces lanzadas. “¿Por qué el Ministerio no difunde más sus iniciativas, digamos, para empezar, desde las ferias del libro?”, se preguntaron en el debate.

Este plan nacional tiene seis puntos: institucionalización y financiamiento (con 420.000 bolivianos para este año) de ferias del libro anuales en los nueve departamentos; apoyo a la creación y difusión de archivos del conocimiento y la historia oral de los pueblos originarios; desarrollo de políticas de fomento a la industria del libro (con 200.000 bolivianos para 2009); impulso a la Ley del Libro en el marco de la nueva Constitución; democratizar y estimular la creación literaria incrementando los premios literarios y creando otros; y ampliar, actualizar y vincular el registro de bibliotecas y archivos históricos en todo el país.)

Volviendo a Cortez, su proyecto propone que “una comisión compuesta por representantes de la Cancillería, el Ministerio de Culturas, las cámaras departamentales del libro y las asociaciones de escritores trabaje en medidas y planteamientos de difusión y promoción en ferias, festivales, encuentros y congresos en otros países, y propicie la llegada de literatos y expertos para aprender experiencias y consolidar contactos”.

Mora opinó al respecto: “Si bien es evidente que el Estado debe apoyar en la distribución y promoción de la literatura en otras naciones, es más importante aún lo que puedan hacer las editoriales por sí mismas y, sobre todo, unidas para tener más fuerza y posibilidades en América Latina o Europa”.

“¿Por qué no sacar a sus autores símbolo, a los más sólidos?”, cuestionó la especialista en una interrogante al parecer dirigida sobre todo a los empresarios editores. “Basta que un solo escritor se consolide y se haga conocer —respondió ella— para que arrastre a otros compatriotas”.

El literato orureño Luis “Cachín” Antezana completó la mesa de exposiciones haciendo una analogía con el caso de Franz Kafka, considerado como uno de los genios de la literatura universal del siglo XX, pero que no fue conocido sino hasta después de muerto, gracias a su amigo y albacea Max Brod. “Afuera —dijo— no aprecian en su real medida a la literatura boliviana porque no tienen los suficientes referentes culturales para entenderla”.

No obstante, el propio “Cachín” aclaró que su sentencia aplicable a obras costumbristas, o demasiado contextualizadas política y sociológicamente, deja de ser total en la producción más “urbana y variada” de las últimas décadas.

El autor de Un pajarillo llamado Mané detectó dos grandes impedimentos para exportar con mayor éxito lo que se escribe en el país. “Hay sólo una Carrera de Literatura, la de la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz; sin suficiente reflexión y estudio interno, cómo esperar que esto ocurra afuera; y que ninguna o muy pocas editoriales nacionales tienen contactos o presencia estable en una red internacional de esta industria”.

La publicación de El exilio voluntario y de El futuro no es nuestro, una antología de la mejor narrativa actual de América Latina, por las casas editoras El País y La Hoguera, respectivamente; que traen al país en exclusividad un premio internacional, y una compilación de alta calidad de autores de otra manera inhallables parecen ser iniciativas —aunque aisladas— bien orientadas a subsanar el histórico enclaustramiento de la literatura nacional.

Coediciones internacionales, con el objetivo de fortalecer vínculos
Giovanna Rivero Santa Cruz, narradora y jefa de ediciones de la editorial La Hoguera, habla sobre la antología El futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana, un tomo que recoge 20 relatos de igual número de autores jóvenes de América Latina, incluyendo Camas gemelas, de su autoría.

“‘Importar’ autores tan vigentes, talentosos y prestigiosos como Daniel Alarcón o Lina Meruane —dice Rivero, en referencia a dos de los antologados en ese texto— fortalece los vínculos con sistemas literarios de otros países, inicia amistades o las consolida, permite que el lector boliviano deguste y compare tendencias literarias sin renunciar a su ojo izquierdo; pero sobre todo, nos ‘acostumbra’ a la idea (que mucho la enunciamos, pero no siempre con auténtica fe) de que la literatura boliviana coexiste con la misma calidad con otras literaturas, y de que achicopalarse, pensar que somos un mercado pequeño y de comportamiento imprevisible, no nos lleva a nada”.

“Ya no hay pretextos, tomemos de la globalización lo que nos puede ofrecer. Cambiemos el paradigma. No sólo los escritores tienen vocación universalista, también los lectores. Por eso el gran objetivo, en verdad, es hacer llegar la literatura que se construye en Bolivia a lectores de otros continentes”.

Sin duda, otro importante paso para acentuar la interrelación de autores, editores y lectores bolivianos con sus similares de otros países es la edición exclusiva para Bolivia del Premio Casa de las Américas, la novela El exilio voluntario, del cochabambino Claudio Ferrufino-Coqueugniot. Antes de que se editara en Cuba la edición internacional, Ricardo Serrano, director de la editorial El País, consiguió los derechos especiales. “Aparte del gusto de ver publicada mi obra en el país —dice Ferrufino-Coqueugniot—, creo que es un paso importante para Bolivia. Serrano tuvo el mérito de haber contactado a Casa de las Américas y haberlos convencido de algo que nunca antes hizo”.

“Es una dinámica y excelente manera de concebir el negocio editorial, una punta de lanza que abrirá nuevos campos a los autores nacionales. Con editores así, los escritores pueden ampliar sus horizontes, que ya por el hecho de ser literatos, sin mayores ambiciones empresariales, se les niegan”. “En mi caso, por ejemplo —continúa—, soy completamente nulo para vender (por así decirlo) lo que hago. Tiene que existir una labor conjunta. Los premios son una ventana interesante para sobre todo iniciar a autores en la contienda de escribir. Y, con la profusión de ellos que hay hoy, ¿por qué no intentarlo”.

Fuente: La prensa



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