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El lugar del cuerpo



Rodrigo Hasbún

El lugar del cuerpo
Por: Wilmer Urrelo

Alejandro Zambra no se equivoca. Lo dice claro. Dice: “…amarga y bella novela”. Y así es la más reciente producción de Rodrigo Hasbún, la esperadísima El lugar del cuerpo (Alfaguara, 2009). Ya muchos de nosotros escuchamos del libro. Leímos que se trataba de una gran novela. No una gran primera novela, sino una gran novela. Y si uno tiene la suerte de leerla comprobará que lo que estoy diciendo es cierto. El lugar del cuerpo trata de Elena, una joven cuyo hermano, literalmente, le jode la vida siendo una niña. ¿Qué hace ella? Elena, cuya existencia está en un país indeterminado, un país sin nombre, pero que entre líneas sabemos que es Bolivia y particularmente Cochabamba, usa lo único que tiene a mano para poder alejar esos fantasmas: la literatura. Sin embargo, no los espanta de una buena vez, sino que será un trabajo largo, duro, sin duda amargo. Hasbún tiene la enorme capacidad de crear un lenguaje conciso, perfecto en sí mismo, capaz de desvelarnos un mundo oscuro y lleno de imperfecciones. Y es que el Rodrigo no tiene ni guarda un ápice de conmiseración para sus personajes. Ni para Elena. Cuando leía la novela, les juro, tenía la constante sensación de estar encerrado. Claustrofobia. De que fuera de esas paredes que el autor había creado no existía una salida. O por lo menos no había una salida decorosa. Y que el final (porque todo tiene un fin) es siempre decorativo. Es decir, que el sufrimiento no acaba mientras se esté vivo o viva, como es el caso de Elena.

Otro aspecto importante es la brevedad. ¿Cómo alguien puede recrear una vida tan compleja en tan pocas páginas? ¿Cómo puede escribir toda una biografía dolorosa en un puñado de palabras? Sólo los capos, dirán. Y es cierto, sólo los capos son capaces de hacer tremenda hazaña. Rodrigo sale de esta primera prueba, de este primer examen, como uno de los grandes.

Ya lo había comprobado con Cinco, el primer libro de cuentos editado por Gente Común hace unos años atrás. Pero la diferencia de esta novela con Cinco es abismal. Es un gran salto. Un salto esperado no sólo para Hasbún y su literatura, sino sobre todo para la literatura boliviana. No es una promesa ni una bocanada de aire fresco, como escuchamos decir siempre que se habla de una primera novela. Es una realidad. Una orientación distinta, compleja y exquisita de eso que llamamos nueva literatura boliviana.

El lugar del cuerpo es todo eso. No sólo es novela, sino también vida pura. Esa vida pura a la que siempre le cerramos los ojos.

Fuente: Los Tiempos



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