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Jonás en el siglo XXI.



Jonas y la ballena rosada

Jonás en el siglo XXI.
Por: Juan Pablo Rodríguez

La publicación de la novela de Wolfango Montes en 1986 significó la apertura de la literatura cruceña al modernismo, iniciando así una nueva época. Autores e intelectuales debaten sobre la importancia de su reciente reedición.

Pocas obras literarias adquieren el significado de hitos en la historia, algo así como un antes y un después de su aparición. Son pocas porque lograron reunir elementos que las destacaron entre las demás, y porque vieron la luz en un momento en el que el público no las esperaba, como sucedió con Jonás y la ballena rosada (1986), la novela del escritor cruceño Wolfango Montes, que ganó el Premio Casa de las Américas y catapultó a Montes como uno de los autores más arriesgados de su época.

En la reciente X versión de la Feria Internacional del libro de Santa Cruz, la editorial La Hoguera y Montes lanzaron la reedición del libro y pusieron nuevamente en órbita esta obra, la cual varios lectores, intelectuales y escritores consideran como trascendental en la literatura cruceña y boliviana. Con un texto que sirve de prólogo, Wolfango presenta esta edición de una manera muy particular: trajo consigo a Jonás a este tiempo. El singular protagonista de la novela fue arrancado de la Santa Cruz de mediados de los 80 y fue invitado a dar un paseo por su tierra en la actualidad donde se mostró confundido, mareado y hasta incrédulo con algunos cambios en el país; sin embargo, su adaptación no fue muy difícil, pues era un adelanto de nuestra realidad.

Homero Carvalho resume en cuatro aspectos por qué la novela de Montes es tan importante para la historia de las letras en el país. “La primera, es el haber recibido el Premio Casa de las Américas, porque despertó expectativa en los lectores bolivianos y despertó la curiosidad sobre un autor desconocido. La segunda, el humor; mostró que había una manera diferente de narrar frente a la literatura de carácter político que caracterizaba la década de los 80. La tercera, el narcotráfico; esta novela visibilizó, literariamente hablando, el narcotráfico; lo ridiculizó y lo bajó de su pedestal de intocable. Y el cuarto, la película; creo que la cinta que realizó Juan Carlos Valdivia, basada en la novela, llamó la atención sobre la obra y logró ampliar el público lector de la misma”, explica Carvalho.

Cuatro aspectos que otros autores nacionales también resaltan y fortalecen con más argumentos. “Jonás y la ballena rosada es una novela emblemática, significó una renovación del canon literario boliviano, no sólo por su aire descreído y su posmoderna actitud cínico-melancólica, sino porque efectivamente activa un necesario desplazamiento de los tópicos temáticos y espaciales que hasta entonces predominaban en nuestro país hacia un sujeto en crisis que vive en Santa Cruz y desde ese lugar provoca una revolución sentimental”, explica la escritora Giovanna Rivero. “Es una novela que le da importancia al mundo interior de los personajes en un sitio y en un tiempo (el narcotráfico, la ‘narcociudad’) en los que eso parecía no tener ningún valor, y esto, claro, genera extrañeza. Sólo la extrañeza mueve los espacios creativos”, agrega.

Por su parte, el periodista y escritor Darwin Pinto sostiene que Jonás y la ballena rosada es una ‘novela-metamorfosis’ del pensamiento cruceño. “Rompe el estereotipo de la novela cruceña con temática de campanario, eminentemente rural, porque es una obra que habla de una Santa Cruz ciudad, con sus vicios de ciudad; habla de gente afectada por la urbe. Demuestra que en el pequeñísimo mundo literario cruceño ha habido un paso adelante en la natural evolución del arte, de la artesanía del pensamiento, de las cosas”, señala Pinto.

A su vez, Edmundo Paz Soldán dice que la obra le dio más soltura y menos solemnidad a nuestra literatura. “Yo la leí cuando salió. Recuerdo que en ese entonces me emocionó que se hablara con tanto fervor de una novela contemporánea con humor, desenfado con respecto al sexo e irreverencia. Jonás nos mostró que el espacio dramático de la narrativa boliviana era la ciudad y no el campo o las minas”, expresa Paz Soldán.

El escritor Róger Otero observa que además de darse un fenómeno transformador en la literatura cruceña, también se dio a escala nacional. “Nadie se atrevió a combatir el libro. También ayudó mucho que irrumpiera respaldado por un premio internacional, como el Casa de las Américas, lo cual terminaba siendo motivo de orgullo y destruía cualquier afán por vilipendiarlo”, acota Otero. “Además de un moderno manejo de la lengua, sin más censura que la requerida por el arte de su autor, dio lugar a que surgieran miradas de curiosidad e interés del mundo hacia Bolivia, y de La Paz hacia Santa Cruz, en términos literarios. Hubo voces a favor y en contra. El impuesto de la fama muchas veces es la envidia. Yo soy de los que están a favor, por supuesto, de los que sólo pueden extraer elementos positivos de la obra, por su calidad en muchos sentidos: la solvencia de los personajes, la prolijidad de la trama, el humor bien dosificado, el paralelismo con la realidad, la sutileza para retratar lo crudo y a la vez putrefacto de nuestra sociedad; aquello que muchos se esfuerzan por disfrazar u ocultar”, añade Otero.

Rivero identifica otro elemento del ‘éxito’ de Jonás: la necesidad del lector cruceño por madurar. “Se había gestado un lector urbano que estaba cansado del antiguo costumbrismo, que debía prepararse para cruzar el milenio, que entraba al neoliberalismo sin otra protección que su fascinación por los Estados Unidos y que, por si fuera poco, podía inscribirse tranquilamente en la última parte de la ‘Escuela Hedonista Camba’. El lector cruceño y boliviano estaba listo para recibir a Jonás, lo necesitaba”, afirma la escritora. “No sé cuántos escritores o escritoras se sienten directamente influidos por esta novela en particular, o por la narrativa de Wolfango Montes en general, pero estoy segura de algo: la aparición de esta obra fundó un espacio de libertad creativa, refrescó el género de la novela en Bolivia, liberándolo de rigurosos compromisos morales-políticos, e hizo del humor y el erotismo un tono narrativo delicioso. Leer Jonás y la ballena rosada me despejó un montón de dudas sobre mis propios deseos literarios. Leerla fue un momento de felicidad”, sostiene Rivero.

Entre estos motivos, el poeta Óscar Gutiérrez menciona las características del personaje (Jonás) como otro elemento que influyó en la literatura cruceña. “Wolfango tuvo la virtud de poner como protagonista a un perdedor que usaba la ironía como herramienta de contacto con el mundo (o sea, a alguien común) y no al héroe, prócer o marginal al que nos tenía acostumbrado la novela boliviana. Fue un verdadero soplo de aire fresco”, afirma Gutiérrez. “Apareció en el momento exacto y con el lenguaje preciso”, añade.

Darwin Pinto concuerda con Rivero y Gutiérrez y recuerda cuando un día de 1994 suspendieron las clases de su entonces colegio para efectuar algunas tomas de la película que el director boliviano Juan Carlos Valdivia realizó aquel año. “Yo estaba en el colegio Nacional Florida el día en que pararon las clases para hacer las tomas de la cinta; mis compañeros y yo nos sorprendimos y dijimos: “Esto es algo grande, se puede hacer algo así en esta tierra, que tenía como válidos referentes a René Moreno y Otero Reiche. Uno había brillado muy lejos, el otro sólo aquí, pero Jonás lograba brillar desde aquí, muy lejos. El tema, la trama, la arquitectura narrativa, el estilo, la caracterización de los personajes y el lugar geográfico tan cercano a nosotros, hacen de este libro imprescindible”, relata Pinto.

Todos estos factores, que algunos autores identifican como responsables del valor histórico de Jonás y la ballena rosada, son motivos de celebración por su reedición y su apego a las nuevas generaciones que desconocían el libro. “De lejos es la mejor novela de Wolfango. Muy pocas veces los buenos libros en Bolivia se reeditan, por lo tanto es una ocasión para celebrarlo”, sostiene el escritor Wílmer Urrelo. “Nos muestra más universales que nadie. Es una obra imprescindible para entender el tránsito que ha tenido la literatura cruceña, desde la tradición oral, la serenata con versos encendidos, hasta una prosa, que si bien habla con modismos, es comprendida por cualquier alma”, añade Darwin Pinto. Otero también pondera la reedición de la novela “porque es un libro vigente que merece ser leído por muchas generaciones más”.

Finalmente, Giovanna Rivero no ahorra argumentos para justificar esta nueva aparición de Jonás. “En este momento estamos atravesando una crisis social con características distintas a la de mediados de los 80, pero también con algunos puntos importantes de coincidencia. Si el narcotráfico activó un desmesurado y nada inteligente narcisismo en esa época, amenazando con devorar la individualidad, es probable que otro tipo de hipnotismo esté atentando en este momento de nuevo contra la intimidad, contra la definición de un ‘yo’, con ganas de disentir, de apartarse de toda corriente colectiva. Un buen lector es un mejor re-lector; las sociedades que crecen ejercen el arte de la relectura. Eso, y que la buena literatura debería estar siempre en estantería, es parte de la autoestima cultural de una sociedad”, finaliza Rivero.

Fuente: El Deber



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