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Sobre “El exilio voluntario” de Ferrufino-Coqueugniot, premio Casa de las Américas 2009



El exilio voluntario

Quince razones: Porque me gusta la novela de Claudio Ferrufino
Por: Ricardo Bajo H. (tomado de “Ramona”, suplemento cultural de Opinión de Cochabamba)

1.- Me gusta su ritmo, lo vertiginoso, las frases cortas y punzantes.
2.- Me gusta su humor y su pasión desenfrenada por el sexo, como salvavidas del pobre inmigrante, del inmigrante pobre.
3.- Me gusta sus “sentencias”, sus frases para subrayar y quedarse: “cuando uno no tiene personas, se recurre a la música”, “las putas refugian las penas del inmigrante”, “no somos bolivianos entonces, no somos nada”, “extraño pueblo el nuestro, en apariencia tan nacionalista y tan chaqueteador cuando no debe”, “el viaje de un inmigrante hombre consiste en tres cosas: hambre, sexo y trabajo”…
4.- Me gusta porque me devuelve y recuerda a las columnas de Claudio en los suplementos culturales, de alguna u otra manera.
5.- Me gustan sus odios y sus amores, los de Carlos Flores, los de Claudio Ferrufino-Coqueugniot, contra Clancy y Bush, contra los gringos pelotudos y los bolivianos más pelotudos por copiones y provincianos, por “estar” a favor de los negros compañeros de laburo, de los cuates, de las nostalgias de calles y pueblos lejanos y sus olores. Por sus añoranzas de Cochabamba, de La Paz, de Punata y Cliza. Y de las peleas en la plazas vallunas.
6.- Me gusta por la nostalgia que rezuma (que siento yo como exiliado voluntario también).
7.- Me gusta su voz, su lenguaje (lleno de malas-buenas palabras), su latinoamericanismo total, inclusivo, de cultura común y su feroz antiamericanismo-imperialista que declina. Su cosmopolitismo con amor a lo provinciano, a la aldea global, mas aldea y más global que nunca.
8.-. Me gustan sus referencias de ametralladora, sus guiños de cinéfilo, de amante de la música (de Neil Young a Dylan, de los Stones a los Beatles, de Totó la momposina a los irlandeses y kurdos), de los parques y los museos.
9.- Me gustan sus historias de putas, no tristes, sino ladronas, sus alcoholes confraternizadores, sus desarraigos, su creencia en la fraternidad obrera y en la amistad, su desnudo de lo mejor y lo peor del hombre y sus circunstancias.
10.- Me gusta esa mezcla particular de crónica, testimonio, ficción, periodismo y ensayo.
11.- Me gusta su tristeza de blues o de bossa nova, su rabia contra la máquina de coro punkie, su alegría y alboroto de boliche rockero. Su cadencia de cueca de exilio sufrido y triunfador.
12.- Me gusta porque como Richard Serra rescata arte de lo rudo, del laburo deshumanizador, de la tragedia, del duro batallar, de la inmundicia espiritual “de los bolivianos de virginia”, mezquinos y envidiosos. Y copiones de lo peor, de lo más bajo de las subculturas gringas. Me gusta porque traza un retrato íntimo de la inmigración, sin miserabilismo, sin mirar con pena, sin enaltecer al inmigrante sufrido por el mero hecho de serlo, sin glorificar. Como hacen otros porque es políticamente correcto y “onegero”.
13.- Me gusta también ver asomado el “yo” verdadero del narrador, lleno de humor, sarcasmo e ironía, como toda la novela, cuando dice “me asombra que mi novela derive constantemente en el asunto pero parece que la vida transcurre así, un saludo y a darle que el mundo se acaba”. O cuando dice: “Continúa la guerra. En Bolivia reina Evo Morales. La derecha se enloquece y juega a la democracia. Llega el momento en que la novela deja de ser newsreel y va a dedicarse en pleno a la literatura”. O “Ya ni cuento lo que ocurrió en Irak. En tres años de novela lo único que consiguió George Bush es que me desinteresara del asunto. Baño de sangre, muladar de cuerpos descompuestos”.
14.- Me gusta “ver” a Miller (tanto sexo) y a Bukowski (tanto insulto y “malapalabro” en inglés y castellano en una combinación que no queda ridículo o de pose, como hacen otros) y a tantos otros escritores, músicos, artistas, pensadores más, escondidos.
15.- Y me gusta sobretodo porque cada página que avanza la novela se pone más buena. Y porque normalmente me pasa al revés, el entusiasmo me suele durar hasta la página 30.

Fuente: Ecdótica



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