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Tengo miedo torero del chileno Pedro Lemebel



Tengo miedo torero

La polifonía de Lemebel
Por: Magdalena González Almada

Tengo miedo torero del chileno Pedro Lemebel es al mismo tiempo y al unísono narrativa erótica gay, narrativa de la dictadura, análisis psicológico de los personajes, pluralidad de discursos, pluralidad de narradores. Novela que aflora a la luz de la música, del escándalo sexual y político, del descaro y la desfachatez de la inocencia; novela sin límites, abierta y verborrágica, que observa la realidad con optimismo pero desde un punto de vista inconmoviblemente crítico. Novela de la dictadura, pero no con el patetismo de ella. Una obra que no fue fundada desde el canon, sino desde el exceso, trascendiendo las categorías de lo clandestino. La Loca del Frente es mucho más que un travesti enamorado del joven Carlos, militante subversivo; el romance de ambos se teje como las telarañas que tejen las manos tarántulas, se entreteje la narración incorporando el punto de vista del Dictador, se teje el anhelo y se teje la música, que acompaña a los personajes imperecedera, imperturbable, frente a los escamoteos de la vida rústica y apagada de aquellos que viven al compás de la ley, sin escándalos.

Profusión de adjetivos, pluralidad de discursos; partes integrantes que conforman una novela polifónica. Hablan, cantan los personajes que vienen del más allá de los barrios populares, el más acá del encopetamiento de las señoras “bien”, esposas de militares que viven en sus ghetos y se hacen mimar con telas importadas y bordados de telarañas: A sus ojos de loca hilandera, el albo lienzo era la sábana violácea de un crimen, la mortaja empapada de patria donde naufragaban sus pájaros y angelitos (1). Señoras que disimulan lo evidente del travesti pintarrajeado que taconea en las calles, haciendo sonar sus pasos con un zapateo de cenicienta habilidosa en las artes del bordado. Encuentro que da cuenta de la ficción, el enmascaramiento, las voces escondidas, susurrantes, que callan el escándalo o el horror frente a la diferencia o la manifestación más exacta de la individualidad.

¿Por qué había actuado así? ¿Por qué le bajó ese soponcio de loca que tal vez la había hecho perder a su mejor clienta? A la señora Catita, que se iba a poner furia con él por no haberle entregado el mantel. ¡Bah!, vieja de mierda. ¿Qué se cree que una la va a esperar toda la tarde porque ella está atendiendo a sus amigas milicas? ¿Qué se cree que una es china de ella? Todo porque tiene plata y es la mujer de un general. Uno también tiene su dignidad, y como dice Carlos: Todos los seres humanos somos iguales y merecemos respeto. Y apretando el paquete del mantel bajo el brazo, sintió nuevamente y por segunda vez en ese día una oleada de dignidad que le hacía levantar la cabeza, y mirarlo todo al mismo nivel de sus murciélagos ojos (2).

Lemebel es el autor de la ilusión, del escándalo, de lo soñado para Chile. Del discurso de lo esquizofrénico evocativo, de lo imaginado que atrae, que condensa, como el sudor de los amantes, como el vaho de la borrachera, como la risa de quienes saben y no del final de su destino. Juguetones, traviesos son sus personajes, aún ese Dictador hosco y abúlico que se manifiesta como un ignorante del mundo que lo rodea (por suerte Dios y la Virgen del Carmen habían apoyado su histórico gesto, y ahora Chile era una nación ordenada y fértil como lo mostraba el paisaje florido que pasaba por la ventana del auto) (3), una mole insensible, llena de odio que exuda un temor final hacia aquello que no puede manipular.

Tengo miedo torero, verso de canción hecho novela, deja volar sus lamentos entre risas escondidas en los atardeceres del Chile transgresor. Pedro Lemebel, su hacedor, es el pájaro que se extravía en los espacios liminares, allí donde escasea la luz, donde se despierta el alma dormida.

Notas

(1) LEMEBEL, Pedro: Tengo miedo torero, Planeta, Santiago, 2007, pág. 65.
(2) Ibídem, pág. 66. El subrayado es mío.
(3) Ibídem, pág. 134.

Fuente: Ecdótica



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