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Cuentos en el exilio, nuevo libro de Víctor Montoya




Cuentos en el exilio, nuevo libro de Víctor Montoya
Por Julio Brehaut (*) julio@isp.su.se

Una muy buena parte de la literatura hispanoamericana publicada desde el exilio es, con toda seguridad, de gran calidad estética que merecería una mirada más atenta de la crítica literaria. ¿Podríamos, sin embargo, referirnos a un tipo de literatura específica, un corpus literario que, debido a ciertas particularidades peculiares, se diferencia de la literatura escrita al interior de los países? Sospechamos que no. Y esto porque la tarea, sin duda alguna, resulta ardua y enrevesada, ya que se trata de un grupo considerable de escritores dispersos por todo el mundo. Si no es sencillo identificar quiénes integrarían esta tradición literaria, mucho más complicado aún si se intentara trazar ciertos rasgos comunes que caractericen a esta heterogénea producción literaria (como, por ejemplo, los temáticos y estilísticos). Recordemos si no la laboriosa experiencia de la crítica española en su afán por organizar un estudio sistemático sobre la literatura producida en el exilio durante la dictadura de Franco. Más allá, sin embargo, de lo problemático que resulte referirnos a una literatura del exilio, conviene hablar, como dijo el escritor Francisco Ayala, del escritor exiliado y de la experiencia del exilio.

Víctor Montoya, nacido en Bolivia, ha escrito casi la totalidad de su obra, hasta hoy, en Suecia, país donde se vio forzado a exiliarse en 1977, luego de haber sufrido cárcel y tortura durante la dictadura militar de Hugo Banzer. La extensa producción narrativa de este autor boliviano, que va desde la novela, el cuento, el ensayo y la crónica periodística, es un importante testimonio de la experiencia que les tocó vivir a los exiliados sudamericanos en espacios geográficos nuevos. Un magnífico ejemplo de ello es la selección de sus Cuentos en el exilio, publicada recientemente por la editorial canaria Baile de Sol. Esta obra reúne cuarenta relatos breves, predominantemente de corte fantástico y variada temática.

El universo ficcional que nos ofrece Montoya, en esta selección de cuentos, tiene sus raíces en la literatura fantástica en la que se distingue un notable influjo de los maestros del género fantástico breve, como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Augusto Monterroso. Y esto porque el narrador boliviano, al igual que sus similares, nos entrega una realidad fascinante en la que el elemento fantástico puede emerger en cualquier momento o estar en todas partes gracias al estado de la ensoñación.

Con el cuento “El revólver”, Víctor Montoya inaugura esta compilación y, de partida, nos introduce en un mundo sugestivo trayendo a la memoria el “único recuerdo” (p.7) que el narrador-personaje guarda de su adolescencia: su entrañable relación con el revólver Colt, calibre 38. Este primer relato posee además ciertos elementos de contenido y estilo que van a ser dominantes en toda la obra. Por un lado, se puede deducir que el tema central en torno al cual se desarrolla este primer relato se irá proyectando con mucha nitidez a lo largo de las otras historias que componen el libro. Nos referimos al tema de la culpa, el cual se revela tanto como la imputación a alguien de ser causante de un determinado hecho, así como un tipo particular de sufrimiento, dolor y angustia provocados por la conciencia. Así, por ejemplo, en el segundo cuento de esta selección, “Yo maté al Che”, Víctor Montoya reconstruye la historia del asesinato del guerrillero argentino a través de la voz del que fue su ejecutor. Más que una anécdota, este relato es un acto de desgarramiento confesional en el que el asesino expresa su frustración y culpa por tamaño error. Algo singular en este cuento es el hecho que la imagen del Che Guevara adquiere dimensiones de alegoría, ya que su propio asesino confiesa “haber disparado contra la inmortalidad” (p.11). Este último aspecto es sintomático, ya que el autor recurre a menudo, a lo largo del libro, a símbolos, imágenes y alegorías para tratar una serie de temas. De tal manera que el lector que recorra por las páginas de esta obra no sólo disfrutará de exquisitas y singulares historias, sino que también tendrá la posibilidad de “cargar” el texto de diversos significados. Así como en estos dos primeros cuentos de la selección, Víctor Montoya vuelve más adelante a la idea del sentimiento de culpa en los cuentos “El sicario”, “El colono”, “Galeano en el sueño”, entre otros. Si bien el tema de la culpa es el eje vertebrador de esta obra, otros temas centrales, que comprende Cuentos en el exilio, son la libertad, la perversidad y la locura; esta última, acaso, una variante del tema de la libertad. Un aspecto a destacar, en el plano estilístico, es la predominancia en casi toda la obra del uso de una voz narrativa autodiegética. La elección de esta actitud narrativa creemos le da a las historias un tono confidencial y de testimonio.

Como se puede deducir de los títulos de algunos de los cuentos mencionados, Montoya construye sus historias recurriendo, en ocasiones, a personajes emblemáticos de la historia latinoamericana, como es el caso del Che Guevara, Simón Bolívar y el escritor contemporáneo Eduardo Galeano, o echando mano de alegorías que pertenecen al imaginario judeocristiano como es el diablo (que aparece en los cuentos “La veleta del diablo”, “Con el diablo” y “El mago de la botella”) como entidad que encarna el mal y los bajos instintos. Habría que agregar que el diablo, personificado en el tío de la mina, es una figura recurrente en toda la obra de este narrador boliviano.

Un aspecto que llama la atención, cuando hacemos una revisión del conjunto de historias que constituyen Cuentos en el exilio, es el hecho de que la mayoría de las tramas se desarrollan en espacios oníricos. La razón de la utilización de este recurso técnico tiene que ver con la intención que tiene el autor de mostrar las zonas más oscuras de la esencia humana. En el sueño, decía C.G. Jung, penetramos en el hombre más profundo, más universal, más verdadero, más eterno. Lo singular de las historias del libro de Montoya es que a menudo, la representación del mundo onírico funciona como un refugio en el que los personajes intentan encontrar sentido a la vida a través de la liberación de sus angustias, temores y culpas. Así sucede, por ejemplo, en los cuentos “La riada” y “Los caballos”, en los que el temor por la muerte adquiere dimensiones alegóricas. De la misma manera, en “El sicario” y los otros cuentos que llevan el título de “Pesadilla I, II, III y IV”, el autor vuelve al mundo de los sueños, esta vez ligado al tema de la culpa. Si bien en los relatos mencionados antes, las fronteras entre realidad y fantasía, o mundo de la vigilia y onírico, están delimitadas claramente, no es el caso de los cuentos “La lagartija” y “El tigre de bengala”, pues en éstos los dos estados de la conciencia tienden a diluirse para coexistir en un todo continuo. Este mismo ambiente sigue predominando en “Alicia en el país del sueño”, por cierto, una exquisita lectura de la obra clásica de Lewis Carroll, y, en nuestra opinión, el cuento mejor logrado estéticamente en relación con el conjunto de la obra. Es, precisamente, en las historias de corte fantástico en las que Víctor Montoya logra mejores resultados estéticos, demostrando de esta manera una amplia madurez en el dominio de las técnicas narrativas.

El conjunto de esta obra configura un mundo dominado por hechos inexplicables, la fantasía y el ensueño, pero también por estampas realistas. Éste es el caso de los últimos seis relatos de Cuentos en el exilio, en los que el autor explora el país de acogida, Suecia. El clima de misterio y ambigüedad, que dominaba hasta aquí en la obra, da paso, de esta manera, a un conjunto de anécdotas en donde la realidad representada está exenta del elemento fantástico. Así, el autor nos relata el primer contacto con el exilio, y el tránsito desde una visión idealizada de Suecia hasta otra más madura, atenta a los problemas sociales y choques culturales.

No podemos dejar de reconocer, finalmente, otros aspectos relacionados con la calidad estética de esta obra que hacen de ella una lectura imprescindible. Víctor Montoya nos ofrece con sus relatos, no solamente una valiosa reflexión crítica sobre temas fundamentales del individuo y la colectividad, sino además un conjunto de singulares tramas: concisas pero con gran capacidad de estimular la atención del lector de principio a fin, un uso adecuado de la descripción y un lenguaje muy cuidado y expresivo.

* Julio Brehaut es escritor peruano e investigador en el Departamento de Español, Portugués y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Estocolmo.

Fuente: Ecdótica



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