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Adolfo Costa Du Rels y El embrujo del oro




Labios dulces
Por: Mauricio Rodríguez Medrano

Con más dudas que certezas, sobre un amor casi correspondido, llegué a Oruro. Las laderas tenían rastros de un diluvio bíblico. El agua rebalsaba a los extremos de la carretera y las casas como islas parecían espejismos. Una hora después de salir de la Terminal, y cerca de la plaza 10 de febrero lo vi: El embrujo del oro, de Adolfo Costa Du Rels.

Nacido en Sucre y formado en universidades francesas, Adolfo Costa Du Rels, escribió teatro, ensayo, novela y cuento. También ejerció la política, y vaya a saber Dios, el mismo que es incomprendido en el andes, si conoció a Claudina Sosa, la mujer de labios dulces que le serviría para escribir uno de los 10 mejores cuentos de Bolivia.

La Miskki Simi (La de la boca dulce) es un cuento que está inserto en el compendio de El embrujo del oro, libro que fue editado en 1943 y que su edición está agotada en La Paz, pero en las calles mineras de Oruro, todavía se la puede encontrar, tras un vidrio empolvado de librería: la tapa negra, como debería ser el oro, da cuenta de todo hombre que se atrevió a vivir y morir por aquel mineral.

De La Miskki Simi se conocen tres versiones, al igual que de su personaje: Claudina. Ya Jaime Mendoza la había descrito en su libro En las tierras del Potosí, también Carlos Medinacelli en La Chaskañawi. Mujer de labios dulces, brava como las tierras altiplánicas, enloqueció a todo hombre. Tal vez era una nota perdida del canto de las sirenas.

Varios trompetistas caminaban por la acera de enfrente. Tocaban una diablada y algunos extranjeros sacaban fotografías. El embrujo del oro tenía un precio: 20 bolivianos. Adolfo Costa Du Rels también debió caminar esas calles, muchos años antes, también para escapar de los tormentos de la memoria y del desamor.

La Miskki Simi es un cuento minero, que se desarrolla entre cuecas y los sonidos espectrales de trenes oxidados, que aún en la actualidad salen de la Estación hacia Uyuni. Y Oruro parece haber dejado de recorrer el tiempo y mantenerse en un pasado eterno. Todavía tiene las mismas construcciones de viviendas inglesas en las calles.

Toda mujer guarda una furia de tormenta en su interior. Claudina muy bien sabía cómo utilizarla. Adolfo Costa Du Rels como escritor, capturó el calor y la seducción de aquel cuerpo y lo transformó en palabra.

Antes de regresar a La Paz, yo tenía una carta en la mano que debía entregarla. No sé si había cundido al embrujo de una ciudad minera o a los azares de un amor inseguro. Ella se acercó hacia la plaza. Tenía una leve sonrisa y los labios carnosos de los que me enamoré. En sus ojos también había incertidumbre. Parecían haber llorado. Todavía no tenía una respuesta.

Fuente: Ecdótica



8 Respuestas »

  1. He encontrado en Mercado Libre http://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-59976489-el-embrujo-del-oro-adolfo-costa-du-rels-_JM una edición de Adolfo Costa Du Rels de El embrujo del Oro en cincuenta dólares. Por si le interesa a alguien.

  2. Mauricio Rodríguez Medrano dice:

    Y sino que se den un paseo por Oruro que todavía hay ejemplares a 20 Bs.

  3. Ivan Perez dice:

    me gustaria saber si la edicion encontrada por mauricio es la de los amigos del libro? entiendo que de estas aun se pueden encontrar ejemplares. otra cosa, compro mauricio la edicion en oruro o la vio nomas, no queda claro en la nota. no entendi la parte final de la historia. todavia no tenia una respuesta? es un juego con el cuento de costa du rels?

  4. Mauricio Rodríguez Medrano dice:

    Iván, la edición es Gisbert y sí, la compré aunque quedan todavía ejemplares en Oruro. Sobre, el final es una experiencia propia (sobre un amor casi correspondido), también parte del final del cuento.

  5. Luis Carlos Sanabria dice:

    Muy buena Mauri! la anecdota mas la nota hallaron un equilibrio muy comodo!
    buscaré el libro.

  6. […] (incluso cuatro, con la breve novela de José S. de Oteiza recientemente reeditada) Jaime Mendoza, Adolfo Costa Du Rels y Carlos Medinaceli, utilizaron el mismo nombre, Claudina, para sus personajes […]

  7. […] Adolfo Costa Du Rels escribió sobre Prudencio y la generación de intelectuales sucrenses, a la que ambos pertenecieron, un texto –recargado como suelen ser los suyos– en el que reconstruye vívidamente el ambiente enternecedor, mezcla a partes iguales de mojigatería, ingenuidad e ínfulas, de Sucre durante la segunda década del siglo XX, así como la vida que sería heroica, si no fuera también provinciana y patética, de sus intelectuales. Decir “intelectuales” es ya decir “insatisfechos”, puesto que en Bolivia casi nadie que toma la pluma deja de sentirse un predicador en tierra de infieles, rodeado por filisteos que solo piensan en el yantar y no leen ni reflexionan y, por tanto, no para de desesperarse, de enajenarse del medio y de enojarse contra los que lo rodean. El ejemplo por antonomasia lo constituye el susodicho Medinaceli, autor talentoso pero depresivo, pesimista y autodestructivo. […]

  8. […] “Claudina”, esto es: En las tierras del Potosí, de Jaime Mendoza, La Miskki Simi, de Adolfo Costa du Rels, y La Chaskañawi, de Carlos Medinaceli, aunque esta última novela sólo la conocerá el público […]

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