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Giovanna Rivero entre niñas y detectives




Niñas y detectives. Y otros cuentos con sangre dulce de Giovanna Rivero
Por: Veronica Saunero-Ward

Niñas y detectives es un muestrario de lo mejor de la cuentística de la escritora boliviana Giovanna Rivero. La suya es una literatura que va más allá de las preocupaciones de género y sexo para indagar en el universo del inconsciente. Los catorce cuentos recogidos en esta colección se declaran en un ámbito que transgrede la cotidianeidad, van más allá de lo mimético y habitan en el espacio de lo fantástico. La formulación de los aspectos formales y temáticos de la literatura fantástica se determina a través de la búsqueda inútil de aquel lenguaje que articule el deseo que nace en el inconsciente. Los relatos de Giovanna narran ese deseo que, a través de la fantasía, se sexualiza revelándose en la agresión narcisista suicida y la obsesión. Buscan la anulación de toda barrera que identifique, que diferencie, que discrimine; representan el eterno e irreducible deseo del sujeto de llegar al cero absoluto. La violencia como la feroz transgresión de los tabúes sociales es el medio. Estamos hablando de aquellas vulneraciones a las estructuras simbólicas como la virginidad, la violación, el incesto, la mutilación, el asesinato y el suicidio.

El erotismo es, en muchos de los casos, la estrategia retórica que conlleva la fantasía. Estos cuentos exploran el imaginario erótico masculino abarcando la sexualización de la vida y de la muerte, la fantasía de la mujer sexualmente agresiva que aterroriza al hombre al mismo tiempo que lo seduce o la del encuentro sexual anónimo. En “Medusa” una esposa despechada se venga de la amante de su esposo haciéndole cortar al rape la hermosa caballera negra que había seducido a su marido. La amenaza de castración queda presente en las tijeras. En “Así nena” una muchacha hace realidad su fantasía sexual, vengándose así de su novio quien la sometía al sadismo de sus propias fantasías. “Honorarios” reúne al hombre física y psicológicamente repugnante y a la modelo bellísima quien se ofrece para una felación. Irónicamente, la fantasía masculina donde la mujer es el objeto que hace posible la misma, se convierte, en la pluma hábil de Rivero, en un estudio del deseo femenino.

“Lili llorando” y “Perro callejero” examinan la ficción que elabora la complicidad de la mujer en su propia violación como también ese umbral nebuloso entre el placer y el dolor, entre la vida y la muerte. En “Lili llorando”, la protagonista, una joven colegiala, trata de denunciar su violación en vano. Por un lado, tiene de frente al policía morboso que si bien no hace del todo evidente su escepticismo al escuchar su relato, mina la trascendencia del ataque y apunta al placer que Lili pudo experimentar con su violador, especialmente por ser su primera experiencia sexual. Como contrapunto a esta nueva agresión por parte del policía, a Lili se le agolpan en la mente los chistes vulgares sobre violaciones contados por su compañero de curso cuyo fin es el de menoscabar el horror de esta experiencia.

En “Perro callejero”, la fantasía de la ficción deshumaniza al violador quien se metamorfosea en lobo con todas las connotaciones que trae en sí. La protagonista no acude a la policía, sabe cuáles son los prejuicios. Sopesa las consecuencias de denunciar al perpetrador o de persuadirse a sí misma de su participación voluntaria en la violación. Opta por el silencio y desarrolla como Lily “una ficción íntima” y dice, “sólo queda revertir los sentimientos, mover, sus ángulos hasta que el brillo invada sus partes oscuras y el pecado se convierta en tentación, y el castigo en destino y el deseo en esperanza” ( ). Sin embargo, muy al estilo de Rivero, la lectura inequívoca que se espera de este relato es saboteada cuando la mujer se transfigura en loba durante la violación.

El suicidio y la auto-mutilación como ejemplos extremos de la agresividad narcisista se ilustran en “Olas de satén” y “Camas gemelas”, y el incesto, como la transgresión más flagrante de las normas sociosimbólicas, se sugiere en “Sangre dulce” y en “Dueños de la arena”. Este último con “Contraluna” y “Perras y soldaditos” representan lo mejor de la fina artesanía narrativa de la escritora boliviana. Estos relatos gozan de una complejidad temática que desafía simples interpretaciones. El lenguaje es económico, cargado de un erotismo velado pero intenso y la presencia constante y ubicua de la violencia provoca emociones encontradas en el lector.

“Dueños de la arena” cuenta la historia de dos primos que se encuentran y rememoran la época en que de niños eran inseparables inventando juegos, amagos de la atracción sexual que los unía y cuyas consecuencias desencadenan una serie de eventos que los marca de por vida. El cuento “Contraluna” que ya desde el título embarca al lector en una otredad inaccesible, trata de un biólogo enajenado que, preso de la pulsión de muerte, va en busca del antídoto a las feromonas femeninas para librarse del deseo que lo consume. La selva, el escenario donde se desenvuelve la historia, refleja el estado de continuo caos que se transmite al lector a través del discurso delirante del narrador. Pero la protagonista del cuento es la mulata de ojos amarillos, Contraluna, una personificación de Lilith, la primera mujer de Adán y símbolo de la sexualidad oscura que seduce y atrapa al hombre y que habita en las esferas de lo fantástico y lo sobrenatural. “Perras y soldaditos” trata el tema de la política, raramente presente en la obra de Giovanna. Las consecuencias de vivir dentro de un sistema donde la práctica del terror garantiza el dominio político y la degradación del individuo se ven plasmadas en el relato de una niña sobre su perra Yerka que se comió a sus cachorros.

Los dos últimos relatos de la colección, “Noche” y “Tucson más noche” son extractos de la novela Tukzon (2008) y ejemplifican las nuevas tendencias en la narrativa de la escritora boliviana. El erotismo, siempre presente en su narrativa, asume una posición secundaria. En estos relatos, la fantasía del placer y la relación entre deseo y muerte ahora tienen como vehículo la retórica de la ficción noi, específicamente del noir femenino, aunque algunos de sus rasgos ya se aprecian en “Medusa” y “Así nena”. Las características del noir: el hurgar en el lado oscuro de la psiquis humana, el personaje marginado ahora femenino, prisionera de sus deseos y de la pulsión de muerte, los temas de la obsesión, la tentación, el deseo y la codicia, y la presencia constante de la violencia se ajustan maravillosamente a la obra de Giovanna Rivero. Sin lugar a dudas, Niñas y detectives logra el cometido que toda antología se impone: ha seleccionado los textos que mejor ejemplifican la calidad del lenguaje narrativo de esta escritora boliviana.

Para leer algunos de los cuentos mencionados y que se encuentran en Sangre Dulce pulse aquí

Fuente: Ecdótica y Google



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