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Miguel Delibes




Miguel Delibes
Por: Pedro Shimose

Así sea de oídas, muchos bolivianos saben quién es Miguel Delibes (Valladolid, 17/10/1920 – ídem, 12/03/2010). Delibes acaba de morir en su ciudad natal, casi nonagenario. Escritor, periodista, abogado, perito comercial y dibujante, publicó 61 libros. Desde La sombra del ciprés es alargada (1947, Premio Nadal 1948) hasta El hereje (1998), escribió novelas perdurables como El camino (1950), Diario de un cazador (1955), La hoja roja (1959), Las ratas (1962), Cinco horas con Mario (1966), Los santos inocentes (1981), Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso (1983) y Señora de rojo sobre fondo gris (1991). Seis novelas suyas fueron llevadas al cine (el cineasta Mario Camus dirigió, en 1984, una magnífica versión de Los santos inocentes). Parábola del náufrago (1969), novela de corte kafkiano que a mí me gusta, es caso aparte. Novela atípica en la bibliografía de este autor caracterizado por su prosa llana, de corte coloquial. Parábola del náufrago cierra un proceso experimental de su técnica narrativa que empieza en Diario de un cazador y se depura, finalmente, en Cinco horas con Mario (1967).

Escribió una crónica de viaje –Un novelista descubre América. Chile en el ojo ajeno (1956)– y una novela –Diario de un emigrante (1957)– situada en Chile. Aunque advirtió no estar “impuesto en eso”, su conocimiento de la literatura hispanoamericana fue amplio y su opinión, generosa. Declaró su entusiasmo por Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez y Rulfo, y su admiración por Borges y Carpentier. Dijo que García Márquez era “el mejor heredero del sentido del humor de la literatura castellana clásica… en Márquez están los cultivadores de la picaresca y Cervantes y Quevedo”. Eso dijo hace 40 años.

Desde 1950, Delibes hizo profesión de fe ecologista. En su discurso de ingreso en la Real Academia Española, titulado El sentido del progreso desde mi obra (1975), se declaró defensor de un ecologismo humanista: “El verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo (…) sino en racionalizar la utilización de la técnica, facilitar el acceso de toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en crisis, y establecer las relaciones hombre-naturaleza en un plano de concordia”. Con posterioridad amplió estas ideas en Un mundo que agoniza (1979).

Otra de sus pasiones fue el fútbol. En su libro El otro fútbol (1982) se opone al antifútbol, al fútbol defensivo, al ‘catenaccio’ de Arrigo Sacchi y su técnica del cerrojo y aboga por el fútbol ofensivo, creativo, artístico, como el que practica hoy el Barcelona de Guardiola. El tiempo le ha dado la razón en muchas cosas.
El autor de El hereje era un hombre apacible, austero, generoso y honesto. Se negó a concursar al premio Planeta de novela, porque estaba amañado, según denunció él mismo. “Debe premiarse a los escritores jóvenes”, declaró a la prensa, entonces. Tampoco transigió con la censura franquista y luchó, desde la dirección del diario vallisoletano El Norte de Castilla, por la libre expresión de las ideas.
En los funerales, una señora depositó sobre el féretro del escritor tres bellotas porque, dijo, “Delibes era como una encina castellana”.

Fuente: El Deber



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