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La Ítaca que imaginamos no siempre es la que encontramos




La Ítaca de los migrantes
Por: Mauricio Rodríguez Medrano

Un hombre intenta regresar a su patria después de veinte años. Fue parte de una guerra que bien pudo ser en Irak, en Congo, en Zimbawe (bajo el régimen del dictador Mugabe) o una guerra remota, antigua que sólo se recuerda al pie de una fogata en los cantos de los beneméritos y de poetas. El hombre se llama Ulises, su historia La odisea.

El “Teatro de los Andes” puso en escena este poema de Homero. Inició el Festival Internacional de Teatro (Fitaz) celebrado en la ciudad de La Paz. Dos noches, dos viajes, entradas agotadas, personas haciendo fila desde las 18.30, las luces se apagaron, la obra comenzó.

Ulises en las playas de la isla de la diosa Calipso recuerda a su patria. Al fondo del escenario hay cortinas de bambú. Calipso acaricia el rostro de Ulises. Los acordes de una cítara o guitarra se escuchan a lo lejos. Recuerda la Grecia de Zorba el griego, la Grecia de casas blancas a las orillas del mar, aquella Grecia de postales.

César Brie, el fundador del “Teatro de los Andes”, abandonó su casa. En una de sus últimas entrevistas se lo veía triste y pensativo, como si sus ojos buscaran, más allá del teatro, una respuesta, un viaje que continuar. A pesar de ello, la compañía de teatro, puso en escena una de sus obras, tal vez como homenaje, tal vez para recordarle que su patria (aunque nació en Argentina se considera boliviano) siempre lo estará esperando.

Telémaco busca a su padre. Es aconsejado por Atenea, la diosa vestida como la esposa de Kirchner (todos los dioses están vestidos como se visten las personas de la clase alta argentina), le aconseja buscarlo en otras islas, otras ciudades. Telémaco en su viaje encuentra los resabios de la guerra: una clínica que parece un infierno de mutilados y de locos que recuerdan las batallas, a los hijos muertos.

Ítaca podría ser cualquier nación en dónde los hombres deben emigrar para poder trabajar. Salen de su patria para cumplir el sueño americano, el sueño europeo, el sueño del emigrante que llora al escuchar Viva mi patria Bolivia. El viaje es largo: varios Ulises deben recorrer las tierras hasta la frontera americana, deben soportar el hambre, el perder la identidad, la muerte de muchos de ellos en ese intento.

Y Ulises regresa a su patria. Regresa cambiado, viejo, pobre, sucio, harapiento. Regresa al lado de su esposa que al principio no le reconoce, al lado de su hijo que apenas recuerda su rostro. Regresa para ver a su padre, semidesnudo, casi muerto, hilando lana de oveja bajo un árbol. Regresa con los sueños rotos, pero con la certeza de que su tierra, la que lo vio nacer, siempre estará allí. Ítaca pude ser cualquier ciudad de Bolivia, pero sobre todo, cualquier ciudad de aquel emigrante latino que buscó sueños y encontró pesadillas en Norteamérica o Europa. Se cierra el telón.

Fuente: Ecdótica



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