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Muere Alan Sillitoe el autor de La soledad del corredor de fondo




Libros con rabia
Por: Miqui Otero

“Nada más llegar al reformatorio me hicieron corredor de fondo de campo a través ( … ) No me importó demasiado, porque correr ha sido algo que en nuestra familia se ha hecho mucho, en especial correr para escapar de la policía”.

El autor de La soledad del corredor de fondo, Alan Sillitoe, fallecía ayer en el hospital londinense de Charing Cross a los 82 años. Autodidacta e hijo de un padre analfabeto, sus humildes orígenes sólo acentuaron una conciencia de clase que canalizó con obras rabiosas, que lo convirtieron en uno de los novelistas más emblemáticos de la Gran Bretaña de posguerra. Una fama obtenida también gracias a las adaptaciones al cine de sus obras.

Sillitoe empezó la carrera en la última fila. Nacido en Nottingham (Inglaterra), dejó los estudios a los 14 años, trabajó en una fábrica de bicicletas e ingresó en la Real Fuerza Aérea con un carné falso. En la guerra contrajo una tuberculosis que lo llevó al clima de Mallorca. Allí descubrió su pasión por los libros y una escritura directa.

Su ideología le hizo rechazar premios literarios. Pasará a la historia por retratar esa Inglaterra gris previa a la explosión tecnicolor de los sesenta.

PALABRASSILENCIADAS — 13 de febrero de 2010 — Drama. Free Cinema / SINOPSIS: Colin Smith es un joven de clase obrera que vive en los alrededores de Nottingham. Un día, comete un robo en una panadería y es enviado a un reformatorio, donde cumplirá condena. Una vez allí, empieza a correr y, gracias a sus cualidades como corredor de fondo, va ganando puestos en la institución penitenciaria. Durante sus entrenamientos, piensa en su vida anterior y empieza a ver que la situación actual en la que se encuentra es privilegiada.

En los años sesenta el Free Cinema inglés, al igual que la Nouvelle Vague, retrató a menudo la juventud de su época, centrándose especialmente en sus elementos más conflictivos, su relación con una sociedad que detestaban, y los métodos educativos, represivos y obsoletos, con los que ésta intentaba reeducarlos. Tres años más tarde que “Los 400 golpes”, del francés Truffaut, pero seis antes de “If…”, de su compatriota Anderson, Richardson dirigía esta excelente obra, en la que un joven internado en un reformatorio desahoga su frustración y rabia corriendo. La magnífica interpretación de Courtenay, el inteligente intercalado de flash-backs para contar la vida anterior del protagonista, y la contundente dirección de Richardson (a pesar de algunos recursos, muy de la época, poco afortunados: el uso de la cámara rápida, esas cortinillas en estrella, alguna estridencia musical al final… todos por fortuna anecdóticos) se quedan en la retina. El final, sencillamente impecable.

Fuente: http://www.adn.es y youtube



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