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Cómo se hizo “Gritos demenciales”




Cómo se hizo “Gritos demenciales”
Por: Daniel Averanga Montiel, desde El Alto

Dedicado a Ariel Obscure

Los criterios para crear esta antología fueron amplios y subjetivos. Pensamos primero en escritores subterráneos, porque, como sabrán los mismos subterráneos, al principio sólo éramos Luna (extraordinaria amiga subterránea, del estilo gótico que vale la pena tener como amiga) y yo, los que intentaban levantar polvo creativo, convocando a todo tipo de personajes virtuales, para que nos mandaran sus cuentos. El primer resultado fue todo un fracaso. Los escritores subterráneos fueron un fiasco. Muchos eran sólo pose egocéntrica y “obscura”, mientras que sus escritos estaban demasiado alejados (ortográficamente, temáticamente) de lo que buscábamos.

La primera idea fue hacerle un homenaje a Lovecraft mediante una selección detallada de sus características narrativas: que todos los personajes se volvieran locos, que Cthulhu fuera paceño o beniano o cruceño y que Nyarlathothep estuviera en la alcaldía, oculto tras una máscara de Juan del Granado. Sin embargo, pocas personas conocen los recovecos lovecraftianos a esa profundidad, por lo que decidimos cambiar el proyecto hacia algo más grande.

Como muchos saben, con el tiempo, las personas también se van. Por razones secundarias al proyecto (demás ocupaciones, mi carácter irascible, la familia), Luna se alejó del mismo.

Aún así, la función debía continuar.

El primer relato que consideré apto para la antología, fue el “Sin Título” de Ludwin Mamani, que, a pesar de ser breve, contiene el discurso oculto que yo quería mostrar con la antología. Después vino “Promesa” de Ayda Ruth Carrillo, que es más un relato erótico de suspense, al estilo de Patricia Highsmith, pero que también sería un buen aporte para la antología.

Debía seguir trabajando y buscar nuevas fuentes, hasta que encontré una, mientras hojeaba la hemeroteca de la Biblioteca donde trabajaba. Era el suplemento Fondo Negro del 25 de julio de 2004, en el cual se presentaban los ganadores del certamen de microrrelato de ese año. Me fascinó el aporte de Alfredo Rodríguez y Cecilia Lourdes Romero, por lo que los contacté por facebook y correo electrónico. Me respondieron con amplias expectativas.

Manuel Vargas, Guillermo Augusto Ruiz, Mauricio Rodríguez, Wilmer Urrelo, Edmundo Paz Soldán, Fabricio Callapa-Ramírez, Celia Asturizaga, Edgar Quispe, Alexis Argüello y Mitsuko Shimose, me enviaron sus relatos en una primera etapa. La mayoría mandó más de un relato y tuve que revisarlos, escuchar las opiniones de otras muchas personas sobre los mismos y no dudé en compilar lo que me mandaban, para después, cuando estuviera ya en pie la publicación, pasar a clasificarlos.

Después de la primera etapa, contacté a Homero Carvalho, Adolfo Cárdenas, Jaime Nisttahuz, Mariel Arroyo y por último a William Camacho, quien, sabía yo, me daría su opinión y su criterio sobre la antología.

Organizamos un equipo de edición y clasificamos la antología mediante análisis de cada uno de los relatos. William Camacho hizo un trabajo extraordinario, utilizando una lógica impresionante y planteando preguntas acertadas, demostrando así su compromiso con la antología.

Escogimos los relatos más cercanos al género, pero que tenían que ver más con la realidad, en la primera parte. Para la segunda parte, escogimos aquellos relatos que no eran parte de la realidad completa, pero que tampoco parecían sobrenaturales, y para la tercera parte elegimos los relatos sobrenaturales por excelencia.

Aunque, cabe aclarar, la antología estuvo abierta a aportes hasta mediados de este año, porque en el grupo de facebook “El Círculo Lovecraft”, seguí lanzando “convocatorias” para que nos mandaran sus trabajos.

Había leído a Liliana Colanzi por la red, y me impresionó mucho su calidad narrativa, como también su excelente perspectiva de manejo de las letras. No dudé en escribirle para que nos ayudara con un prólogo. Le envié toda la compilación, incluso algunos relatos que no salieron en la antología como tal, y me envió un prólogo excelente.

Por último, junto a William Camacho, logramos que el proyecto cobre vida bajo la forma de “Gritos demenciales”, gracias al apoyo de editorial Gente Común y al de los autores que realizaron un esfuerzo extraordinario de simpatía con las letras oscuras.

Diría que, sin la ayuda y la entrega de los autores, nada habría sucedido como esperaba.

Ahora, a construir la segunda parte: necesitamos hacerlo, nuestro terror necesita hacerlo.

Fuente: Ecdótica



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