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Fuera de la chichería




Crónicas cochabambinas
Por: Alejandro Morandini

En su libro, La negación en el pensamiento popular, Rodolfo Kusch, hace del recuerdo de sus días en Cochabamba una metáfora de su fórmula del estar-siendo, dice: “Recuerdo una vez que salíamos con un grupo de amigos –todos intelectuales- de una chichería en Cochabamba. Habíamos tomado chicha y cerveza en un local, malamente construido con chapas. Afuera llovía. Los pies se nos hundían en el barro y la lluvia nos castigaba el rostro (… ) habíamos pensado empresas, equipos de trabajo, libros con grandes filosofías, por aquello de que, “ya verán quién es quién”. Sentí nuestro desamparo. Nunca podremos afirmar a gritos lo que realmente queremos, porque nuestro grito siempre es desagradable. Ser sudamericano y de clase media, pensé es como un estado patológico, una forma de incapacidad congénita. Nos gustaba al fin y al cabo estar en la chichería, comer la comida para durar, idear grandes libros que nunca se van a escribir, aunque tengamos luego que ejercer la sonrisa (…) Esta es la base de nuestro resentimiento”. Este desgarramiento existente entre el estar nomás (beber y comer para durar) y el ser, Kusch lo observa como un escollo para el ser americano, por un lado existen las imposiciones y por el otro lo que se descubre cuando se está en la chichería.

Hace algún tiempo conocí en Cochabamba al profesor Luis Rojas Aspiazu, colaborador de Kusch en sus estudios sobre la cultura quechua e introductor de este en el secreto de la Runasimi, lo acompañó a Salta donde también trabajo en la UNSA, en aquella oportunidad le pedí su apreciación sobre el actual proceso social boliviano y me dijo estar convencido que la etapa superaba a sus dirigentes políticos, que estos no importaban demasiado, que se abría para América una nueva etapa, desconocida y de proporciones cosmológicas. Profundamente impresionado por sus palabras recuerdo que regrese al hotel después de recalar en un bar, convencido de que los bolivianos estaban un poco locos pero que sin lugar a dudas atravesaban uno de los momentos políticos más originales que hayamos vivido en estas latitudes. Me había regalado un par de sus libros y me hizo un encargo que no cumplí y que debía realizar en Maimará.

Hace algún tiempo el vicepresidente Álvaro García Linera, recordaba en un artículo, el momento aquel en que la Revolución se había ocultado, acosada por el neoliberalismo, su sola idea resistía en las organizaciones vecinales, en las peñas, en los partidos de fútbol barriales, en los centros culturales, en el armado de las radios comunitarias; ahí se alimentó y se renovó, y junto con el fortalecimiento de las organizaciones campesinas surgió en un nuevo llamado, el Pachacuti. Fue desde la ciudad de Cochabamba de dónde salió la Federación de Trabajadores Campesinos del Trópico para liderar el actual proceso político, aquí cabe recordar lo que era Bolivia años atrás, siempre a punto de estallar y sin embargo había siempre más felonía y traición. Fue en Cochabamba dónde se alzaron los barrios y las organizaciones sociales contra el tarifazo y la corrupción desembozada de lo que ya no se soportó más, y que se conoció como la Guerra del Agua, y aquella fue una gesta de rebelión popular por soberanía. Era en Cochabamba, sede de la Universidad Mayor de San Simón, uno de los centros de estudios más importantes de Bolivia, dónde se desarrollaba su IV Feria Internacional del Libro.

En el Encuentro de poetas, editores y revistas, organizado por el Área de Letras del Proyecto mARTadero, tuve oportunidad de presentar el periódico cultural salteño, CLAVES. En el breve y sencillo acto realizado en el ex – matadero municipal, reseñé el recorrido del periódico, la tarea que se ha impuesto en sostener desde sus páginas una perspectiva regional integradora, que en ellas se sigue con atención el proceso social boliviano y recordé que en sus casi 20 años nunca estuvo ausente el debate político ni se alejó de la poesía, y esto entusiasmó al joven público cochabambino; les hablé de su director, de su militancia y leí la carta que Pedro González, envió a la última edición de la Feria del Libro de Buenos Aires, con motivo de un homenaje a CLAVES. En la sala Trozadero, de este emprendimiento comunitario, compartimos las distintas experiencias que nos convocaban junto a los responsables de Editorial Intravenosa de Jujuy y la revista virtual cochabambina, La Wallunka.

El Nodo Asociativo para el Desarrollo de las Artes (NADA), es la fundación que gestiona y dirige el proyecto cultural con sede en el ex – matadero de Cochabamba; fue cedido por la alcaldía por 30 años para hacer de este espacio un laboratorio y lugar de exposición e intercambio para distintas experiencias estéticas y culturales. Uno de los muchos grafitis pintados en los muros que rodean el viejo edificio, reza:

La cultura es un lujo, la pared.

En ese espacio conviven a un mismo tiempo eventos tales como, la exposición del futurista italiano, Mino Delle Site, con un concierto de rock metalero de bandas bolivianas festejando los 200 años del grito de libertad, junto al 11º Festival de Cine Europeo en Bolivia; una muestra de teatro con niños y jóvenes no videntes organizado por el Centro de Rehabilitación para Ciegos Manuela Gandarillas y el IV Foro Nacional de Organizaciones Sociales de Bolivia que abre y cierra Evo Morales, en persona y en el cual, nos comenta con admiración, respeto y pavor Fernando García, director de mARTadero, que allí se dirige a cada uno de los asistentes el presidente, tratándolos por su nombre y analizando en particular el desarrollo de los mecanismos de control social en el proceso de cambio y la participación de cada una de las cientos de organizaciones campesinas, de pueblos originarios, vecinales, sindicales, estudiantiles y académicas de Bolivia, y dónde les recuerda por si hace falta, (“y allí tú aprendes lo que es un líder”, nos dice el director), las estadísticas de esa misma organización años anteriores y las proyecciones que se habían comprometido a futuro con los dirigentes. Otro de los grafitis que rodean el edificio, dice:

Pachamama, tú y yo sabemos que lo único originario aquí es la papa.

Según el Vicepresidente Álvaro García Linera, el proceso de cambio en Bolivia ha vivido diferentes etapas, en una primera se construyó el instrumento político de los pueblos, el Movimiento al Socialismo (MAS), en la segunda se incursionó en el escenario político y procesos electorales, en la tercera se llegó al Gobierno, en la cuarta se convocó a la Asamblea Constituyente y se derrotó ideológica y políticamente a la derecha y en la quinta etapa, a la cual se está ingresando, el desafío es construir el poder total en base a tres ejes: los poderes económicos, político y cultural para garantizar el cambio. Según el vicepresidente, el poder cultural, debe constituirse a partir del potenciamiento y la formación ideológica, y la emergencia de nuevos dirigentes que deben estar atentos a todo lo que pasa a nivel local, nacional e internacional. “El dirigente debe ser como un catedrático”, señaló Linera, “las nuevas generaciones de líderes tienen que formarse y prepararse para ser el motor del cambio”. Esto dicho también en Cochabamba, en el ámbito del último congreso cocalero.

El hecho de llegar a la Feria Internacional del Libro justo después que le otorgaran el Premio Novel a Mario Vargas Llosa, prometía algo especial en esta visita; Vargas Llosa pasó sus años de formación en sus valles serranos y es quién más ha influido en la nueva generación de narradores bolivianos, (en la Feria se presentaba la reedición de Lo que varguitas no dijo, biografía de la relación amorosa entre la cochabambina, Julia Urquidi, y su sobrino, en clave de despechado soliloquio). El especial reconocimiento que hacía la revista Granta, periódico literario de la Universidad de Cambridge, a Rodrigo Hasbún al ubicarlo como uno entre los veintidós mejores escritores contemporáneos de la lengua española, acrecentó la excitación por el viaje, este amigo publicaba sus cuentos hace un par de años en Yerba Mala Cartonera, y ahora está recluido en una universidad norteamericana y es best-seller de Alfaguara con su novela El lugar del cuerpo. La renovada expectativa por encontrar editado el ensayo Bolaño salvaje, de Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón, referente insoslayable de la nueva narrativa boliviana, hicieron que todos los pormenores del viaje pasaran rápidamente al olvido y llevaran a recogernos con el evento más importante para el libro de nuestra región.

Andando, leyendo, conversando, al terminar cada jornada quedaba suspendida en el aire la pregunta: qué pasaba en aquella ciudad que concentra el puñado más importante de editoriales nacionales, qué pasa en aquel país que puede generar tres ferias internacionales del libro anuales, que alfabetizó en cuatro años a más del 38% del total de su población y ahora produce ávidos consumidores de libros e intelectuales que piensan el rumbo del continente.

Para alguien sensiblemente afectado por la literatura encontrar en los libros bolivianos el verso: La herida es la cura, de Rubén Vargas Portugal, y sin dejar de tener presente la expiación por la lengua, saber que allí anidan T. S. Eliot, María Negroni, Frida Khalo, Alejandra Pizarnik , el cineasta alemán Win Wenders y nadie lo sienta cómo un plagio, le demuestran una madurez y luminosidad pocas veces vista. Y así toda la joven poesía boliviana, liberándose de lo que no es de su culpa, para ello basta ver el catálogo de Género Aburrido, Rostro Asado Cartonero o Yerba Mala. Años atrás la profesora Silvia Rivera Cusicanqui, me decía que, a veces, en la acción hay que procurarse los argumentos mientras el cambio sucede y ese era el desafío presente del intelectual boliviano. Es decir, salir finalmente de la chichería, asumiendo el riesgo de la luz y avanzar sin tener que echar el cuerpo a tientas. Aún con la molicie del viaje en tren, pienso, Bolivia va hacia donde es.

Aquello que el soberbio poeta de la noche, del frío y de las alturas, Jaime Saenz, esboza en boca aguardentosa del acabado protagonista de su monumental novela Felipe Delgado, la historia boliviana lo está madurando en parábola: “Señor Oblitas: esta vida no puede seguir. Quiero ponerme a prueba. Subir al Illimani, purificarme, y luego fundar un partido: el Partido Fanático Boliviano; qué le parece”. “Cosa soberbia”, le dije yo, “siempre y cuando sea un verdadero partido; fanático por aymara, boliviano por boliviano”. “¡Ah, ya!”, me dijo el señor Delgado; “un partido precisamente, en el más alto sentido; un partido con una fuerza tan grande como para redimir a los descreídos, aniquilar a los oportunistas, y hundir a los masones; como para determinar una revolución radical, poniendo en obra las grandes orientaciones que Tamayo postula, instaurando aquella verdadera nación que deberá ser Bolivia, con el retorno de la grandeza aymara, con una organización militar y jesuita, con el sable reivindicador y conquistador bajo el signo del Ande, con el soplo de aires renovadores al conjuro de mucha sangre, al conjuro del trabajo demoledor, con música de hielo, con espíritu guerrero, y con sacrificios infinitos para forjar al hombre boliviano, con verdadero misticismo y con verdadera religión; qué le parece”, concluyó el señor Delgado con voz vibrante y con ojos que se le saltaban de las órbitas.”

Fuente: Ecdótica



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