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Reseña a Academia Europa




Sobre Academia Europa
Por: Mauricio Rodríguez Medrano

Marcelo Antonio López Barragán es un estudiante de quince años (casi dieciséis) que ingresa a Academia Europa. En una bitácora narra su primer año como estudiante y la historia se entrelaza con la del fundador de la academia. Algo los une: lo inconcluso. Y la novela se divide en tres partes (Brayan me confesó que sigue la estructura de Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño). Y en los títulos de estas tres partes se sugiere escuchar canciones en Youtube o Myspace que acompañen a la lectura (Lenny Kravitz, Elvis Presley y una canción compuesta por el hermano del Marcelo. Ficción dentro de la ficción).

Luego de terminar de leer la novela se vinieron a la cabeza El cazador en el centeno, de Salinger, Huckleberry Finn, de Mark Twain, Los detectives salvajes, de Bolaño y Fantasmas asesinos, de Wilmer Urrelo. En estas novelas el personaje narra su transformación de niño a adolescente y de adolescente a joven, ese internarse a un mundo extraño de la adultez que es como un pozo oscuro y en donde hay heridas mortales y fetidez. Brayan sigue una tradición que proviene de sus lecturas. Una virtud de Academia Europa: aunque está escrita por un autor novel, se basa en una tradición literaria. ¿Esto qué significa? Que Brayan asumió el rol de escribir: trabajo más lectura igual literatura. Otra virtud: el autor ahonda en desentrañar varios aspectos que conforman al ser humano: todo lo que hace se queda incompleto, su avance está regido por el miedo, el pasado como imagen siempre está allí para punzar y lastimar y repetirse una y otra vez.

Como dijo Cortázar (comparando a la novela y al cuento con el box): La novela debe ganar por puntos. Y Academia Europa gana por puntos. La mayoría de los personajes están bien construidos y son coherentes con sus acciones.

Hasta aquí lo que me resultó grato al leer esta novela. Ahora ciertas carencias. Empecemos con la edición. Mauricio Murillo fue el editor (premio Franz Tamayo 2010). Hay muchas páginas donde las frases están unidas en demasía y eso dificulta la lectura (un mal uso de los programas de diagramación. Tal vez toda la culpa la tenga el diagramador. ¿Pero acaso el editor no debe velar por cada detalle del libro?). Cinco o seis errores de grafemática que Mauricio obvió. Dos errores de redundacia y de sentido: “…quería besar el cuello besable…”, “No puedo notar que usa una polera negra con la cara de Eminem estampada en el medio.” (¿Si el personaje no puede notar la polera, por qué la describe?). Según me contó el autor, apenas le dieron dos semanas para editar la novela. ¿Por qué hacerla a la rápida? ¿Acaso se piensa que al ser una novela ganadora de un concurso juvenil hay que tratarla menos que una obra que gana un Premio nacional de novela? Esos detalles, que aunque parezcan ínfimos, crean una apariencia de novela inacabada y descuidada y quitan puntos. Otras carencias (de fondo): Carver resulta ser más protagónico que Marcelo: el personaje es más explorado, en sus pensamientos, en su vida, aunque los fragmentos de su infancia posean una similitud con la primera parte de Up, de estudios Pixar (niño que encuentra a niña, niño tiene el sueño de viajar, niña le apoya, niña crece y muere antes de cumplir el sueño de viajar, niño crece y se convierte en casi un ermitaño). La vida de Marcelo es más plana (y el autor tuvo dos partes de las tres para ahondar en este personaje).

Una más: esta novela al ser para un público juvenil, el autor se frenó al intentar describir ciertas escenas (tal vez con un lenguaje no apto para adolescentes, esas “malas palabras” que un padre de familia aborrecería). En la lectura sentí esa autocensura.

Y la última: el personaje a_Jk:) no goza de vida propia. Es un personaje forzado por la situación de continuar la narración. Una adolescente que no se sabe bien quién es ella, qué hace, porqué entabla una amistad tan rápida con Marcelo, un personaje de tinta y no de literatura como es Carver, como es a momentos Marcelo, incluso Daynor, el hermano de Marcelo, que es descrito en dos líneas y es verosímil.

Finalizando: una novela que demuestra que no es necesario tener 80 años para ser un escritor. Lo necesario y lo más importante es trabajar con la palabra y hacerlo en serio. Y la novela se cierra como la vida: aún continúa luego de la última página. Yo cierro con la dedicatoria que escribió Brayan en la primera página: “Algún día nuestro océano encontrará su orilla”.

Fuente: Ecdótica



Una Respuesta »

  1. dfhsgjth dice:

    egerrg

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