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Cuento: Carolina de Gianni Prado




Carolina
Por: Gianni Prado Herrera

quiere conciliar el tiempo con sus años. trata de retroceder encerrado entre pensamientos que en otros tiempos le eran gratos recuerdos. una hoja en blanco, un cuarto semi vacio. el único objeto corpóreo es su figura alta, su rostro de mujer, su pelo ondulado y sus ojos diminutos color verde. extraña a carolina, hecha de menos su piel clara, sus pechos redondos, sus caderas anchas, su sexo húmedo. siente miedo por primera vez, miedo al amor, tal vez, miedo a volver a estar entre las piernas esbeltas de carolina que no volverás a sentirlas más. no llamara más a sus amigas de “la miel”,” la encantada”, o del “nuiet varieté”. no volverá a reunirse con sus amigos, levantar chicas de quince o dieciocho en el prado para terminar en su departamento o en la casa del coco intercambiando parejas, besos, caricias. todo eso acabó después de carolina piensas. el cuarto semivacío la noche que aun tarda en llegar. sí; pesadas se hacen las horas con tu ausencia. te levantas. paso a paso llegas a la ventana y observas la caída de la tarde. la calle llena de gente, los oficinistas caminando por la comercio. miras sus ternos gastados, sus movimientos lentos, sus miradas vacías. los miras entrar a los boliches de alrededor, matando sus viernes, sus duras jornadas de trabajo, gastamdo su sueldo, gastando las pocas palabras sinceras que les quedan en eruptos indescifrables llenos de aliento de cerveza y singani. enciendes un cigarro lo aspiras, lo saboreas, es amigo y cómplice del humo. trata de observar entre el gentío a alguna mujer que pueda recordarle a carolina. se siente el viento fresco del verano paceño al que ya se acostumbró hace años. pero carolina vuelve y vuelve a sus recuerdos. esa perra, esta puta: piensa. se siente cargado de recuerdos y no le queda más que salir a despejarlos con el viento veraniego del día jueves.

¿cuántos años tienes hermano?, piensa: sí, sí: eres chango todavía. ella es aún una niña y una puta: “una niña y una puta”, esa frase le atormenta mientras se choca con la gente caminando por la perez velazco. ¿te emputa? sí. me emputa la perez a estas horas: millones de indios, de potosinos limosneros, millones de cunumis con culos grandes y deliciosos como a ti te gustaban. pero todas son unas perras como carolina. no valen la pena: vos tampoco vales la pena hermano. piensa: 30 años, sin profesión, sin dinero, sin mujer, sin hijos, sin cuenta en el banco. un carnet de identidad olvidado. un departamento más o menos decente que te dejaron tus padres. unas palabras que de vez en cuando rimas y que llevas a los periódicos para poder sobrevivir. pero hasta ahora no escribes sobre ella. no se lo merece, dices y te saca un cacho de tus recuerdos un voceador que con un grito melodioso propio del subdesarrollo de un país sin futuro a vos en cuello dice: “¡¡el alto un boliviano, un boliviano¡¡ “. pero quizás me llame. sí; para que salí de mi depa, de repente me llama. ¡¡no¡¡ son macanas hermano esa cojuda no te llama más.

la mariscal santa cruz llena de autos; y petardos rebeldes a lo lejos, lo mismo de siempre.

unos policías corriendo, votando gases, una manifestación que se repite por años, sin fuerza, sin vos. no te importa el olor insoportable de los gases; y tus lágrimas caen. ¡¡no¡¡; no lloro por ti perra. lloro por los gases, lloro porque todos en esta ciudad insoportable lo hacen cuando te recuerdan. pero yo lloro por los gases.

bueno basta de pensar en ella. y entras a un boliche algo elegante por el prado; y te preocupas quizá no te alcance echarle un café y menos una cerveza. ¡no¡; no pidas una cerveza, hermano; no le des el gusto a la ñata esa de verte tomar por ella. ¡ que huevo¡, yo tomo mi cerveza, aunque me cueste cara, no porque esté triste, no por carolina; yo tomo para brindar por el efecto tequila, por la crisis brasilera y por el nuevo milenio que me traerá una nueva vida sin carolina. “mozo, o mejor dicho, reinita ¡qué buenona estás¡ ¿me puedes traer una cerveza?”. “¿budweiser o corona?”. “que joder, que se yo mamita; traime la que quieras, o la más cara porque yo ves tengo platita y puedo gastar y brindar por vos que estas hermosa “. “¿cómo te llamas?”, carajo, solo falta que te llames carolina. ya son las siete hermano el bullicio de la noche se perdió un poco, se fueron los marchistas, tus penas; tus recuerdos de carolina; oye hermano no jodas pues, ya me llegas al huevo con esa ñata. es una perra, qué más quieres saber. “una niña y una puta”; otra vez la maldita frase que te atormenta. pero la de las cervezas está buenona de verdad y te sonríe y te dice que sale en una hora más y que no tiene adonde ir. pero no me digas tu nombre, no me des tu teléfono, no me digas nada; solo salgamos juntos y hagamos el amor, piensas. está rica la budweiser, quiero otra más reinita y voy a brindar por vos ya no por carolina. no me importa. ¿te alcanzará el dinero hermano?. Ni modo si me quedo misio. tres, cuatro cervezas más y haces hora. la esperas a la de la budweiser a que salga, a que cobre, a que ponga su jean apretado para que te excites con ese trasero grande que siempre te persigue. observas el lugar al que nunca entraste, y en el que ahora tus olvidos vuelven. seguro es lugar de jailones: la gente, las meseras, el ambiente. sí; es un típico lugar de yupi boys hablando de autos deportivos, ropa cara y mujeres fáciles como carolina. qué me importa.

sí le importó y mucho. el día que la conocí a carolina me importó. su rostro angelical, su voz dulce, sus dieciséis años puros, cándidos. y le hiciste el amor, la amaste. y te dio su nombre verdadero. su teléfono. y te dijo que no era camba que era de yacuiba, que todos la confundían con camba; pero que con vos se sentía bien, que te quedés a su lado; que la abracés fuerte. ella fue la que te llamó al día siguiente, la que te dijo que te quería ver, que se sentía sola. y compartiste tu soledad, te comunicaste de a poquito como nunca con nadie. en este mundo de comunicaciones incomunicado, piensa.

un grupo de chicas que se levantan de pronto, que empiezan a bailar escandalosamente, y él se excita viéndolas. esas tres figuras perfectas, esos jeans apretados, esos traseros grandes de clase alta. carolina no lo es, y eso que estudiaba en la católica, y eso que vivía sola en un departamento por calacoto, hermano. te dejó de llamar por unos días y la extrañaste, ya sentías algo por ella; no solo era el sexo apasionado que ambos tenían, no solo eran esas caderas anchas que te inundaban.

“¿qué vamos a hacer?” te dice la de la budweiser mientras se mete los billetes en la parte trasera del jean blanco. tú te levantas y pagas. ella solícita se acerca y te dice. “no te molestés yo ya pague las últimas dos”. otra como carolina, la misma voz, la misa ternura, se repite tu imagen en todo lado carolina.

la llamaste a su celular y nadie contestaba, te respondía a veces y te colgaba. te emputaste y dcidiste buscarla. ya no vivía en ese departamento de calacoto: “carolina ya no vive más acá”. ¿qué más te quedaba por hacer?.

“gracias mamita”, le dice a la de la budweiser mientras salen agarrados de la mano a la noche fría de la paz. ese viento tibio algo veraniego ya es un frío altiplánico que le molesta. caminan por el prado un jueves cualquiera, un jueves triste que sonríe de a poquito con la compañía de la chica de la budweiser. ¿qué quieres hacer reinita?, dime.

nada, ya no queda nada por hacer, solo buscarla en esa casa de miraflores donde alguna vez la recogiste. sí, claro la casa de sus primas. sube hasta miraflores y llega a la casa de sus primas y pregunta. un jueves cualquiera, un jueves trágico que recién empieza. “¿está carolina? ¿carolina? , le responden… ¡ah! carolina. no; carolina ya no trabaja acá, pero si querés tenemos otras chicas, todas son como ella, universitarias y de colegio, todas entre quince y veintiún años. no son chicas de night club nooo: son chicas bien, de su casa, de familia.”

ya te olvidaste de ella. la de la budweiser le sonríe, le abraza, le habla que está sola. que tenía su cortejo allá en el beni pero que ya no lo quiere. le hizo mucho daño. “vamos a mi departamento, le dice. compramos una pizza, trago y nos quedamos charlando”. ay reinita por supuesto que voy contigo, si estás buenona, ya me olvide de la carolina, piensas.

entras aturdido, emputado, con lágrimas en los ojos. te hacen sentar. te tratas de calmar. apenas puedes hablar y ordenas tus palabras para decir que quieres una chica de caderas anchas. y salen cuatro chicas (sus supuestas primas. y eliges a la más caderona. pagas los cuarenta dólares y te la llevas. le pregunta por carolina. le dice que ella se fue hace unas semanas, que trabaja con el nombre de cecilia y que seguro la encuentra a fin de mes, que por que está en época de exámenes pidió unas semanas para estudiar. eso es todo. ¿¡¡¡dónde estás carolina?¡¡¡.

“está por sopocachi. ahí vivo”: le dice la chica de la budweiser mientras suben a un radio taxi y la empieza a acariciar. se acercan, se besan. acabaran la noche juntos; entre las pizzas y los vasos de ron. y piensas que de seguro será como carolina; que todo es mentira, que no es tan cierto todo lo que te dice. que trabajará a ocultas, que la llamaran a su celular cada vez que la necesitan y se acostará por cuarenta, cincuenta dólares con jailoncitos hijitos de papá, con políticos mentirosos, con abogados ladrones, como lo hace carolina que también se llama cecilia. pero ella no tiene nombre. es la chica de la budweiser . la que le acaricia fogosamente en ese pequeño departamento. e intentaras conciliar con ella el tiempo con tus años pero será envano. todo será envano carolina no volverá más querido hermano…

Fuente: Ecdótica



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