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“Sabayoneses”, el esperpento mágico




“Sabayoneses”, el esperpento mágico
Por: Ricardo Bajo H.

Un perro, Firu. Un viejo, Bayard Blake. Un país, “una patria hijadeputa”, Sabayón, a orillas de un río, Marata, en el corazón del continente. Una casa –monstruo maldito- y un fantasma. Una mujer bella deshonrada y una traición infiel. Es Sabayoneses, la novela del periodista y escritor cruceño Darwin Pinto Cascán, muchos años en El Deber, ahora laburando en la revista “Poder y placer”.

La obra viene a graficar –entre otras cosas- la heterogeneidad y diversidad de la joven narrativa boliviana, inclasificable, irresistible a esa manía nuestra de los periodistas de etiquetarlo todo (para bien y para mal). Darwin Pinto se suma así al grupo de los “Tico” Hasbún, de los “Maxi” Barrientos, de los “Piñas” Piñeiro, de los Wilmer Urrelo…con fuerza y originalidad vía una novela de esperpento mágico, un terreno desconocido entre las letras más impetuosas de nuestra Bolivia escritora.

Bajo la sombra alargada de uno de sus ídolos (al cual entrevistó antes de su muerte en 2005, el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos y su legendario retrato del dictador por excelencia, Yo, el Supremo), Pinto consigue enganchar con una radiografía esperpéntica –al estilo de aquel viejo gallego llamado Valle Inclán- de un personaje autodestructivo, Bayard Blake y sus hijos, queriendo sentar paralelismos monstruosos y mágicos con la propia Bolivia. Sabayón es la patria misma, convertida por la pesadilla de la pluma de Pinto en una república monárquica constitucional, que antes de la llegada del caudillo fundador, es simplemente “un monte inhóspito atravesado por bandas de cazadores de hombres e indios que se negaba a someterse al cañón de la esclavitud y a la Biblia de la conquista”.

El estilo de Darwin Pinto nos trae un alarde de imaginación, una capacidad de narrar a la vieja usanza, con el tono grandielocuente de quien cuenta hazañas gloriosas y sueños malparidos, con ínfulas de novela con mayúsculas. Eso de andar contando cotidianeidades onanistas, “modernas”, vulgares y mundanas es para otros y otras. Se agradece, por tanto, un especial cuidado y atención por el lenguaje, por la descripción jugosa, por el arte de narrar.

El mundo de Pinto está poblado por batallas de antes, por guerras inventadas, lejanas, cercanas, lloradas, por sangre derramada, por demasiadas muertes sin causa, por violencia irracional, por venganzas y fantasmas. Sabayoneses tiene a un malo malote, dictador moribundo y fracasado en un país enterrado y sin futuro donde también vive un fantasma, una mujer hermosa, Belle Almanegra, que se pasea desnuda por la gran casa (la metáfora de la patria, una vez más) en las noches oscuras como el presente y el futuro. El pesimismo existencial –marca de muchas letras jóvenes de nuestra literatura- se traslada acá a una visión bestial de autodestrucción, de autoritarismo salvaje, de barbarie sin esperanza, tan solo depositada apenas en el hijo olvidado, diferente, exiliado. Mujer (fantasma) y juventud (marginada) como depositarias de un renacer ni siquiera imaginado. Que ni el viejo perro Firu alcanzar a olfatear.

Fuente: Ecdótica



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