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“Academia Europa” o los errores distintos de Brayan Mamani




“Academia Europa” o los errores distintos de Brayan Mamani
Por: Ricardo Bajo H.

Academia Europa es la ganadora del II Premio Nacional de Novela Juvenil convocado por Alfaguara-Bolivia. Está escrita por el paceño Brayan Mamani, de 24 años. En el mundo, la literatura juvenil ha experimentado en los últimos años un “boom” espectacular con fenómenos como la saga de Harry Potter, los vampiros de Crepúsculo de Meyer o Las crónicas de Narnia. Y ya parece que nos hemos olvidado de El Mundo de Sofía, de Jostein Gaarder.

En España, por ejemplo, se publican 9.000 títulos al año de literatura juvenil. E incluso autores consagrados se dedican a este “género” como Rosa Montero o Gustavo Martín Garzo. En Bolivia, la literatura infantil goza de buena salud con una docena de autores y autoras. Y la literatura juvenil contemporánea comienza a dar sus primeros pasos con el impulso de Alfaguara que intenta trasladar y “copiar” el auge citado con obras nacionales, escritores y temáticas bolivianas.

En todo este panorama, Academia Europa es un intento modesto. Por decirlo suavecito. Excesivamente lineal y con graves problemas de edición, la novela de Brayan Mamani crea un personaje llamado Tony, un chico de 15 años, casi 16 años, que siente miedo, que no termina nunca nada, que se aburre de estar aburrido y que desea fervientemente viajar. Ahí están en estado puro los ingredientes de las novelas juveniles: personajes creados para que el público lector (ese que va desde los doce a los 17 años) se pueda sentir identificado. A Tony no le gusta su verdadero nombre (Marcelo Antonio), comienza a sentir mariposas en el estómago cuando conoce a una chica (obviamente a través del chat), ve series gringas en la televisión y gusta de bandas rockeras como Slipknot y Red Hot Chili Peppers. Su padre vive en Estados Unidos y asiste a un colegio (Academia Europa) de enseñanza inglesa. ¿Razón suficiente para obsesionarse con Manchester?

La primera parte de Academia Europa se presta la fórmula adolescente del diario (otro guiño generacional) para luego tomar el atajo narrativo de un ejercicio escolar e introducir así un elemento de suspenso a través de la figura del portero del colegio, Michael-Raymundo. Precisamente a través de este personaje se cumple a raja tabla con otra característica de la novela juvenil: su carácter didáctico y de formación del hábito lector. Tony es introducido al mundo de los clásicos de la literatura (incluso Michael-Raymundo recomienda entre una lista de infaltables de la literatura universal La toma del manuscrito de Sebastián Antezana, premio nacional de novela hace algunos años) y el círculo de reglas del género se cierra. Incluso con esos intertextos que tanto gusta a los académicos onanistas. Incluso con esa ya odiosa manía de imitar los “modos” de Roberto Bolaño.

Todo demasiado previsible, simple, sin chispa, sin imán, aburrido, forzado. Plano. ¿Tiene que ser así la literatura juvenil? ¿O se menosprecia el intelecto e interés de los adolescentes a veces con estrategias marketineras ajenas al mundo de los changos y changas? ¿Es suficiente colocar en el tapete vidas escolares, rivalidades futboleras, primeros amores, dudas, soledades, familias ignoradas y sueños de aventuras por el mundo para tener una buena novela juvenil? No, definitivamente no. Academia Europa y su desparpajo a la hora de usar el lenguaje (con los ya inevitables chats, citas al Facebook y bajadas de videos en You Tube) cumple con todos los requisitos pero se queda en el camino de las buenas intenciones.

En enero pasado, el escritor español Antonio Muñoz Molina escribía un artículo que se llamaba “20 años, 20 lecciones”. La decimonovena decía: “He aprendido que nada más terminado un libro ya empieza a convertirse en un remordimiento que unas veces se cura con el tiempo y otras no, y para el que solo existe el antídoto de empezar otro libro en el que será posible no cometer los mismos errores: si hay suerte, se cometerán errores distintos”. La literatura juvenil boliviana camina así hacia errores distintos. Y Brayan Mamani, también.

Fuente: Ecdótica



6 Respuestas »

  1. Bartolome Leal dice:

    Modestamente creo que no hay para qué ponerse tan elocuente masacrando a un autor nacional y joven, dos factores que llaman más al estímulo que al linchamiento. Uno puede llegar a pensar, en abstracto por cierto, que hay una doble agenda en el crítico. Tal vez refleja envidia propia o ajena por una premiación quizás injusta.
    A mí en general me han tratado bien los críticos, aunque alguna vez me hizo pedazos uno del Opus Dei porque mi primera novela era exageradamente sarcástica con el catolicismo; y diez años después me carneó un crítico gay porque uno de los protagonistas de un libro mío, premiado, era un travesti harto malvado; y otro, un cura negro pederasta.
    De todos modos esas críticas me sirvieron. Pero que lo pateen en el suelo no es algo que aprecie un escritor que se inicia. Deprime y/o enfurece. Espero que a Brayan no le pase (no lo conozco, advierto, y no he leído su libro).
    Finalmente, los libros que el crítico da como epítomes de la literarura juvenil me parecen no sólo rancios sino que tal vez pronto serán olvidados (aunque darán dividendos a sus herederos). Me alimenté de ciencia-ficción, de piratas y mosqueteros, de Hermann Hesse y Dick Tracy, de las Mil y Una Noches, de Sherlock Holmes, citando de memoria… Son mis modelos, para bien o para mal.
    En todo caso: no tengo nada contra Ricardo Bajo, un tipo bien majo.

  2. Alejandra Torrico dice:

    Que pasa con ese critico? Me parece un “excesivo linchcamiento” como lo indica Bartolomé. Leí la novela hace poco y creo que las calificaciones del señor BAJO (quien jamás se guarda nada, al parecer) son exageradísimas. Además, una crítica debe hacerse sobre conceptos más claros y nos sobre la percepción simple y llana del crítico. Aqui, honestamente, me parece que la crítica la pudo haberla hecho hasta mi mamá, porque parece una crítica con saña, una crítica simple y fácil, una crítica no-crítica. Dios!!! Lei un cuento del autor `por este medio y sus artículos también. Lo hace bien.No es un genio y la novela tiene sus “cosas light” (paradoja: el escritor publicó un arítculo sobre eso), pero tiene madera. Además, la novela, mal que bien, me pareció ambiciosa. De todos modos, me parece algo bueno que autores jóvenes anden surgiendo. Hace algún tiempo me llegó un libro de Hasbún a la escuela donde trabajo y creo que la lite nal. va por buenos lares. Sigan adelante: escritores, críticos, pseudocríticos

  3. Maria dice:

    Lastima que haya gente que haga criticas destructivas a jovenes escritores como este. Academia Europa es un libro muy real, con un lenguaje actual, dirigidoa a
    jovenes que han crecido en esta epoca de internet, chats, palabras recortadas, videojuegos, etc,etc. Me parece un libro facil de leer, que cautiva la atencion de los jovenes, que no es aburrido, con un lenguaje juvenil y con temas comunes entre ellos como el miedo, los sueños, los amigos, los ejemplos a seguir, los abusivos….en fin un libro que va a ayudar a que esta generacion vaya aprendiendo a disfrutar de la lectura, cosa que mi generacion no hiso. Mi hija lo esta leyendo en el colegio, y yo con ella y me gusta la facilidad de leerlo, pero mas me gusta el verla como se muerde las uñas al escuchar las historias, espectante de lo que va a pasar. Yo al contrario, felicito a Brayan Mamani por recordar que un dia el fue muchacho y escribir para las nuevas generaciones.

  4. papito dice:

    putasos

  5. maite theo dice:

    Yo creó q acadmia europa es un libro real xq tiene muxo q investgar en especial el final

  6. maite theo guzman aranda dice:

    .admas hbla sobre bulling d egoismo etc
    Agradzco a brayan mamani x el libro muy util pa nuestras vidas

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