Síguenos en



Follow Me on Pinterest





Donaciones

Ayudanos a difundir libros gratuitos

Recomendamos




Semblanza poética a partir de la visita de Isabel Jordán a “La Ciudad Blanca”




Del Infierno Verde, sólo Dios se acordará
Por: Clider Gutierrez Aparicio

(Semblanza poética a partir de la visita de Isabel Jordán a “La Ciudad Blanca”)

Qué triste, el bus, ya estaba partiendo, sólo logré ver tus manos, diciéndome, adiós. Caminar contigo, por las calles angostas de piedra, entre casas blancas, y llegar, al cementerio, y ver, a la gente despedir a sus muertos, tomar un refresco, y preguntar a las floristas, si tenían lirios, verte correr por la calle Junín, y descubrir que las casas tenían las puertas muy viejas, pero, según tú, hermosas. Gabriel y Gloria, esperaban en el Jolie Bistró, habíamos escuchado toda la noche a los reyes del BeBop, y que, Felipe, ¨El Kuraka del Amor¨, a cada momento interrumpiera la música, para leer los poemas de Eugene Evtuchenko, y que a un tiempo, todos quedáramos paralizados por la candidez de aquellos versos que tenían el poder de tocar tu alma, yo te decía, éste es tu hombre, Isabel, tu decías, sí, me lo comería vivo. Habíamos tomado tanto vino, que, nadie se percato de que los gritos se escuchaban hasta el Hospital Santa Bárbara, se hablo de todo, pero recuerdo en especial, cuando dijiste, ten cuidado de lo que dices de Borges, demasiado tarde, la serpiente había mordido la mano de la niña, ¡Borges es un Tigre ciego, de profundo pesimismo, encerrado en una biblioteca, acostumbrado a especular sobre la eternidad! y que decíamos, que el arte, debe sacarse su máscara de decrepitud, que el Creador, debe dejar, su miedo al miedo, que el miedo, está haciendo del hombre, un fantasma, dicho de otra manera; que el hombre del siglo XXI, tendrá como epitafio: “Fui la penuria donde antes habitó la esperanza, egoísta y ruin, común a todos”, que debemos enseñar a que el gusano que habita en nuestro corazón, sólo mutando, podrá llegar a ser mariposa, que los lirios se abren ante la luz del sol dejando su perfume delicado, y se cierran, ante la oscuridad, que la poesía, donde moramos, no es un lobo, desenterrador de muertos, sino, la música del acordeón que nos acompaña en el camino a casa, que no se debe tener miedo al tiempo, que todo se va, que el único traidor, es el que se roba la ternura que brota de la oscura caverna de la desesperación, que el Poeta, es un ¨Maestro del Delirio¨, un aprendiz, del rincón más secreto del bosque, donde los cadáveres hablan. También recuerdo que dijiste, que si, vuelvo a escribir sobre la Muerte, tú misma me matarías, tuve que confesarte entonces, con mucha pena, que también escribo poemas de amor, que te leí uno y dijiste, ¡Qué bello, sino no lo publicas, te mato!, por todo querías matarme. Ya entrada la noche, me pediste, que te lea uno de tus poemas, “El hospital de conejos”, ese poema, que se parece a la soledad infinita, donde ni siquiera Dios está invitado, comprendí entonces, que los pájaros se habían comido al árbol. De noche, la ciudad boca abajo, es un diablo manso que acarrea su pesar, con su esqueleto de sueños anestesiados, la ciudad, es un loco con deseos salvajes que no quiere perdón de nadie. En el Korova, los poetas habían terminado de cantar sus poemas, los rostros perplejos, veían, como una mujer vestida de negro, quería acabar con el dolor, estrellabas el martillo contra el hielo, impulsada por tu cuerpo, sensible a cualquier respiración; en mis adentros, hacia una declaración de mi admiración por tan violenta forma de enseñarnos a cultivar el amor. El corazón de la vaca, antes, atravesado por un cuchillo, estaba en llamas, listo, para ser penetrado por unos palillos dorados, y que cada uno de los espectadores, a manera de trascendencia, tenían el deber de aprender a ser del todo humanos, y que la única trascendencia, es que el fuego se funda en el fuego, y dejar de ser machos primitivos y hembras primitivas, como Tiresias, abandonado a su ceguera, él sabe más que nadie, de la condena a las tinieblas eternas. El Poeta de los niños, Luis Del Solar, ya a solas, te había dicho, ¨Isabel, me has ardido el corazón¨, entonces, con lágrimas en tus ojos, me diste un abrazo, diciéndome gracias, y yo, diciéndote, gracias a ti. Recorrer Sucre caminando es una cosa maravillosa, decías, que a cada paso, te encuentras con algo bello, que las Iglesias, que el Cementerio, que la Recoleta, que el Parque, que el Psiquiátrico, que la Plaza, que los Árboles, que el Azul del Cielo, y ya, en las gradas de Surapata, te intrigaba saber, de quién era ese busto, y yo, sin saber qué decir, al volver, Felipe, te contó, que era Don Casiano Tejeda, y que tocaba el armonio, como nadie. Buen día Don Julio, buen día hijito, habíamos llegado al único lugar donde uno se olvida de la tranquilidad del cementerio, donde se come el mejor ají de lengua, te dije que estaba escribiendo el cuento más triste del mundo, de una Chola que se llamaba la Chancha Blanca, es tan triste el cuento, que no puedes dejar de llorar, aunque quieras, de pronto, tus ojos se encendieron como soles, es que yo sabía que te estabas acordando de algo, luego, me dijiste, que tu madre había trabajado en Sucre, y que cada semana se tenía que ir a Santa Cruz a ver a sus hijas, y que había sufrido, la hipocresía de un pueblo chico, infierno grande, si pues, aquí, donde el diablo perdió su poncho, aquí, donde la aflicción se canta y se baila en cuecas, como el infierno verde que dice: “Si aún queda llanto en tus ojos/para llorar mi partida/no llores mientras la vida/deja un minuto de amor”, aquí, donde la carga del sufrimiento parece una piedra amarrada a nuestro cuello, aquí, donde los mendigos extienden sus manos como en ninguna parte (ellos saben, que los mendigos somos todos), aquí, donde la hermosa juventud nos recuerda el tiempo que ha pasado, aquí, donde los borrachos se orinan en las paredes para expresar su descontento, aquí, donde los perros vagabundos son los verdaderos Poetas, aquí, donde todos tienen un pariente pobre, pero pobre, aquí, donde cada uno se queja de que su propia cruz es la más pesada, aquí, donde se va la vida, así nomás, como si nada, vos ya sabes…

Fuente: Ecdótica



Escribe tu comentario