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Sombras nada más: reseña de Entre las horas y Hermano Santos




Dos narradores a contraflecha
Por: Gabriel Chávez Casazola

Lejos de los arrestos minimalistas de cierta narrativa al uso, los escritores Cecilia Romero y Oscar Díaz –ambos nacidos en los 70, ambos escribiendo desde ciudades ex/céntricas- han publicado, aún sin demasiado eco, unos caudalosos libros que, según creo, merecen ser leídos y comentados. De esto último me ocuparé, sintéticamente, este domingo.

Hasta el año pasado, los prometedores cuentos de Romero (1974) -ganadora del premio Adela Zamudio con “El vuelo de la mariposa” y de una mención en el Franz Tamayo con “Pimientos Rojos”- sólo podían leerse dispersos en algunas antologías. Eso, hasta la aparición de Entre las horas (Nuevo Milenio, 2010), libro que reúne diez cuentos, siete inéditos, dos o tres de ellos excepcionales –pienso sobre todo en “Tarde en puerto rojo” y “Livertad”(sic)- que revelan a una narradora madura, con una propuesta y una voz propias y muy singulares en el contexto nacional.

A esa singularidad contribuye el que sus textos descansen en una sutil urdiembre de cimentados referentes literarios e históricos (que les faltan a algunos narradores de las últimas hornadas, muy desapegados de las lecturas clásicas, si es que las han hecho, y del acontecer político de mediana y larga duración), pero también cinematográficos, musicales y de la cultura popular (que suelen estar ausentes en autores de mayor edad). El estar a caballo entre ambas generaciones (y también ser boliviana y chilena, desplazándose con comodidad en las geografías de la costa) resulta ser, entonces, para Romero, un hándicap que bien sabe aprovechar en sus desconcertantes historias, donde un abanico de referentes graves y leves enmarca y delinea personajes y sucesos, otorgándoles densidad, sentido y, sobre todo, originalidad.

Por su parte, Oscar Díaz Arnau (1971) -narrador y periodista bien temperado, ganador del Premio Franz Tamayo de cuento en 2004, editor en importantes diarios del país y, last but not least, discípulo del inolvidable Jorge Suárez- deja la orilla del relato breve y nos propone ahora una narración de largo aliento: la novela Hermano Santos (El País, 2011).

Abierta a varias lecturas posibles, esta novela –como lo propongo en su contratapa– será para algunos una controversial lectura del acontecer político nacional contemporáneo, a la manera de real fiction; para otros, una suerte de gran reportaje noir, un policial abordado desde una compleja apuesta formal que lo aleja de las convenciones del género (y lo torna, es preciso decirlo pensando en algunos lectores poco entrenados, de abordaje difícil).

Pero sobre todo, o después de todo, Hermano Santos resulta ser un abigarrado y coral monólogo interior, con la deliberada impronta del automatismo surrealista –Díaz no oculta sus influjos faulknerianos y joyceanos-, que versa sobre algo siempre viejo y siempre nuevo: la condición humana, con sus grandezas y sus miserias; pero sobre todo acerca de estas últimas.

Fuente: Página siete / domingo 4 de septiembre de 2011



2 Respuestas »

  1. […] buscando una salida. No sé cuál de estas expresiones utilizar para comenzar a escribir sobre Entre las horas de Cecilia […]

  2. […] su vez, el poeta y académico ecuatoriano Jorge Dávila Vázquez afirmó que “la poesía de Gabriel Chávez Casazola está llena de nostalgias propias y ajenas, de evocaciones de unos mundos ya desaparecidos (…). […]

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