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Reseña: La condición pornográfica




La condición pornográfica
Por: Cecilia Romero

La Condición Pornográfica, libro cuya tapa despliega la imagen de un exhibicionista a la manera de un savant del que habla P. B. Medawar, siendo este savant en particular alguien que cuenta historias y está obligado a verificarlas, el exhibicionista logrará un gran nivel de excitación sexual, por medio de la exposición de sus genitales generalmente al sexo opuesto, nuestro parafílico se verifica de forma espontánea en esta selección del peruano Salvador Luis, quien compila los relatos de escritores de distintas geografías, vale decir Argentina, España, Chile, Uruguay, México, Perú, Ecuador y Bolivia representada con excelencia por Giovanna Rivero, poniendo en praxis el principio que él mismo compilador cita de Bataille “La literatura no es inocente”.

Un breve sondeo a la gente que observa por primera vez su portada da cuenta del mismo dato, la reacción es sorpresiva o solmene, algunos miran el libro con el rabillo del ojo y sonríen para sí mismos, gesto que me recordó la máxima de mi padre “el que se ríe sólo de sus maldades se acuerda” y más allá de la anécdota es importante recalcar a quienes publican esta selección, la editorial El Cuervo, casa que apuesta siempre fuerte en sus títulos y temáticas, casa que hoy expone esta publicación que sin duda reafirmará el goce de leer que sabemos que es una enfermedad que se cura sólo con más lecturas.

La Condición Pornográfica asumo tendrá que ver con la idea de la Condición Postmoderna de Lyotard, donde nuestro savant tendrá una duda sistemática, una actitud escéptica e incluso cínica ante los “grandes relatos” y hará de su goce, acaso de su vicio, la trinchera donde resiste, usará la emulación, el performance, la explicitación sin oropeles y fintas. Los escritores inmersos en esta selección irrumpen en esta feria de lo desconocido con un cruce de discursos, de imágenes, donde atestiguamos el deterioro del encuentro e irónicamente el poder del sexo. Sus escenarios son sucios y bellos, solitarios y voyeristas. Todo impregnado de una gran viveza figurativa, pareciera que la purpurina de la tapa, con ese toque kitsch, tiene la espesura necesaria que no permite que los asuntos de sábanas se hagan solemnes y tristes, porque como se dice, en estos tiempos la cama es lo único democrático que nos queda.

Y es que la pornografía con su despreocupación moral y con la reglas que dicta su propia estética se ha mimetizado en la cotidianidad, pero al ser un huésped no escapa de la hostilidad del dueño de casa. Aun así hay que celebrar la irrupción de un libro como este y sumergirnos sin reparos en sus hojas y por supuesto La Condición Pornográfica pueda que en el proceso sufra las consecuencias, cuestión que me parece fantástica ya que la muerte de un libro está en sufrir de olvido en algún estante, un tipo polvo que de seguro esta selección no conocerá.

A manera de sinopsis este libro trae dentro, un instructor de parapente, pelirrojo y de piel ulcerada por el sol, un astuto adicto a la pornografía y una novia que no entiende su vicio. Una troncha trenza de cana, que sirve de miembro viril en un encuentro sexual con una chica que maneja un cupé color fuego adquirido con la plata del marido preso en la cárcel. Una virgen de las aguas al que un proyecto de monaguillo erotiza en posición de Cristo yacente. Lost Jhon que encuentra esperanza en un lugar insospechado. Actrices y editores de cine porn y finalmente a Mick Jagger.

Recuerdo el ensayo de Roberto Fontanarrosa quien afirma que el escritor es casi un equivalente del Boxeador Negro Mozón, el oficio radicará en ejercer ese golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado, “Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones”. Así es y al enfrentarnos a estos relatos cuidadosamente compilados por Salvador Luis y que se despliegan con sus personajes viviendo al límite de sus pasiones y por tanto haciéndose definitivamente entrañables, llevo un principio y con el que cierro esta reflexión y que pertenece a Baudrillard, quien aconseja “Si el mundo es fatal, seamos más fatales que él. Si es indiferente, seamos más indiferentes que él. Hay que vencer al mundo y seducirle con una indiferencia por lo menos equivalente a la suya.”

Fuente: Ecdótica



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