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A toda costa: la nueva crónica boliviana




A toda costa: la nueva crónica boliviana
Por: Sebastián Antezana


Bolivia a toda costa. Crónicas de un país de ficción es la nueva propuesta de Editorial El Cuervo y Editorial Nuevo Milenio que reúne a 14 escritores de diversos rubros.

Ardua es la tarea de ponerse a desentrañar un país desde su historia, la concatenación de grandes hechos que lo constituyen y lo explican, la narrativa en que se condensa su experiencia, sus limitaciones y progresos. Ardua tarea es la revisionista, que en la lectura del pasado quiere encontrar las gotas que explican el torrente que hoy recorre el país, que en la disección de los hechos individuales encuentra la relación que los reúne y los convierte en la actual situación nacional. Ésa es, por supuesto, una tarea loable, y también una actividad consagrada, pagada de sí misma, que encuentra su fin en sus medios. Otra es, en cambio, la tarea que se ocupa de ese mismo país, de esa misma idea de nación, ya no desde la gran historia, sino quizás desde las pequeñas; ya no desde la concatenación de grandes sucesos, sino desde la individualización del detalle, desde los claroscuros, desde los lados menos visitados por la historiografía, desde el relato de la cotidianidad y la individualidad.

Bolivia a toda costa. Crónicas de un país de ficción, libro coeditado por las editoriales El Cuervo y Nuevo Milenio, pertenece a este segundo tipo de lectura. Seleccionados y prologados por Fernando Barrientos (1977), el director de El Cuervo, 14 autores se ocupan de leer al país desde algunas de sus pequeñas historias, desde el relato de la experiencia individual, desde concepciones muy particulares de la realidad y la nación. Catorce autores que, provenientes de campos diversos —como la literatura, la sociología, el periodismo, la música y más—, proponen en conjunto “un país de ficción”, que se reconoce en los detalles y las particularidades que lo constituyen. Aquí se cuentan diversas historias: la del conocido sastre paceño Sillerico, encargado desde hace décadas del vestuario personal de los presidentes de la nación; la de un grupo de hip-hop alteño que alaba a Dios cantando en aymara; la de las víctimas y victimarios de lo que se ha venido a conocer como “la masacre del Porvenir”, en el norte amazónico boliviano; la de un partido de fútbol del club Bolívar, narrada desde adentro, que en Potosí definía su paso a la siguiente ronda en un torneo reciente; la de un curandero menonita que, viviendo en Santa Cruz, intenta cada vez más perderse en la selva abigarrada de una tradición excluyente; la de la organización, desarrollo y resultados del primer “Día de la Reivindicación Marítima”; la de una escritora que recuerda su particular relación con las empleadas domésticas de su juventud y actualidad; la de un candidato campesino a alcalde que se traslada continuamente a los Estados Unidos, y más. Entre ellas, quizás la más sobresaliente sea la crónica de Javier Rodríguez, Kosmische cumbia, que se encarga de desentrañar los secretos vínculos que existen entre la cumbia boliviana y el post-punk, y que en el camino revela cómo los movimientos antes sincronizados del rock boliviano y la cumbia terminaron como antagónicos, con el rock llevando las de perder, en un escenario musical nacional que tiene mucho de distopía pluricultural.

Para conocer más a fondo esta nueva propuesta, en la que participan Álex Ayala, Maximiliano Barrientos, Willy Camacho, Liliana Carrillo, Liliana Colanzi, Christian Kanahuaty, Mario Murillo, Roberto Navia, Edmundo Paz Soldán, Darwin Pinto, Nicolás Recoaro, Giovanna Rivero, Javier Rodríguez y Leonardo de la Torre, Fondo Negro entrevistó a Fernando Barrientos.

—Entre los autores de Bolivia, a toda costa se reconoce a escritores, periodistas, sociólogos y otros. ¿Cómo se hizo la selección de los participantes? ¿Con qué criterios?

—Hace más de un año y medio convoqué a un grupo de autores, con trayectorias y oficios distintos, a que escribiesen, o me permitiesen incluir, textos de no ficción, crónicas, reportajes, etc. sobre algún “tema boliviano”. Algunos aceptaron, otros se excusaron, otros me hicieron esperar obligándome a dilatar el plazo de cierre del libro. En el camino también fui encargando textos específicos y visualizando poco a poco qué tipo de muestra quería conseguir. Intenté lograr cierto equilibrio y cierto contraste. Me parece que el criterio del antólogo es siempre arbitrario y autoritario.

—¿Por qué acercarse al país mediante el género de la crónica? ¿Habría algo en la naturaleza boliviana que privilegie un acercamiento de este tipo?

—Básicamente repliqué una idea que ya se hizo en libros como Dios es peruano, de Daniel Titinger, Dios es chileno (VVAA.); La Argentina, crónica de Maximiliano Tomas, entre otros. Tenía la intuición de que hacer el experimento acá podía resultar interesante y divertido. Estaba seguro que había historias que reflejaran de alguna forma lo que vivimos en el presente. Me interesaba lograr, con la selección de las crónicas, mostrar un retrato, limitado y falsamente real, como todo retrato, íntimo, del país.

—¿Crees que la crónica existe como género practicado y consumido en Bolivia?
—Existe en ambos casos (existe hasta un mínimo canon en mi opinión) pero me parece que aún está en una etapa poco explorada comparada con otras tradiciones y lugares. Por un lado, hay periodistas que practican dentro de su medio la cobertura de ciertas noticias desde la perspectiva del periodismo narrativo, y hay también algunos escritores de ficción que están interesados en probar otros registros que no sean la ficción. Además, desde las ciencias sociales se vienen probando métodos, como las etnografías, que con la observación participante intentan una mirada desde adentro, con una escritura casi directa de lo visto.

—¿Es, de alguna manera, Bolivia a toda costa una respuesta a Conductas erráticas (2009), antología de no ficción de recepción mixta? Te lo pregunto, sobre todo, teniendo en cuenta que varios de los autores de Conductas erráticas, que se anunciaba como la “primera antología boliviana de no ficción”, están presentes también en Bolivia a toda costa. Y también algunos de sus críticos.

—Es también un intento de respuesta a los críticos de Conductas erráticas, con los que hemos sostenido breves conversaciones levemente acaloradas. Había de su parte un reclamo hacía Conductas erráticas sobre el desvío de cierta rectitud que sonaba conservador y que sentí como una provocación. Más aún con un género tan anfibio, además de la cada vez más difusa frontera entre los géneros. La crónica, la no ficción, el relato de los hechos no es monopolio de ningún gremio. Igual no creo que se pueda cerrar un debate hasta ahora vigente sobre cómo tratar de plasmar por escrito, ética y estéticamente, sucesos y momentos pasados.

—En el prólogo se dice: “Acá se encontrarán distintas miradas y distintas graduaciones para narrar un presente agitado. Un tiempo con una carga intrínseca de novedad y cambio… Un momento irradiante desde la cultura, en el que se cuestionan estructuras de jerarquía y de legitimidad”. Así, ¿crees que la multiplicidad de miradas sobre el país y la plasticidad de un género como la crónica permiten cuestionar jerarquías que se levantan a pesar de la volatilidad del presente?

—Además del sesgo autorreferente, en la elaboración del libro estaba presente el sesgo sobre la actualidad (un dato que me parece importante es que todos los textos fueron escritos en el lapso 2006-2011). Creo que en los últimos cinco años, las cosas han cambiado, mucho o poco, nos guste o no. Y este cambio pasa por la cultura y la política. Somos un país que acaba de realizar su más reciente mutación estatal, y este update, de una u otra forma, podría estar reflejado en el libro.

—¿Por qué se dice que Bolivia es un país de ficción?

—Más allá del gesto provocador del slogan, creo que este país fue armado en la improvisación y en la contingencia. Territorialmente hablando, y como ya dijo alguien, éste es el país de lo posible. Aquí pasan cosas increíbles todo el tiempo.

—Si bien un par de crónicas lo tocan de frente, por lo general Bolivia a toda costa parece ser un libro alejado de ese deporte nacional por excelencia: la discusión política. Aunque esto no quiere decir, claro, que sea en absoluto un libro apolítico. ¿Por qué crees que se dio de esta forma? ¿Fue una elección consciente?

— Si bien, como dices, la política está tratada como tema específico sólo en un par de crónicas, en ocho de las 14 sale mencionado Evo Morales, lo que es algo que me parece sintomático y revelador. Yo no quería hacer un libro “político”, pero sabía que la política iba a estar presente, aún incluso cuando no estuviera específicamente tratada. La política es uno de nuestros temas diarios y hoy la sociedad está mucho más politizada que antes. Así que, por más que hubiese tenido otra intención, era inevitable que en un libro sobre Bolivia se vaya a registrar una de nuestras obsesiones como país.

—El Cuervo tiene ya diez títulos, y tres de ellos son antologías. ¿Por qué apostar fuerte por esta forma?

—Más allá de las críticas a las antologías como género (disolución del autor, sobrevaloración de la figura del antólogo, etc.), las antologías muchas veces permiten tomar posición colectiva sobre algún tema o posicionar tendencias que no estaban expresadas. Las que publicamos previamente, curadas por Salvador Luis, además de ser libros atractivos y notables, me parece que dotan al catálogo de una excentricidad que nos interesaba perfilar. Vamos a seguir con las antologías en la medida que sean propuestas interesantes y diferentes.

—¿Cómo se llevan la tarea del editor con la del antologador? Imagino que no son incompatibles, ¿o lo crees?

—Complica las cosas, sin dudas. Yo, como antólogo, quería tener el mayor control posible sobre el libro y no sé si en otra editorial eso hubiera sido factible. Y trabajar en coedición con nuevo Milenio me ha permitido hacer eso. No sé si es lo más recomendable, porque implica estar de ambos lados del mostrador, pero esta vez sí funcionó.

—¿Cuál es el balance de estos tres años de trabajo de la editorial El Cuervo y cómo ves, en específico, este 2011 que ya finaliza?

—En general, el balance me parece positivo. Una editorial no se arma de la noche a la mañana y los números no siempre cierran. Tenemos la satisfacción de haber hecho siempre lo que creíamos que teníamos que hacer sin pensar demasiado en los resultados comerciales. Creo que ha sido un año intenso, en el que hemos ido incluso más allá de nuestras posibilidades. Hemos aprendido qué debemos seguir haciendo y qué no. Vamos construyendo nuestra identidad como editorial y queremos seguir ese camino.

—Si quieres hablarnos de ellos, ¿cuáles son los planes de la editorial para 2012?

—Pensamos redoblar la apuesta y habrá más libros que en 2011. De momento, estamos empezando a preparar una novela breve de un autor paceño y continuando con la colección Nueva Crónica que iniciamos con Bolivia a toda costa.

14 son los escritores que, seleccionados por Fernando Barrientos, integran el libro.
1 solo autor de los 14, Nicolás García Recoaro, es nacido fuera de Bolivia. En este caso en Argentina

El género de la crónica en nuestro país “ha construido un mínimo canon”, dice Barrientos, “pero me parece que aún está en una etapa poco explorada comparada con otras tradiciones y lugares. Hay periodistas que la practican dentro de su medio y también algunos escritores de ficción que están interesados en probar otros registros”.

“Las antologías permiten tomar posición colectiva sobre algún tema o posicionar tendencias que no estaban expresadas. Las que publicamos previamente con la editorial El Cuervo, además de ser libros atractivos y notables, me parece que dotan al catálogo de una excentricidad que nos interesaba perfilar. Por eso, vamos a seguir con las antologías en la medida en que sean propuestas interesantes y diferentes”.

Fuente: La prensa



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