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La inspiración de la joven literatura boliviana (Parte I)




La inspiración de la joven literatura boliviana (Parte I)
Por: Irina Soto-Mejía

Adoptar el punto de vista de los oprimidos o excluidos puede servir, en la etapa del descubrimiento, para generar hipótesis o contrahipótesis, para hacer visibles campos de lo real descuidados por el conocimiento hegemónico. Pero en el momento de la justificación epistemológica conviene desplazarse entre las intersecciones, en las zonas donde las narrativas se oponen y se cruzan…. El objetivo final no es representar la voz de los silenciados sino entender y nombrar los lugares desde donde sus demandas o su vida cotidiana entran en conflicto con los otros.
Néstor García Canclini (1997)

El presente documento es una aproximación descriptiva, con una breve conclusión, que se presenta como pie para el desarrollo de futuras investigaciones.

El objeto de estudio sobre el cual se arguye es esto a lo que se hace referencia desde hace algunos años en diferentes coloquios, entrevistas y publicaciones: “la nueva narrativa boliviana”, “la narrativa boliviana joven”, “última narrativa boliviana”, o “narrativa boliviana reciente”.

Todas esas referencias surgen como intentos de categorizar a las narrativas bolivianas que se desarrollan actualmente, y que sobre todo, tienen una suerte de espíritu vanguardista, pues varían las temáticas y estrategias que se solían manejar en los géneros de novela y cuento, especialmente.

Para este trabajo, se entendió por “nueva narrativa” a aquella escrita por autores bolivianos nacidos entre 1975 y 1985 que escriben sobre temáticas no relacionadas directamente con la corriente del boom o post-boom o generación McOndo. Entre ellos, Rodrigo Hasbún, Sebastián Antezana, Wilmer Urrelo, Liliana Colanzi, y Maximiliano Barrientos. Dichos autores, no escriben dentro de los arquetipos de autor latinoamericano marcados por Cortázar (ficciones con pasajes fantásticos) o García Márquez (realismo mágico que tiene como escenario los paisajes y culturas tradicionales latinoamericanos).

Con el propósito de hacer la muestra mucho más decantada, se ha decidido estudiar a autores cuyas obras se han publicado fuera del contexto latinoamericano, y que gozan de reconocimiento en el medio local. Así, por fines metodológicos y de precisión, se tomarán una mujer y un hombre: Liliana Colanzi y Rodrigo Hasbún, ambos nacidos en 1981.

Tanto en el trabajo de Hasbún, como en el de Colanzi, es posible encontrar ‘estructuras de sentimiento’ que claramente confirman las propuestas de Rossana Reguillo acerca del desencanto del joven frente a instituciones sociales que le han atribuido el fracaso de las propuestas para ‘salvar´ a América Latina ¿Es acaso esta nueva literatura, su estética y temáticas una forma de reclamo desde la juventud hacia las instituciones que no han sabido darle un espacio?

Antecedentes

Durante los años 90’, la influencia de los programas de desarrollo (principalmente de Estados Unidos y de Europa) repercutieron en las realidades latinoamericanas exigiendo de las artes soluciones para las urgencias de la realidad nacional. En el caso de Bolivia, se buscaba que los autores rescaten los mitos y traiciones bolivianas para plasmarlos en sus libros.

El primer autor nacional que se desligó de las literaturas costumbrista, tradicionalista y ‘anecdótica boliviana’ fue Edmundo Paz Soldán.

La primera revista del Análisis Taller Literario del Centro Patiño (1996) planteó el tema ‘La novela boliviana y la realidad nacional’. Ya entonces, Paz Soldán planteó su incomodidad como autor a quien se le demandaba respuestas a la crisis boliviana. A la fecha de la publicación Paz Soldán había publicado su primera novela Días de Papel, a la que él mismo denomina como: “una historia de lo que tenía más a mano: mi experiencia personal acerca del extrañamiento y regreso al país, el desencuentro con cierta realidad que en el encuentro es la misma pero ya no es la misma”. La novela se centra en el golpe de estado que sufrió Bolivia en los años 60, pero no aporta ideas originales para la comprensión de ese hecho, ni siquiera las atribuciones históricas son exactas, el nombre del golpista es cambiado, y en lugar de ser fiel a ‘la realidad’, más bien, hace uso de la estrategia descrita por teóricos literarios alemanes (Dil, Mayer) y procede con una ‘apropiación de la realidad’, narrando el golpe de estado a través de sus personajes. Escribiendo sobre cómo sus personajes viven ese hecho.

Edmundo Paz Soldán escribió sobre lo que él consideraba suyo, desde el universo de la juventud cochabambina de la clase media y media alta, desde un escenario que hasta entonces (y hasta ahora) no se reconoce, del todo, como boliviano. En su momento la crítica dijo sobre Días de papel:

“En tus páginas no está Bolivia, me dijeron, no están los campesinos, no están los mineros. Gracias a mi oportuna ignorancia de la tradición literaria nacional, gracias a haber en esos días leído a Kafka y no a Arguedas, pude romper con el viejo axioma que decía que las novelas bolivianas debían procurar explicar la realidad profunda del país, y que las Bolivia profunda eran los campesinos y los mineros. No escribí de campesinos y mineros porque ésas realidades eran tan lejanas a mí que intentar apropiarme de ellas me sonaba a descarado atrevimiento: que escriban de mineros, pensé, los mineros, o los que saben de mineros […] y asumí sin complejos que ese mundo urbano y superficial en el que vivía (y todavía vivo) no era menos boliviano que el, por ejemplo, desgarrado mundo minero” (1996).

Sobre esa nueva propuesta de los escenarios de la clase media y media alta como algo ‘boliviano’, han surgido autores que reconocen el aporte de Paz Soldán en la ruptura de ese axioma de la novela boliviana.

Muchos de los escritores actuales reconocen que el momento presente es uno de los más explosivos en la literatura boliviana tanto en la publicación como en la diversificación de las temáticas. Se escribe desde lo costumbrista, desde los movimientos sociales, desde lo histórico y desde la exploración de lo íntimo. Pero entre esas temáticas, se distingue la desarrollada por Hasbún y Colanzi, que reconocen la tendencia intimista de su trabajo y se adscriben al corte con la novela indigenista, la histórica, la mítica andina, la minera, y la costumbrista.

El debate en torno a la novela y el cuento íntimo aún no ha terminado de resolverse. Y aunque en Bolivia se reconoce la calidad literaria del trabajo de los dos autores a revisarse en este texto, aún se le cuestiona la carencia de ‘compromiso social’ en su discurso. Entendiendo por compromiso social lo que Adolfo Cáceres Romero, (2011) refiere como el desinterés de los nuevos autores por explorar la mitología andina: “[sobre las mitologías andinas] no sólo son desconocidas, sino que nuestros narradores o poetas no creen que valga la pena estudiarlas o tomarlas en cuenta”.

Esa tendencia a escribir sin apegarse a referencias culturales de lo rural, es lo que Mauricio Souza Crespo denomina noción de autonomía en el discurso literario que es “la trasfiguración de problemáticas de clase, de contenido”, que expresa una novedad referencial, explorando un territorio que no ha sido muy transitado: el universo psicológico existencial de la clase media.

Ciertamente, Hasbún y Colanzi han nombrado a Paz Soldán en entrevistas, pero como una influencia, sino como un ‘abridor del camino’ literario que están transitando. Esa exploración de lo que dichos autores conocen como seres humanos: la clase media boliviana que vivió su juventud en los erráticos años 90’, que se planteó el objetivo de migrar al extranjero, y ahora escribe desde “allá” con elementos e imágenes afectados por la migración y la tecnología -catalizadores de la globalización-.

Ambos forman parte de una juventud que puede ser comprendida desde las teorías de Rossana Reguillo. Estos autores de la nueva narrativa boliviana hacen uso del lenguaje para una construcción simbólica de “nosotros los jóvenes” al respecto -de forma expresa- de dos autoridades: el gobierno y los viejos escritores, esa ‘vieja’ literatura.

BIBLIOGRAFIA

1. Cáceres Romero, Adolfo. Entrevista en “La Ernestina”. 2011.
2. Colanzi, Liliana. Todas las fiestas del mañana en “Conductas erráticas”. Bolivia: Aguilar, 2009.
3. Colanzi, Liliana. Vacaciones Permanentes. La Paz: Editorial el Cuervo, 2010.
4. Colanzi, Liliana. Entrevista en 25 preguntas. http://sites.google.com/site/25preguntas/25/liliana-colanzi, 2010.
5. Liliana Colanzi. Entrevista en Otro Cielo, 2011.
6. Hasbún, Rodrigo. Cinco. Editorial Gente Común. Bolivia: 2006.
7. Hasbún, Rodrigo. Entrevista en La Ramona, 2006.
8. Hasbún, Rodrigo. Entrevista en Página/12, 2008
9. Hasbún, Rodrigo. Rodrigo Hasbún: Cuentos escogidos. Editorial Gente Común: Bolivia, 2009.
10. Hasbún, Rodrigo. Muestrario de Guerra: Literatura y vida en “Conductas erráticas”. Bolivia: Aguilar, 2009.
11. Hasbún, Rodrigo. El lugar del Cuerpo. Editorial Alfaguara: La Paz. 2010
12. Hasbún, Rodrigo. Entrevista en Otro Cielo, 2011.
13. Paz Soldán, Edmundo. Tergiversaciones y descontextualizaciones históricas: el novelista boliviano y la realidad nacional en “Revista Taller de Análisis Literario”. Fundación Simón I. Patiño. 1996.
14. Paz Soldán, Edmundo. El territorio de la frágil intimidad. http://www.elboomeran.com/blog-post/117/9604/edmundo-paz-soldan/en-el-territorio-fragil-de-la-intimidad/, 2010.
15. Souza Crespo, Mauricio. Apuntes sobre el lugar del presente o Cómo no hablar de la última narrativa boliviana en “Boletín Literario”. Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño. 2010.

Fuente: Ecdótica



Una Respuesta »

  1. […] Pensar en las posibilidades que existen en el terreno de la creación literaria agota cualquier posibilidad de escribir de ello en el marco de un artículo; por ello, habría la necesidad de circunscribirse a un área en concreto. Me parece que si tomamos el terreno de la literatura boliviana surgida desde el año 2000 podríamos dar cuenta de algo. Pero entre la literatura, escojamos a la novela y, sobre todo, aquellas escritas por jóvenes nacidos entre 1977 y 1981. […]

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