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Lynne Walker: “No hay ninguna nota que valga la vida”




Lynne Walker es actualmente la vicepresidenta del Instituto de las Américas en San Diego, California. (Foto Gary Rojas)
Lynne Walker: “No hay ninguna nota que valga la vida”
Por: Paula Muñoz Encinas

Incapaz de concebir el periodismo sin la investigación, ésta experimentada periodista norteamericana, ha practicado durante 33 años un periodismo comprometido, serio, en profundidad y de calidad.

“Ya se acabó todo, pensé. Se enfureció. Si yo veo una patrulla voy a chocar con una pared y voy a matar a todos nosotros, dijo. Tú eres uno de ellos, tú vas a informar. Me empezó a gritar .. y después descubro, porque en ese momento no sabía, que como dicen en México, tenía los cables cruzados”.

Es parte del relato de Lynne Walker, de una única experiencia de riesgo vital durante su investigación para una serie de 18 partes sobre el viaje de un muchacho que cruzó la frontera ilegalmente para llegar con su familia a Chicago y buscar trabajo en EEUU. Journey to the Promise Land se tituló y se publicó en 1996 como una novela con capítulos, en el diario San Diego Union Tribune. Cada día terminaba con un elemento de suspenso y no tenía encabezados. Fue ganador del premio National Headliner Award.

Multipremiada, con tres décadas de experiencia a sus espaldas, Lynne tiene una cifra impresionante de publicaciones en diversas áreas que la sitúan en la cima del Periodismo de Investigación.

Sentada al borde de la piscina del Hotel Cortéz en Santa Cruz, Lynne responde a casi todas las preguntas con elocuencia, en un español con marcado acento mexicano y lleno de muletillas. Gesticula como latinoamericana pero es una gringa de pura cepa entrada en los 50. Es altísima, tiene los ojos celeste claros y una sonrisa espontánea que aparece reiteradamente a lo largo de la entrevista.

De lo único que no habla es de su vida privada. “No hablo de esto por razones personales”, justifica. La periodista que entrevista a la periodista, entiende. Pero en la conversación se escapan algunos detalles que explican su vocación: su pasión por escribir desde niña, The grapes of wrath de John Steinbeck, como una de sus lecturas predilectas, una curiosidad insaciable y el impacto que el caso Watergate, uno de los mayores escándalos políticos en EEUU, tuvo para su posterior valoración sobre la función de la prensa en la sociedad.

Lynne es conocida en nuestro medio por su excepcional investigación sobre la caída de una de las mafias más grandes y temibles, el Cartel de Tijuana liderado por los hermanos Arellano Félix. Pero más importante fue su acabado trabajo sobre el tráfico de indocumentados a través de la frontera México – EEUU, que la hicieron finalista en la competencia por el premio más destacado que reciben los periodistas norteamericanos: El Pulitzer.

La experimentada periodista reconoce que sabe poco del trabajo de la prensa boliviana, sin embargo, se explaya sobre la tradición del periodismo como servicio público para estimular cambios positivos y develar hechos, la urgencia de retomar las viejas prácticas de reporteo para acceder a las fuentes y los riesgos del oficio, que este año ha cobrado la vida de 74 periodistas.

El oficio

¿Cómo define el periodismo de investigación?

– Es un periodismo muy especial, que consiste en ir muy profundo a buscar todos los elementos que han causado una situación. Es de análisis y reflexión y requiere todos nuestros talentos como reporteros. Acá contamos a favor con el factor tiempo y podemos llegar hasta el fondo.

¿Cualidades de un periodista de investigación?

– Curiosidad y persistencia. No debe aceptar el “No”, sino tomarlo como un reto. Debe tener capacidad de análisis, crítica y seguir todas las líneas de investigación.

¿Es más fácil investigar hoy que en los 90?

– Hoy tenemos más bases de datos e Internet, pero lo que hacemos hoy es igual que lo que hicimos ayer: tocar puertas, encontrar aquello que nos quieren ocultar.

Ud. usa el cuaderno de notas. ¿Por qué no la grabadora?

– A veces las personas no quieren hablar cuando uno pone la grabadora en la mesa, y entonces hay que considerarlo. Queremos que las fuentes hablen, te miren y confíen. Con fuentes de gobierno sí es mejor usar la grabadora para resguardo mutuo.

¿Se debe pagar por información?

– No. Jamás. Yo nunca lo he hecho. Si tengo que pagar, no es información creíble porque la gente te dice lo que quieres escuchar como un producto o servicio.

¿Ha usado la cámara o el micrófono oculto en alguna ocasión?

– Nunca. Somos periodistas y nos debemos identificar como tales. No somos detectives que trabajamos encubiertos. Tenemos que siempre decirle a la gente quiénes somos y de qué se trata.

¿Cómo afronta una investigación?

– Tengo una hipótesis basada en cosas que he investigado que no siempre se confirman. Ahí uno debe renunciar a ella por honestidad con nuestros lectores y nosotros mismos. La ética manda. Después, valoro todas mis fuentes, personas, textos, informes, Internet. Y de ahí contacto a las fuentes que son quienes te dan más pistas y te contactan con otras fuentes.

¿Ha ocupado Wikileaks?

– Sí. Periódicos importantes del mundo lo han utilizado ya. Yo lo usaría como una pista, entre otras.

¿Dónde se buscan los temas de investigación?

– En la propia comunidad. Ese asunto de hablar con la gente. Son ellos los que saben lo que está pasando y siempre quieren hablar. Hay que preguntar. A la competencia también hay que leerla. En una crónica, de pronto, yo encuentro una historia en el párrafo 30 que la reportera pasó de largo.

De todos los casos en los que ha trabajado, ¿cuál destacaría?

– En 1998, una serie de 5 partes que se tituló “The Invisible Work Force” sobre los mixtecos, un grupo indígena de México que formaban parte de la fuerza laboral en EEUU. Le puse este título porque alguien me dijo: “Queremos que sean invisibles, que trabajen en la noche y desaparezcan en el día”. Otro trabajo fue sobre la inmigración. Tuvo 4 partes y se tituló “Beardstown: Reflections of a changing America”. Y el último, sobre las pandillas internacionales: “De Honduras a Hollywood”.

La prensa de aquí y allá

Hablemos de contrastes.

– Hay contraste en la cantidad de trabajo que tienen que hacer mis compañeros en América Latina. Si tienes que entregar por lo menos 4 notas diarias, es imposible. No puedo imaginar este ritmo. Cuando uno tiene tanto trabajo, obviamente no tiene tiempo para investigar. Esto es una línea de producción, como una fábrica. Admiro a los colegas, porque yo no podría hacerlo.

¿Qué opina de la prensa latinoamericana en general?

– Es una prensa trabajadora. No creo que hagan muchas preguntas porque no tienen tiempo. Tampoco lo tienen para analizar.

Los riesgos

¿Alguien le ha truncado totalmente una investigación?

– Todo el tiempo hay obstáculos. Todos quieren ocultar información. Pero yo pienso: Éste es mi papel y si quieren impedir que llegue al final, encontraré otra forma. Ésta gente cree equivocadamente que si no hablan, uno no publica. Pero están equivocados. Lo hacemos todo el tiempo.

¿Cuáles son los riesgos de éste género?

– Toda investigación es un riesgo profesional porque uno puede fallar y no llegar al final. Pero yo siempre los tomo. Yo estoy preparada y dispuesta para riesgos personales también. Cuando hablas con narcotraficantes, maras, mafias, tienes que desarrollar una estrategia.

Hablemos de una situación de riesgo vital.

– Cuando escribía sobre el viaje de un muchacho, casi perdí la vida. Un traficante de seres humanos que tenía los “cables cruzados” iba al volante mientras yo de copiloto. Como yo soy muy firme en que el periodista debe identificarse como tal, al descubrir mi oficio, amenazó con estrellarse con una muralla. Traté de tranquilizarlo, negociar y razonar.

¿Qué pasó por su mente?

– Que ahora sí iba yo a salir en la primera plana de mi periódico con una foto de un coche volcado como los que siempre vemos en las fotos de traficantes de migrantes. No mis historias. Ya se acabó todo, pensé.

¿Y en ese momento, el periodismo de investigación vale la pena?

– Claro, porque sobreviví. Pero si muero, no vale la pena. No hay ninguna nota que valga la vida de un periodista. Ninguna.

TRAYECTORIA

Lynne Walker fue corresponsal durante 15 años de “Los Angeles Times” en la ciudad de México. Trabajó para “The Copley News Service” y “The Independent”, ambos medios de Estados Unidos. Más tarde colaboró con “BBC-Radio” y con el diario “Glasglow Herald” del Reino Unido.

Su proyecto más reciente, liderar desde la Vicepresidencia el Instituto Las Américas en San Diego, una organización interamericana privada, independiente y sin fines de lucro que ha establecido una reputación como líder en la cooperación entre EEUU y Latinoamérica, no la sitúa precisamente en el ocaso del periodismo, sino en un presente vigoroso desde donde se ha propuesto enriquecer el trabajo de sus colegas.

También es directora del Programa China – América Latina que mantiene el Instituto de las Américas con el Instituto de América Latina en Beijing.

De paso en Bolivia, invitada por la Fundación para el Periodismo, más de una veintena de periodistas locales aprendieron cómo mejorar las características de una noticia que implica la búsqueda de mayores datos para enriquecer la información. También, relató el proceso de investigación que realizó para el reportaje sobre la caída del capo de un cártel del narcotráfico, BenjAmín Arellano Félix, con una visión muy particular.

Fuente: Los Tiempos



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