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La inspiración de la joven literatura boliviana (Parte II)



La inspiración de la joven literatura boliviana (Parte II)
Por: Irina Soto-Mejía

Quiénes y qué

Liliana Colanzi (Santa Cruz) ha publicado el libro de cuentos Vacaciones Permanentes (2010) que ya lleva su segunda edición. Previa a esa publicación, formó parte de tres antologías de cuento, y ha desarrollado la labor de periodista. Realizó un posgrado en Estudios Latinoamericanos en Cambridge, y realiza un doctorado en literatura comparada en Cornell.

Rodrigo Hasbún (Cochabamba) ha publicado el libro de cuentos Cinco (2006) que ya lleva su tercera edición, y la novela El lugar del cuerpo (2008) que va por su tercera edición. Además, ha publicado la colección de cuentos Familia, publicada en el proyecto cartonero “Yerbamala Cartonera” y una antología de Cuentos Escogidos (2011). Actualmente, realiza estudios de doctorado en Cornell.

Ambos autores formaron parte de la colección de 14 relatos de no ficción incluidos en Conductas erráticas. Primera antología boliviana de no-ficción (2009).

Conductas Erráticas (CE) se consolida como un hito en la literatura boliviana, puesto que cada uno de los autores elegidos elabora un texto que responde a la premisa “¿Por qué escribimos?” El prólogo del libro justifica su elaboración asegurando que “Ahora, más que antes, la gente tiene hambre por lo verídico, por la reconstrucción del acontecimiento por la confesión […] En su forma más popular, este deseo de veracidad se detecta en la moda de los reality shows. En su forma literaria, […] Libros que funcionen como cámaras escondidas registrando el punto de quiebre, el que hizo que las cosas nunca vuelvan a ser como antes”.

Ese mismo prólogo sugiere el libro como un muestrario de lo que está sucediendo en Bolivia, “un termómetro. Mide el pulso, las obsesiones, los desvaríos, los excesos, los miedos, las búsquedas de una generación”. Cada uno de los textos surge a partir de una fotografía, lo que constituye, en sí, un ejercicio interesante en la literatura boliviana.

Los lugares que los autores visitan en CE tienden a confluir, abundan las referencias literarias, musicales, cinematográficas, los viajes, el regreso a ciertos lugares, exilios voluntarios, relatos sobre ritos de paso, aprendizaje sentimental y la propia percepción del medio boliviano como factor en el desarrollo literario.

Liliana Colanzi, la renegada del Oriente

El trabajo de Liliana Colanzi ha sido muy poco revisado en comparación al de Rodrigo Hasbún. Probablemente, esto se debe a que la autora ha publicado únicamente un libro de cuentos ‘en solo’, y aún no le han sucedido más libros de cuentos, ni incursiones en la novela. Además, ha participado de pocos encuentros de literatura si se toma como referencia a Hasbún.

Vacaciones permanentes (VP) es un libro que contiene cinco cuentos que según la autora tratan: “Sobre la familia, el fin de una época, el caos de hacerse adulto. Sobre querer salvarse y terminar cometiendo los mismos errores de los padres”.

Los relatos de VP relatan las experiencias de Analía, desde su derruida percepción del lugar(es) en donde habita, su deseo de emigrar, y su exilio. Ese exilio le permite alejarse de lo que expresamente detesta, para una reinvención en ‘otro’ lugar. Es necesario indicar que Santa Cruz, el lugar-escenario desde donde se inicia VP, es también el lugar de nacimiento de Colanzi. Esta ciudad boliviana ha sido el epicentro de la corriente ‘por la autonomía’, y alberga a lo que el presidente Morales denomina ‘la oligarquía’ del país, compuesta por terratenientes, latifundistas quienes componen las instituciones opositoras al Gobierno central. Al mismo tiempo, esta ciudad es conocida como ‘la Miami’ de Bolivia, un lugar en donde se concentra el mundo de la ‘farándula’ boliviana. El rincón del país donde el modelaje es el principal rubro de trabajo de las mujeres, y en donde hasta hace pocos años, no existía un corriente de literatura, teatro o artes regular.

Esa vivencia de la clase media alta está plasmada en los primeros cuatro cuentos de VP. “1997” relata la llegada de McDonald’s a Bolivia, y en voz de uno de los personajes, la empresa de comida rápida “es una porquería, pero si ellos han llegado significa que por fin llegó la civilización”.

En VP, Colanzi reniega de la superficialidad de Santa Cruz, del estigma de haber nacido en un país del tercer del mundo, y plantea el exilio voluntario y el viaje como una reinvención del personaje principal, Analia.

La idea de la reinvención y el cambio o creación de nuevos mundos para huir del mundo presente ‘de los viejos’ es una idea recurrente en el trabajo de Colanzi. Ella misma aseguró, en la revista Otro Cielo (2011) que esa huida es su objetivo al momento de escribir

“Una sensación me acompaña desde chica es la de estar fuera de lugar en todas partes. Mientras crecí no conocía a nadie quien gustara de leer, y de alguna forma llegué a la conclusión de que el interés por la lectura y la escritura eran algo que debía ocultar. Creo que escribir fue, en principio, el medio para lidiar con ello, para crear un mundo propio en el que me sintiera más a gusto”.

Al igual que Hasbún, Colanzi ha sido increpada sobre el nivel de autobiografía presente en su literatura. Analía nace en Santa Cruz, forma parte de una familia acomodada, visita los bares que Colanzi cita como sus favoritos en entrevistas, y se va Londres. Al respecto, la autora indicó, de nuevo, a Otro Cielo:

En Vacaciones Permanentes he utilizado nombres de hoteles, bares, colegios y calles que conozco. Como Analía, yo viví en Inglaterra y trabajé de mesera. Al igual que ella, era muy despistada y una vez me echaron de un restaurante. También fui a un colegio católico estricto y me llevaba muy mal con los curas. Algunas de las historias tienen su correlato con experiencias personales, viajes, peleas, anécdotas. Sobre todo esto último: he robado muchísimo de historias de familiares y de amigos. Una vez, revisando viejos emails, encontré uno en el que un amigo me contaba cómo había pasado la noche en la comisaría después que lo encontraran quemando basureros en la calle. Esa historia, aparece, casi idéntica a como me la contaron […]. Pero Analía es ficción, y todo lo que corre es finalmente suyo.

Colanzi deja claro que su literatura es ficción y que sus obsesiones y sentimientos son plasmados a través de ficciones.
Su relato no-ficcional “Todas las fiestas del mañana” publicado en CE ahonda en la estrategia del renegado. Colanzi escribe sobre lo que no encuentra, sobre lo que no le agrada. Y concluye expresando su decisión de estudiar en Cornell. De nuevo, la idea del exilio y la reinvención en un ‘otro’ lugar que promete lo que Bolivia no puede, eso que Colanzi nombró en una entrevista a 25 Preguntas sobre el hecho de haber nacido en Bolivia: “Afecta más haber nacido en un país sin una tradición literaria conocida y con una infraestructura cultural precaria”.

La guerra de Hasbún

La obra de Rodrigo Hasbún ha sido revisada con minuciosidad a partir de la publicación de su novela El lugar del cuerpo, lo que le ha situado como el iniciador de esta corriente con estrategia intimista en la literatura boliviana. Si bien antes el punto de partida, la inspiración para la literatura boliviana estaba en acontecimientos históricos (hasta Edmundo Paz Soldán, que partía de golpes de estado o quiebres políticos nacionales) o la realidad social del pueblo, las costumbres y ritos de los pueblos originarios; con la inauguración de Hasbún, se puede vislumbrar una inspiración diferente, otro punto de partida al momento de escribir.

En diferentes entrevistas, y en su relato no ficcional en CE, Hasbún ha hecho referencia a su guerra para conseguir elementos de inspiración, y producir textos.

Existe una pregunta que suele ser común cuando se trata de periodistas bolivianos entrevistando a escritores bolivianos: “¿Cuál es la importancia de hacer literatura en nuestro país?”. Cuando Andrés Laguna le hizo esta pregunta a Hasbún, este replicó sobre esta necesidad boliviana de atribuirle una función social a la literatura:

“En países pobres como el nuestro, aquejados por problemas sin solución, todavía nos rompemos la cabeza intentando encontrarle alguna función ¿Hacer literatura tendría que tener una importancia distinta en nuestro país? ¿Por qué la pregunta no es simplemente: cuál es la importancia de la literatura? ¿A este lado del continente está obligada a tener un valor añadido-digamos- el de explicar la realidad y ofrecer respuestas? Que la mayoría de los escritores hayan creído que sí, confundiéndolo todo y haciéndose cargo de tareas ajenas, es uno de los grandes lastres y padecimientos de la literatura boliviana”.

Hasbún ha hecho de esa guerra algo personal. Ese punto de vista está claramente marcado en diferentes pasajes de su labor literaria, tanto en cuentos como en novela. Es usual encontrar en su literatura el planteamiento de ciertas ‘incomodidades’ de sus personajes con respecto a su situación actual, y el desencanto cuando las situaciones encontradas no satisfacen todas las expectativas cifradas.

Para empezar, Hasbún se mueve en torno a la misma molestia planteada por Paz Soldán: la imposibilidad de escribir desde realidades bolivianas alejadas de la propia. El mismo Paz Soldán se ha referido a Hasbún en su ensayo “En el territorio frágil de la intimidad”, el cual hace referencia a los escritores bolivianos que en lugar de retratar los cambios sociales ocurridos tras la revolución político social del Presidente Morales se dedican a explorar espacios intimistas y la subjetividad de sus personajes.

Al mismo tiempo, Paz Soldán retrata con cabalidad, y desde su propia vivencia, la experiencia de escribir ‘íntimamente’ en Bolivia:

“[…] estos escritores se han puesto a indagar en el territorio frágil del yo. En un país pudoroso, en el que la gente es poco dada a hablar de sí misma y cuesta dar validez a la aventura personal, narrar los pequeños temblores de la intimidad puede ser más riesgoso que escribir una novela de los triunfos sociales […] Los bolivianos hemos estado tan obsesionados con nuestro enclaustramiento territorial que este se ha convertido en un aislamiento emocional”.

De ahí que el trabajo de Hasbún sea reconocido entre jóvenes colegas, y nombrado por algunos autores ‘viejos’, pero de ninguna manera sea celebrado como –aún- se celebra la obra de autores que toman la problemática social como punto de partida de su quehacer literario.

El quiebre entre la literatura que relata lo colectivo y al literatura de subjetividades bien puede ser uno de los elementos para caracterizar a la generación de literatura latinoamericana a la que Hasbún pertenece, la unidad de esos escritores no radica tanto en las formas o temáticas como en la hipertextualización o la comunicación compulsiva; sino más bien en esa desazón de frente a un sistema político que no parece representarlos. Por ello la huida a los temas políticos, a las grandes transformaciones de las sociedades, un gesto que siendo aparentemente apolítico es profundamente político: la política de la identidad, del cuerpo, del discurso amoroso, de hibridación y del desencanto.

Tanto los cuentos como la novela de Hasbún están plagados de referencias autobiográficas, al punto de llamar a uno de sus personajes recurrentes ‘Rodrigo’, quien escribe de manera autobiográfica sobre ‘Pablo’, que vendría a ser un segundo reflejo autobiográfico:

“Alejandra piensa: me molesta que escriba sobre nosotros sin nuestros nombres, que se oculte detrás de esos personajes. Que robe escenas de nuestra realidad y se las atribuya a sí mismo, a su imaginación. Alejandra está pensando en los últimos cuentos que Rodrigo le ha mostrado: en ellos aparecían los mismos personajes: Valeria y Pablo, una trasposición de ella y de él” (Cinco, 2006).

Y sobre Pablo y Valeria

“Llévate contigo tu nombre, puta, ladrona, quise decirle, para herirla, para devolverle un poco del dolor que me estaba provocando. Llévate contigo todo y por favor no vuelvas (porque Valeria siempre vuelve después de irse). Y por favor no vuelvas esta vez, Valeria, quise decirle, es lo que más te pido, que te vayas para siempre […]” (Cuentos escogidos: Rodrigo Hasbún, 2009).

Sobre este abordaje de lo íntimo a partir de un límite escurridizo entre lo que es ficción y lo que no, el mismo Hasbún ha preferido dejar abierta la conclusión acerca del nivel de autobiografía en su producción, tal como lo hizo en su entrevista a La Ramona, se le inquirió sobre la medida exacta en la que el autor Rodrigo se refleja en su personaje Rodrigo, y la respuesta, además de aclarar la duda, profundizó en las fuentes que propiciaron su literatura a lo ‘reality’.

Me interesa la literatura íntima, confesional. Esa en la que parecería que el escritor te está hablando al oído, solo a ti. O que está tumbado en el suelo, desangrándose, u oyes sus lamentos o su risa y entiendes perfectamente el gesto y lo agradeces, porque te sientes igual y resulta reconfortante. Esa literatura en la que se muestran las heridas y hay miedo y no todo está tan bien. Podría haber llamado de cualquier modo al personaje que se parece a mí y que vive cosas parecidas a las que yo viví o creí vivir o imaginé vivir y de todas maneras el lector hubiera sospechado el lazo inevitablemente concluido: este tipo no se anima a decirlo, se oculta detrás de un nombre. Me voy a propósito al otro extremo y ahora me gustaría que ese mismo lector se pregunte lo contrario: ¿hasta qué punto es cierto lo que me está contando? ¿Cómo sucedió realmente?

Si bien las ficciones Hasbún retratan las guerras de los personajes, que pueden ser las mismas que las de Hasbún, su participación en Conductas Erráticas “Muestrario de Guerra: Literatura y vida” (MG) narra a cabalidad la guerra personal del autor contra lo que o quien en algún momento le impidió hacer literatura: Bolivia.

MG fue un texto leído en el marco del V Encuentro de Escritores Iberoamericanos (2008) realizado en la ciudad de Cochabamba. Durante la realización del evento, Silvina Friera (periodista argentina) entrevistó a Hasbún, y su nota fue publicada con el título: “Aquí, nadie vive de la escritura”, que hace referencia a la aseveración enfática del autor sobre la imposibilidad de hacer regalías en un país que antepone emergencias políticas y sociales a la cultura.

Cheever es uno de los escritores que Hasbún refiere repetidamente, y justamente, MG inicia citándolo: “No disimular nada ni ocultar nada […] Escribir sobre las cosas más cercanas a nuestro dolor, a nuestra felicidad”.

Sin rodeos, MG expresa la ambición de Hasbún por alcanzar un nivel de intimidad que no disimule ni oculte, que obedezca a su cuasiobsesión con los diarios íntimos, con los textos que perturben por el acercamiento crudo a la existencialidad de los personajes, tal como la entrevista realizada por Freiro reza

“No me interesa tanto explicar o describir al país, que está presente siempre pero de forma solapada, como un telón de fondo que se mueve y que inquieta pero no es lo esencial. Lo esencial es lo que están sintiendo los personajes, los fantasmas de los que intentan escapar […] Desarmar la cotidianidad, retratar las luchas diarias, explorar la intimidad. Lo que sucede en la habitación, lo que sucede en la sala de estar, lo que sucede en el baño, lo que sienten y piensan esos personajes tan comunes. En lo aparentemente intrascendente están ocultas a veces las verdades más brutales y, como dice Philip Roth, las fuerzas de la historia, así con mayúscula, a menudo son más visibles y se mueven más ahí”.

La inquietud de Hasbún expresada en MG es la lucha por acceder a autores como Cheever o a cineastas como Tartovsky, en un país y en una época en la que plantearse ese objetivo era algo como “Llegar a China a pie”, en sus propias palabras “Aspiraríamos a lo que aspiraban los escritores jóvenes de cualquier otro país, ambicionaríamos lo mismo que ambicionaban ellos o que nosotros creíamos que ambicionaban”.

A modo de conclusión

La condición de Bolivia como un país mestizo que aún regresa y reclama su condición ‘originaria’ indígena es un factor que determina la perenne concepción de la cultura como algo estático. En tanto que la cultura no se reconozca (fuera del ámbito académico, en las calles) como un proceso dinámico de intercambios, y no se abandone esa idea de una ‘cultura ancestral única y pura’, la literatura boliviana puede permanecer condenada a reconocer únicamente el trabajo de autores que escriben sobre la tierra, sobre el campo, la explotación del campesinado y cosas que son ‘útiles’ y ‘prácticas’.

El deseo de hacer de la literatura un instrumento al servicio de la sociedad resulta en uno de los mayores perjuicios para la producción y sistematización de la literatura nacional. Es necesario reconocer que los textos novelísticos son el resultado de un proceso de apropiaciones de la realidad social cambiante.

La obra de Colanzi y de Hasbún es un acto político y cultural. Es el trazo de una senda que registra de forma imborrable, la posición contrariada de la juventud boliviana frente a instituciones sociales y sistemas educativos que no han sabido darle un lugar ni satisfacer buena parte de sus expectativas.

La literatura boliviana se encuentra en un momento justo, se le ha dejado de exigir ese compromiso social incómodo y existe una cabida a las experimentación en ámbitos interiores. A la par de la tecnología, y de la globalización, el centro de las historias está en la confusión, en la ambigüedad de lo narrado, en la velocidad y en el difuso límite entre ficción y no ficción. Así como la diatriba de Hasbún a través del personaje principal, Elena, en El lugar del cuerpo, una anciana escritora que buscar escribir su última novela revisando sus diarios íntimos, mientras sobrevive al cáncer en un país extranjero:

¿Debía mencionar el nombre de su país por primera vez? ¿Hablar por primera vez, desde la literatura, de las condiciones sociales y económicas de su país, lamentables, injustas, dignas de siglos anteriores, épocas bárbaras en las que eran más plausibles esas formas de vida, el esclavismo al que se somete la criada campesina por un sueldo mínimo y un día de descanso, el minero destinado a morir máximo a los treinta y cinco o treinta, el presidente y su minero prófugos, cantidades de dinero que no podrían dilapidar ni diez generaciones de herederos? ¿No es eso de lo que había huido siempre, desde su primer libro, la aborrecible tendencia de los escritores de país de hacer sociología por medio de la literatura, un libro de quejas mediocre, un observatorio de denuncias? (2010)

Ambos autores, aunque Hasbún con una propuesta más clara, son representantes de una generación aún no categorizada ni estudiada formalmente, enfatizan la importancia de los puntos de quiebre, no hablan de la migración, sino del existencialismo del migrante.

Las transformaciones personales ocurridas por las transformaciones trascendentales. Esa es la inspiración de la literatura boliviana joven, o al menos, esa es la hipótesis que estudios posteriores deberán probar.

Fuente: Ecdótica



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