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Insólito: se vuelve a negar la autoría de Nataniel Aguirre A.




Insólito: se vuelve a negar la autoría de Nataniel Aguirre A.
Por Jaime De La Fuente Patiño

Hace poco tiempo atrás se publicó: “La segunda revolución de Cochabamba” escrita por los historiadores Luís y Alejandro Antezana, y en este libro lamentablemente se presenta la famosa novela de Nataniel Aguirre: Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la Independencia, como si no hubiese sido escrita por él, sino por el “militar retirado Juan de la Rosa (Juan Altamira Calatayud)”. De esta manera, se vuelve a negar la autoría de Aguirre sobre su más importante obra, corroborando indirectamente la teoría del literato Gustavo V. García publicada en La Razón el 19 de septiembre del año pasado, teoría que es equivocada y que fue refutada por el profesor e investigador literario Adolfo Cáceres Romero en este periódico (16/01/2011) y en tres artículos que publiqué en este matutino (30/10/2010, 02/01y 20/02/2011). Asimismo, fue puesta en duda por la Dra. en Literatura Alba Paz Soldán en Nueva Crónica Nº 73.

Sin embargo, los Antezana no parecen haber leído estas publicaciones ni presentan pruebas documentales de la existencia del “militar retirado”. Sólo se refieren a la primera edición de dicha novela, en la que ciertamente figura Juan de la Rosa como su autor y principal protagonista, que relata su infancia en Cochabamba durante el inicio de la Guerra de la Independencia entre 1810 y 1812 cuando tendría 11 a 13 años, lo que no prueba su existencia puesto que Juan de la Rosa, según la misma novela, es un seudónimo usado por el autor combinando el nombre de su protagonista Juanito con el de su madre Rosita, y el supuesto nombre de “Juan Altamira Calatayud” que le atribuyen dichos autores es sólo una deducción forzada de la misma novela en la cual, si bien es cierto que el futuro Coronel de la Rosa era el hijo de los amores prohibidos del joven heredero criollo Carlos Altamira con la hija mestiza y huérfana del “mayordomo” de nombre “Rosita”, no fue reconocido por su padre, por lo que habría sido bautizado con el apellido de su madre.

Pero, este apellido inexplicablemente no figura en la obra, en la cual se afirma que dicho coronel por parte de madre era “tercer nieto” o tataranieto del famoso insurgente mestizo Alejo Calatayud, quien no tuvo descendencia conocida, pero en esta novela se cuenta imaginativamente que tuvo una hija llamada “Rosa” que se casó con un “campesino criollo muy pobre, pero honrado y excelente hombre”. Luego se da a entender que una hija de este matrimonio se habría casado con el “mayordomo” de la casa Altamira, quien figura como el padre de “Rosita” que es la madre del coronel. De modo que el apellido de ella no podría haber llegado a ser Calatayud, sino cualquier otro apelativo desconocido, lo que constituye un misterioso enigma introducido en la obra por su verdadero autor: Nataniel Aguirre, para no revelar su propia identidad oculta bajo dicho seudónimo, pues tenía varios motivos para hacerlo:

Primero, él era un destacado político, escritor e historiador, que poco tiempo antes había sido Ministro de Guerra y de Relaciones Exteriores de nuestro país durante la Guerra del Pacífico contra Chile, y hubiese sido criticado por escribir novelas en vez de proseguir con su obra histórica inconclusa sobre dicha conflagración que publicó en 1882-1883. .

Segundo, Aguirre era descendiente de funcionarios realistas relacionados con su novela, y el escribirla con su nombre, pero haciéndose pasar por un coronel patriota, se habría visto como algo incongruente y le hubiese restado credibilidad. Su abuelo materno era el Gobernador realista de Cochabamba González de Prada y su bisabuelo era el Comandante Lombera, quienes fueron destituidos en la revolución del 14 de septiembre de 1810, pero luego siguieron militando en las filas del Rey. Su abuelo paterno Tomás de Aguirre fue Contador de las Cajas Reales de Cochabamba hasta su fallecimiento en 1817. Después, su hijo y padre de Nataniel, Miguel María de Aguirre, prácticamente heredó este cargo a los 19 años, teniendo un año más que el coronel de la novela, siendo un funcionario realista y no su compañero en el ejército patriota como se alega en dicha teoría contra Aguirre, en la que también se arguye erradamente que este coronel radicado en el valle paceño de Caracato habría enviado su obra para su publicación al hijo de su fallecido compañero de armas: Nataniel Aguirre que vivía en Cochabamba. Quien la recibió y se apropió de ella, para luego publicarla en el periódico local “El Heraldo” en 1885.

Por otro lado, según la misma novela, el futuro coronel después del combate de la Coronilla y con solo 13 años, habría iniciado una supuesta y meteórica carrera militar como “tambor de órdenes en el ejército porteño (argentino) de Belgrano” hasta ascender a coronel y ser “edecán del Gran Mariscal de Ayacucho” en la Guerra de la Independencia que terminó en 1825, cuando se retiró del ejército a los 26 años (este currículum no tiene respaldo documental). Luego, habría esperado 23 años hasta “1848” para empezar a escribir estas memorias en el “hondo y escondido valle de Caracato” donde tenía un “pobre viñedo”, y habría demorado 36 larguísimos años para terminarlas en 1884.

Cuando tendría 85 años y cuando en vez de recurrir a una imprenta para publicarlas, las envió a un desconocido corresponsal de una sociedad patriótica cochabambina (que inexplicablemente las publicó en El Heraldo), según se indica en la carta-prólogo de las mismas.

Además, se trataba de la primera de cuatro partes de estas memorias sobre dicha guerra, y la única que escribió y fue publicada en 1885, porque un año después, en una nota en El Heraldo justo al inicio de “La bellísima Floriana” de Nataniel Aguirre, se indicó que dicho coronel ofreció enviar pronto la segunda parte después de corregirlas. Pero, este envío no llegó a concretarse, quedando la obra inconclusa por el posible fallecimiento del autor.

Este relato parece fantasioso e irreal, y solo se explica siendo Aguirre el autor de la novela y de esa nota, porque sólo él pudo hacerlas publicar con dicho seudónimo en El Heraldo, pues allí lo conocían muy bien por haber editado antes en su imprenta otras de sus obras. Asimismo, él habría tomado el dato de Caracato y otros de la “Biografía de Don Clemente Diez de Medina. Coronel de la Independencia” (A. Aspiazu: 1864), en la cual este verdadero coronel paceño, al enterase en 1828 del atentado contra el Presidente Sucre, de quien no fue su edecán y cuando tenía 51 años, se retiró a su finca ubicada justo en Caracato hasta su muerte en 1848. Además, Aguirre falleció prematuramente a los 45 años en 1888, dejando esta su obra al igual que otras sin concluir.

En todo caso, 21 años después de su muerte, en 1909, se publicó la segunda edición de esta su novela, con prólogo del político e historiador mizqueño Eufronio Viscarra, como si fuese una obra completa por motivos literarios y comerciales, y como el primero de dos tomos de las Obras de Nataniel Aguirre y no del imaginario coronel, lo que determinó que en las siguientes ediciones figurase Aguirre como su autor, antecedente que fue criticado en dicha teoría, sin tomar en cuenta que fue la viuda de Aguirre, Margarita Achá Antezana, quien sabría del seudónimo y quien hizo publicar estas obras con fondos del estado, en virtud a la ley del 28 de noviembre de 1906 que precisamente le autorizaba publicar las obras de su extinto marido, y que por ende fueron registradas como “propiedad de la familia del autor”. Además, en el segundo de estos tomos se aclaró en una “Advertencia” que Aguirre “poco antes de su muerte” indicó que su mentada novela era el primer volumen de su obra sobre la Guerra de la Independencia que debía continuar en otros tres volúmenes que no llegó a escribirlos.

Tercero, en la época en que vivió Nataniel Aguirre estaba en boga escribir novelas históricas de tipo “ilusionista”, es decir, novelas en las que se creaba la ilusión de que la ficción coincidía con la realidad. No era raro “que el autor afirme que la historia que narra es verdadera o aduce otras pruebas que garantizan su veracidad” (Kurt Spang: La novela histórica: 1995). En este sentido, salta a la vista que Aguirre para darle mayor credibilidad a su novela, se presentó a sí mismo como el coronel Juan de la Rosa que narra sus memorias.

Más aún, Aguirre para reforzar esta ilusión de veracidad creó varios personajes entre parientes y amigos del coronel haciéndolos testigos y narradores de diversos episodios de su novela histórica, que está basada esencial y notoriamente en los Apuntes para la Historia de Cochabamba de Eufronio Visacarra (1882). Aunque Aguirre no solo reprodujo novelescamente lo escrito por aquél y otros autores, lo hizo como un historiador revisionista efectuando rectificaciones y críticas, demostrando su elevada cultura impropia de un coronel que escribe sus memorias. Además, contrariamente a un autor memorialista, Aguirre repitió notorios errores históricos de obras anteriores que después serían rectificados, como, por ejemplo, señalar que los líderes de la revolución del 14 de septiembre de 1810 fueron enviados antes a Oruro como prisioneros, cuando fueron allí para defender esta ciudad de la sublevación del cacique Titichoca (Beltrán: H. del Alto Perú: 1918: 34), o indicar que el Prefecto patriota Mariano Antezana estuvo presente en el combate de la Coronilla, cuando estuvo refugiado en un convento (Viscarra: Biografía de E. Arze: 1989: 198-200 y LII-LIV).

Para leer el libro completo Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la Independencia de Nataniel Aguirre pulse aqui

Fuente: Los Tiempos



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