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La ruptura creativa



La ruptura creativa
Por: Christian Jiménez Kanahuaty

Lectura de los variados caminos que transitan, juntas y separadas, la literatura y la política desde la especificidad boliviana.

Pensar en las posibilidades que existen en el terreno de la creación literaria agota cualquier posibilidad de escribir de ello en el marco de un artículo; por ello, habría la necesidad de circunscribirse a un área en concreto. Me parece que si tomamos el terreno de la literatura boliviana surgida desde el año 2000 podríamos dar cuenta de algo. Pero entre la literatura, escojamos a la novela y, sobre todo, aquellas escritas por jóvenes nacidos entre 1977 y 1981.

Habría que acotar que la crisis de los relatos globalizadores, una vez criticado el capitalismo y su forma de dominio político y cultural sobre las naciones, hayan tenido o no un pasado colonial, genera otro tipo de relatos. Esos nuevos relatos también tienen la capacidad de constituirse como hegemónicos —o ¿quién duda ahora de que el discurso de lo étnico tiene preeminencia sobre la cuestión de clase como parte de las investigaciones sociales? O ¿En qué medida, por ejemplo, el discurso del mestizaje sirve de telón de fondo en las argumentaciones que dan vida, proyección política y cultural al discurso de lo plurinacional?—. En ese sentido, tenemos que un relato, si bien no muere del todo, es capaz de permitir la existencia de otro y, es más, de anidarse en su interior. Como algo que se retroalimenta.

LA SUERTE DEL ESCRITOR. Cuando se entra en crisis, todo estalla. Hay rupturas y se empieza a hablar de especializaciones, las áreas ya no son una sola. El conocimiento se ha dividido y sus portadores ahora tienen nombre de oficios: arqueólogos, antropólogos, abogados, politólogos, filósofos, etc. Las áreas se han dividido y el conocimiento genera sus propios campos y por más que se proponga unirlos y aplicar cierta transdisciplinariedad en las ciencias sociales y su redefinición, cada vez más hay un fuerte núcleo de especialización. Una especialización que parte de supuestos epistemológicos y metodológicos. Todo ello, como se entenderá, marca una forma de entender y asimilar el mundo o, por lo menos, nuestras sociedades.

En suma: un relato se rompe y otro aparece, y cuando aparece es el momento en que las ciencias humanas se dividen y surge la especialización.

¿Cuál es la suerte del escritor en este nuevo escenario? No es casual que se use a la ficción para interpelar a los sujetos y constituir, de ese modo, identidad.

El escritor no está exento de la crisis de conocimiento. Cree también en una especialización. En una suerte de profesionalización de la escritura. Entonces la premisa, por más romántica que sea, es el dominio del lenguaje a partir de ciertas técnicas, intuitivas o no, que puedan permitir al escritor alcanzar el texto. Sin embargo, los límites aparecen no sólo cuando faltan las herramientas técnicas para escribir, sino también cuando se trata de entender el mundo y cuáles son las respuestas que damos a determinadas preguntas.

PUESTA EN ESCENA DE LA MORAL. Las novelas están escritas por escritores que tienen un conocimiento más o menos amplio sobre su oficio. ¿Pero, sobre las demás áreas, qué pueden decir? No es cuestión de no saber nada de lo que pasa alrededor. Es, más bien, la posibilidad de negar el ingreso de lo externo al terreno de la literatura. Al menos en el caso de Bolivia, todo indica que la crítica a la literatura minera, campesina, histórica, caló profundamente en los escritores. Ellos —nosotros— pretenden evitar ciertos temas y concentrarse en lo que le sucede a un determinado personaje, y sí, a partir de lo que le acontece podremos ver guiños morales, sociales, políticos y demás, pero se trata de entenderlo bajo nuestros propios recursos como lectores. El asunto es que el escritor no los hace explícitos. De nuevo: porque se piensa que parte de la crítica a esa tradición de novelas de corte social ha hecho daño a la literatura. ¿Será así? ¿Es un juicio moral antes que estético o es un juicio estético más que moral? Y, ¿a qué cuentos viene aquí la moral? Pues la moral es la que nos permite posicionarnos como escritores, como seres humanos. Desde ese terreno es que podemos o no soportar el horror, la injusticia, la guerra, el odio, el maltrato, etc. Sin moral no habría arte. Pero, en realidad, la escritura es la puesta en escena de una moral colectiva dentro de un terreno límite, como es una novela. Y, sí, es pretencioso de mi parte decir que la novela transforma nuestra vida, pero pensemos que es posible, porque muchos de nosotros no sólo escribimos, sino que leemos, ingresamos a carreras de literatura, queremos hacer crítica literaria e historia de la literatura, o actuamos de determinada manera, nos ponemos pseudónimos en el facebook, en myspace o en twitter y recomendamos autores y libros, porque en un determinado momento, un libro, una novela y un personaje nos hizo sentir algo que ni la música ni el cine ni la televisión ni nuestros amantes nos hicieron sentir. Esas novelas enormes que, a pesar de los siglos, el polvo y los muertos, se siguen leyendo, nos siguen diciendo más de nosotros mismos que nuestros periódicos.

DESPOLITIZACIÓN. Y eso es el miedo. Un miedo a representar nuestra realidad porque inconscientemente podemos revelar nuestros temores y nadie quiere ser transparente. Los riesgos son innumerables y las lecturas varias: políticas, sociales, culturales, económicas. Pero más allá de eso, hay cansancio y se piensa que ahora la literatura boliviana debe llenarse de nuevos aires.

Y esos nuevos aires tienen que ver con algo que podríamos llamar ya no sólo división de las ciencias sociales, sino “despolitización”. La despolitización no es un fenómeno sólo boliviano, pero ahora estamos hablando de Bolivia, así que diremos que la despolitización es el brazo epistemológico de la ruptura entre las ciencias sociales.

En ese sentido: ¿en qué medida los escritores podrán romper con sus propias ataduras? ¿Es ese el camino que podría tomar la literatura boliviana? ¿Podrían convivir proyectos literarios donde uno apueste por la unión y otro por la ruptura? ¿Qué dicen ustedes?

Fuente: Fondo Negro



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