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Años después



Años después
Por: Ernesto Contreras Garrett

Me gusta creer que hacer todo lo posible por leer el libro antes que ver la película, es una costumbre sana. No es algo que se pueda hacer fácilmente, sobre todo porque muchas veces es muy difícil encontrar el libro. Sin embargo, si existe la posibilidad de hacerlo, yo siempre recomiendo leer primero; sobre todo porque no se puede olvidar una película ― más allá de si esta fue una buena o mala adaptación ― y empezar un libro sabiendo cómo termina, es una pérdida de tiempo.

Esta manía da muy buenos resultados y tal vez los únicos elementos negativos sean: postergar ― a veces por años ― la lectura de la obra y tener que taparse los oídos cuando los amigos hablan de una película que antes queremos… leer. Sin embargo, una vez que ésta “tarea” es llevada a cabo, puede hasta representar un ahorro de tiempo; ya que si el libro gustó, hará que el lector ― otrora convertido en espectador ― sea mucho más exigente que el resto de los presentes en la sala; y si no fue el caso, bueno, la persona ni siquiera se tomará la molestia de ver la película y agradecerá haber sido tan paciente.

Así fue como, después de haber esperado tantos años, por fin leí: La pregunta de sus ojos (Alfaguara, 2005) de Eduardo Sacheri (Castelar, Argentina 1967). Debo admitir que fue muy difícil aguantar la tentación de ver la adaptación para el cine, que salió el año 2009 con el título: El secreto de sus ojos, que fue dirigida por Juan José Campanella y que ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera el 2010. Sin embargo, estoy seguro que valió la pena.

Permítanme afirmar que el libro es una maravilla y que llevaba muchísimo tiempo sin disfrutar tanto de una novela, como lo hice con ésta. Muchos son los puntos a resaltar dentro la misma.

El primero es el personaje central. Benjamín Miguel Chaparro, un hombre alto, viejo y divorciado dos veces; que decide escribir un libro para aliviar la tensión que unos demonios internos ― que no lo dejan en paz ― producen en él y para ocupar, con algo, los primeros días de su vida como jubilado. Es un personaje genial que se la pasa disconforme, bordeando la depresión, añorando lo que pudo ser y quejándose permanentemente por la suerte que le tocó vivir. En otras palabras, es el típico “porteño”; que está tan bien representado, que cobra una fuerza única y se adueña por completo de la novela.

Después está la historia que decide contar en su libro, que pese a no tenerlo como protagonista, termina involucrándolo por completo: El asesinato de Liliana Colotto, esposa de Ricardo Agustín Morales, el 30 de mayo de 1968, fecha en la que Chaparro acude a la escena del crimen en calidad de prosecretario del Juzgado de Instrucción N°41 de la Ciudad de Buenos Aires.

Y finalmente, el hecho de que pese al tiempo y momento histórico en que se desarrolla el thriller que escribe el personaje, entre 1968 y 1973 ― periodo donde la persecución política se va incrementando en la Argentina, con todo lo que eso implica ―, éste no hace a la historia; si bien inevitablemente aparece.

Quizás por eso tardé tanto en leer este libro, que adquirí semanas después de que su adaptación ganó el Premio de la Academia; pensé que se trataba de una de las tantas novelas escritas sobre el periodo de la dictadura, pero no fue el caso. Espero no quedar como un irrespetuoso e insensible por decirlo así, pero ― al igual que ciertos temas en específico que se repiten una y otra vez en la literatura boliviana ― aquel es uno bastante recurrido por los escritores del país vecino.

Esta novela, así como el resto de la obra de Eduardo Sacheri ― uno de los mejores cuentistas que tiene Sudamérica ―, es apta para la gente de todos los gustos literarios. Y si alguien decide profundizar un poco más su obra, puede hacerlo con: Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol (Galerna, 2000) o Un viejo que se pone de pie y otros cuentos (Galerna, 2007).

Y bueno. Ahora por fin, después de haber esperado dos años, me dispongo a ver la película.

Fuente: Ecdótica



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