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Clarice Lispector y los “olvidados” del Boom



Clarice Lispector y los “olvidados” del Boom
Por:Edmundo Paz Soldán

Con motivo de la celebración de la Noche de los Libros este lunes 23 en Madrid, la Casa de América me invitó a hablar sobre alguno de los escritores “olvidados” del Boom. Escogí a Clarice Lispector, una escritora que siempre me ha interesado por la naturaleza inquietante de su mundo. Cambian los tiempos y ella ya no es tan olvidada; todavía recuerdo que, en el Berkeley de principios de los noventa, debí leer La pasión según G. H. (1964) en inglés porque, pese a estar editada en español -sobre todo sus títulos más canónicos–, sus obras no eran fáciles de conseguir. Por esa época ella ya era un nombre importante en las universidades de los Estados Unidos, gracias sobre todo a los artículos que en los años ochenta habían escrito sobre ella las filósofas francesas Luce Irigaray y Hélène Cixious. Aparte de La pasión, circulaban dos libros: La hora de la estrella (1977), novela crítica del compromiso del escritor con los “subalternos”, y Lazos de familia (1960), una brillante colección de cuentos sobre subjetividades femeninas en crisis. La década pasada supuso su verdadero descubrimiento en España y América Latina gracias a la paciente labor de la editorial Siruela, que prácticamente ha editado toda su obra. Este año, la apuesta que ha hecho la editorial norteamericana New Directions de lanzar toda su obra en inglés, a partir de la magnífica biografía de Benjamin Moser (Why This World), significará un serio intento por convertir a esta escritora brasilera en parte fundamental del canon literario del siglo XX. Un productor inglés está preparando una película basada en la biografía de Moser. Pronto, muy pronto, puede que Clarice Lispector sea más conocida que algunos de los nombres más rutilantes del Boom.

El Boom, con todo lo que sirvió para internacionalizar la literatura del continente, tuvo un aspecto negativo: echó su amplia sombra sobre algunos escritores poco interesados en escribir la gran novela latinoamericana. Un escritor como el peruano Julio Ramón Ribeyro, con sus cuentos y su trabajo con el diario y el aforismo, tardó mucho en convertirse en un referente. Algo de esto sin duda influyó en la recepción de Lispector, pues sus textos de profunda introspección psicólogica y reflexión metafísica no entraban en sintonía con la euforia abarcadora de obras como La casa verde (1966) o Tres tristes tigres (1967). Sin embargo, quien lea La pasión según G. H. hoy se dará cuenta que, en cuanto a las formas, esta novela no es menos experimental que Rayuela (1963) u otros grandes libros del Boom. Pocos escritores se han arriesgado tanto como Lispector en este libro breve, que comienza con diez páginas de disquisiciones existenciales, prosigue con un escueto nudo narrativo -una mujer de clase media acomodada descubre una cucaracha en el cuarto de la criada, la aplasta y se la come–, y luego dedica el resto de la novela a analizar el impacto casi místico de la cucaracha en la subjetividad de esa mujer.

Sin duda, hay otras razones para explicar el tardío descubrimiento de la obra de Lispector en América Latina. Aparte de las obvias -relacionadas con dinámicas de mercado y de género–, lo cierto es que la literatura latinoamericana no ha tenido una relación fluida con la brasileña. João Guimarães Rosa publicó en 1956 Gran Sertón: Veredas, una novela que por sus características podía más fácilmente formar parte del Boom que la obra de Lispector. Sin embargo, Guimarães Rosa es otro de los “olvidados” del Boom. Algún día, cuando descubramos verdaderamente a la literatura brasileña, quizás nos demos cuenta de que el Boom no tuvo culpa de nada. En realidad somos nosotros quienes, con nuestras anteojeras mentales, seguimos dándole más importancia al nuevo descubrimiento de las editoriales neoyorquinas que a esos talentos jóvenes que hoy mismo están publicando en ese país-continente llamado Brasil.

Fuente: El Boomeran(g)-Blog de Edmundo Paz Soldán



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