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Hacia Amores Imperfectos



Amores imperfectos es uno de los libros clave para comprender las raíces, el presente y el devenir de las voces más consolidadas de las nuevas generaciones literarias bolivianas. Los cuentos que componen el libro, editado nacional e internacionalmente, hablan sobre un amor que no es -en palabras de Luis H. Antezana- “la estrella fija que no se altera con el tiempo, aquella de los clásicos y románticos, sino, también o sobre todo, un camino incierto, un “one way ticket to nowhere” (“un ticket de ida a ninguna parte”) como dice un blues de Duke Ellington, un cuento que el perrito no acaba de contar, la imposible reformulación del mundo como un inédito crucigrama donde ella quizá se esconde, un laberinto de espejos que ni en su multiplicación devuelve el cuerpo de la imagen deseada, un constante vacío que sólo espera la muerte del predador, en fin, un nombre o una imagen hecha de pedazos (irrecuperables), un mero perfume o, finalmente, una condena a muerte”.

Para seguir explorando en Amores Imperfectos, a continuación, les dejamos con un fragmento del prólogo que acompaña al libro.

Amores imperfectos tiene dos partes. La “Primera Parte” compila 14 cuentos, todos “cuentos breves,” salvo, quizá, “El rompecabezas,” que ocupa más de dos páginas La “Segunda Parte,” en cambio, compila 10 cuentos, todos más extensos que “breves.” Utilizo esta división cuantitativa (“cuentos breves” versus “cuentos extensos”) porque, temáticamente, ya lo señalamos, ambas partes comparten no sólo las mismas preocupaciones básicas −como las imperfecciones amorosas que dan título al libro− sino, también, varios contextos afines −Cochabamba, notablemente, y, por ejemplo, un distante Berkeley− y hasta una que otra pincelada de detalle, como el o los perfumes de “Persistencia de la memoria”, por un lado, y “Presentimiento del fin”, por otro. Cortázar distinguía el cuento de la novela en analogía con el boxeo: las novelas ganan por puntos, decía, y los cuentos por K.O. Podríamos añadir que los “cuentos breves” ganan por K.O. en el primer o segundo round y que los “cuentos extensos” prolongan su golpe definitivo un poco más −hasta, digamos, el quinto round. En la “Primera Parte” hay un cuento (“Epitafios”) que ilustra bastante bien esta posible distinción. Como es casi insensato resumir un cuento breve —con el riesgo, además, de dañar el placer de su lectura—, voy a aludirlo abstractamente. Una estirpe viene marcada por el acto de culminar las vidas de sus descendientes con un acto final y definitivo. Todos los miembros de esa estirpe han cumplido puntualmente con ese destino. Sin embargo, el último de la estirpe −al que nos toca acompañar en el relato− carece de las capacidades para cumplir −puntual y apropiadamente− con ese destino y no tiene más remedio que postergarlo hasta que, finalmente, puede él también seguir el ejemplo de sus mayores. Los “cuentos breves” serían como esas vidas que, sin mayores rodeos, cumplen apropiada y puntualmente con su destino; los “cuentos extensos” serían como esa otra vida que, antes de culminar su destino, debe, por su propia naturaleza, postergar y postergar su culminación. Es claro que, en ambos casos, sin o con rodeos, el destino prefijado se cumple finalmente —y, siempre, por K.O. Dicho sea de paso, este cuento (“Epitafios,” reitero) implica un destino bastante “literario,” poético (a su manera), lo que, creo, anuda aún más su posible pertinencia para la distinción que nos ocupa.

(…) en Amores imperfectos, junto a otros lugares más puntuales, no es difícil reconocer, por ejemplos, las frecuentes alusiones o referencias a la ciudad de Cochabamba. No sólo se encuentran lugares (tipo El Prado) o instituciones (como los colegios Don Bosco o La Salle) sino hasta se menciona al Wilsterman. Ahí, una constante, afín tanto a narradores como a personajes, es su posible (común) extracción social (clase media acomodada): muchos manejan autos con explícita soltura, frecuentan discotecas y también moteles; por las alusiones literarias, también es fácil reconocerles un grado relativamente elevado de educación (más de uno supone explícitamente estudios superiores en el extranjero). Ese tipo de constantes (lugares, autos, discotecas, moteles… y autores literarios) permite, pues, que la pluralidad de las voces no resulte en un caos o en una cacofonía. Como se sabe, la ley fundamental de la información vincula directa —aunque inversamente— la novedad de la información con la permanencia de la redundancia. Para informar, hay que contar con un contraste ya conocido que nos permita reconocer la noticia como (nueva) noticia o. ¿por qué no?, como simple repetición de lo ya sabido o conocido.

(…) Y, por lo visto, el amor también anda a menudo por ahí. (Quizá por eso, Leonard Cohen podía afirmar que “There ain’t cure for love”). El amor no sería precisamente la estrella fija que no se altera con el tiempo, aquella de los clásicos y románticos, sino, también o sobre todo, un camino incierto, un “one way ticket to nowhere,” como dice un blues de Duke Ellington, un cuento que el perrito no acaba de contar, la imposible reformulación del mundo como un inédito crucigrama donde ella quizá se esconde, un laberinto de espejos que ni en su multiplicación devuelve el cuerpo de la imagen deseada, un constante vacío que sólo espera la muerte del predador, en fin, un nombre o una imagen hecha de pedazos (irrecuperables), un mero perfume o, finalmente, una condena a muerte. Pese a todo, la cuota de incertidumbre y de absurdo que marca estos Amores imperfectos encontraría su resquicio de sentido en el acto de contarlos, aunque sólo sea para comprobar sus imposibilidades o violencias.

Fuente: Editorial Nuevo Milenio



2 Respuestas »

  1. […] Cochabamba, Cerveza Cordillera y Mondacca Teatro, presenta la quinta edición del libro de cuentos Amores imperfectos de Edmundo Paz Soldán (1967). La primera edición salió en 1998 con Alfaguara y, un año […]

  2. […] obras anteriores –Las máscaras de la nada (1990), cuentos y microrrelatos de estirpe borgiana; y Amores imperfectos (1998)–. Esta búsqueda es efectiva en la medida en que las vivencias personales –infancia, […]

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