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Novela negra en La Paz



Policial. Novela negra en La Paz
Por: Marcelo Suárez R.

Isidoro Melgarejo Daza lleva en su nombre y apellidos la maldición de tres gobernantes bolivianos ‘magniciados’. Paceño de adopción y devoto de la Fiesta del Gran Poder, vive refugiado en su casa-taller de la calle Castrillo, cercana a la plaza Sucre, el Panóptico de mujeres y la iglesia de San Pedro. Allí trabaja en su pequeña imprenta, donde publica a prosistas locos y poetisas francófonas; edita revistas de circulación restringida; financia panfletos, recibe a los amigos y colabora para denunciar injusticias. Sin embargo, cuando algún caso lo merece aunque sea solo desesperadamente, Melgarejo desempeña labores detectivescas.

Así, cuando un amigo de la infancia le pide ayuda para investigar la muerte de su padre, un hotelero de Yungas asesinado por los narcotraficantes, Melgarejo se lanza a la aventura. En el remoto paraje donde se alza todavía el hotel abandonado, le aguarda, al acecho, la muerte disfrazada de pistolero.

Puede que consiga darle esquinazo en Yungas, pero la muerte sabrá seguirle, por Cochabamba, por Chapare, hasta llegar a La Paz en la noche intensa de la procesión del Cristo del Gran Poder.

Esta es la trama central de Morir en La Paz, obra del chileno Bartolomé Leal publicada por Umbriel (Barcelona, España) en 2003 y cuya redición para Bolivia fue presentada en la XIII Feria Internacional del Libro de Santa Cruz a cargo de la editorial Nuevo Milenio.

La representación de ese complicado sistema, que implica ser parte de la sociedad paceña, queda reflejado en las 387 páginas de este volumen concebido por Leal a partir de un primer viaje que realizó desde Santiago a La Paz en los años 90. En ese tiempo, llegó al país para trabajar con la cooperación internacional en temas relacionados a la protección ambiental. Esa labor lo mantuvo viajando constantemente y le permitió nutrirse de los elementos que luego llegó a plasmar en su obra.

La intensidad y el constante movimiento de la urbe paceña sedujeron a Leal, que recorrió los lugares más oscuros y brillantes de una ciudad que caminó mucho.

Como buen cultor del policial, se dio cuenta de que el género encajaba a la perfección en la historia que tenía en mente. Todos los personajes de la novela son ficticios; no obstante, la historia nació a partir de experiencias que el autor vivió de cerca durante su estadía en tierra paceña y que recogió de la gente con la que se encontró en los más diversos lugares.

“Isidoro Melgarejo Daza tiene el nombre y los apellidos de tres gobernantes bolivianos víctimas de magnicidios y que han pasado a la historia no por haber realizado una buena gestión. El detective Isidoro lleva este peso de la historia en un país en el que los traumas históricos están muy metidos en el inconsciente de la gente. Cargando con ese peso, este Melgarejo consulta a un aparapita (cargador) paceño, como el personaje sacado de la novela de Jaime Sáenz, el cual le increpa y le dice que no se puede vivir tranquilo con ese nombre”, comenta Leal.

El escritor chileno estudió a fondo la vida de estos personajes (los aparapitas), como también la obra de Jaime Sáenz de quien leyó Imágenes paceñas, libro que le sirvió como un soporte para su escrito, especialmente toda la faceta del Sáenz narrador por sobre el poeta.

“La Paz se presta para este tipo de relatos, por todas las situaciones que se dan en sus recovecos, sus lugares sombríos y el hecho de que es una ciudad en la que se vive constantemente en conflicto. Yo creo que eso inspira mucho a un escritor. A mí me sirvió, incluso, el hecho de presenciar todos los días algún despelote que ocurría en las calles, desde un bloqueo en El Alto hasta una marcha en una de las calles céntricas”, añade.

El policial ha sido el género sobre el cual han girado los anteriores trabajos de Leal. Se trata de obras ambientadas en Chile, de ahí que Morir en La Paz marca un giro en su trabajo al ser la primera novela que se enmarca en lo que él denomina thriller andino, junto con su libro En el Cusco el rey.

Al respecto de Morir en La Paz, el académico y crítico literario Luis H. Antezana indica: “El nombre elegido para el protagonista no es una intención jocosa, es último retrato de una especie en extinción, de un legado, muchas veces vergonzoso, que comienza a diluirse en el tiempo, que incluso ya deja de ser memoria para hacerse olvido. Recuerdos que comienzan a ser absorbidos por otras realidades, a ser reconstituidos, desde las nuevas perspectivas del poder y que comienzan también a reencontrarse con alguna noción extraviada de identidad”.

Morir en La Paz tiene una segunda parte titulada La venganza del aparapita, que está en proceso de escritura. “Espero venir a vivir a Bolivia, aunque sea a conseguirme un empleo como mayordomo en un hotel en los Yungas”, dice en tono jocoso Leal, al término de las presentación de su obra, una novela negra, escrita por un chileno que se inspiró en Bolivia.

Fuente: Brújula



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