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La patria poética



La patria poética
Por: Alejandra Hubner

Quizás uno de los rasgos más interesantes de la obra Demo de Jessica Freudenthal es el cruce, la zona de contacto que se teje dentro de un discurso poético que es al mismo tiempo un discurso político. Si bien puede considerarse que toda la literatura es una reflexión política (sobre la pólis, es decir la ciudad, el territorio al cual nos debemos), en el caso de Demo el cuestionamiento que se le hace al lenguaje y a su arbitrariedad es intrínsecamente una reflexión que lo sitúa como parte fundamental de la construcción de la nación boliviana. Repensar el lenguaje es, entonces, repensarnos a nosotros, como lo anuncia la voz poética, en tanto identidad definida. “¿Quiénes somos ‘todos nosotros’? / ¿Quiénes somos nosotros?”.

PROVOCACIONES LÚDICAS. Por un lado, la poesía en el libro de Freudenthal, que podría considerarse como un solo gran poema, se construye en base al dilema que plantea la voz poética entre qué es la escritura y cuál es el lugar desde el que se escribe. “Dónde comienza este país?/dónde termina? / cómo?”. Así es como se abre el poemario y es de algún modo la misma incertidumbre por la que atraviesa la escritura de la voz poética: “cómo se escribiría este libro en el oriente? / cómo se escribiría este libro en el occidente? / cómo se escribiría este libro desde el canon? / cómo se escribiría este libro desde la sabiduría?”. En estas preguntas se manifiesta no sólo la voluntad de cuestionar la supuesta realidad material de la nación, el supuesto honor y respeto que le debemos a esa comunidad imaginada que es la patria, sino también el lazo aparentemente inexorable que une la lengua del escritor con la idiosincrasia de la nación. La escritura en Demo, sin embargo, no parte de una voluntad de moralismo o corrección política, sino, más bien, del establecimiento de un juego que reflexiona sobre sí mismo a través de su espacio de representación, la hoja sobre la cual se escribe. A partir de un movimiento gráfico en el espacio visual de la página, de la puesta en escena de la escritura como trazado de imágenes, se destituye a los símbolos patrios (la bandera, el himno, la independencia, el mar) y se los expone como figuras carentes de sentido. Es decir, Freudenthal los dota de otro significado, los manosea, los hace suyos, nos invita a rellenar, a hacer de esas instituciones que pretenden constituirnos una actividad lúdica.

EL ESPACIO DEL POEMA. Podría decirse, entonces, que la escritura del poemario tiene rasgos de poesía experimental, es decir, que el espacio en el cual se escribe, la hoja misma, es el primer lugar en el que cualquier tipo de intervención y modificación debe hacerse evidente. Así, encontramos gestos de caligramas, de poesía visual, de poesía en la cual el espacio es fundamental entre uno y otro verso para representar un proceso de escritura, surcado por silencios y cuestionamientos. La forma en la cual se organiza dicha escritura insiste una y otra vez sobre el juego que es pretender que la patria nos hace a todos iguales. Una figura que vuelve una y otra vez es la de Simón Bolívar. Lejos de esperar algún tipo de solemnidad en su trato, Bolívar pasa a ser el lugar de un conflicto de identidad que se abarca justamente desde los significados que podrían caber en él. Se nos presentan, por ejemplo, ciertas citas propias del libertador respecto a un discurso particularmente polémico, como el mar. “Bolivia no posee grandes costas, y por lo mismo es inútil a la marina: debemos, a pesar de esto, obtener algún día uno y otro. / Simón Bolívar”. El benemérito de la patria es a su vez resemantizado, es parte de un nuevo sentido lúdico tendido por el lenguaje poético.

HABITAR LA LENGUA. “La lengua no es la patria del poeta”. Demo se inscribe, entonces, entre dos inquietudes que no pueden percibirse de forma separada. Esquemáticamente, se trataría, por un lado, de constituir un lenguaje propio como nación (“Bolivia es una palabra inventada”) y, al mismo tiempo, reflexionar, subvertir, escarbar sobre qué es lo que hace al lenguaje del poeta, cuáles son los mecanismos por los cuales el poema se vuelve justamente eso: “puedes responder con precisión qué es la poesía? / para qué sirve? / qué es exactamente un poema?”. Parece ser que una reflexión sobre la construcción poética, sobre la forma en la que el lenguaje pasa de lo meramente denotativo a lo connotativo, a lo ambiguo, se erige en el poemario gracias a la reflexión (al cuestionamiento) que desencadena la obra, es decir, los límites de un país que al fin de cuentas es también el territorio íntimo a partir del cual la voz poética construye su enunciación. “Mi país son mis amigos”. Demo es una obra que oscila, entonces, entre estas dos grandes interrogantes que son la delimitación y la existencia misma de una idea de nación boliviana y la de la constitución de un lenguaje propio que es al final de cuentas la interrogante de todo lenguaje poético. La escritura del libro procede en base al juego, se desenvuelve en la provocación, en el desenmascaramiento de esos grandes sinsentidos que son los símbolos patrios y del gran sinsentido que es, al final de cuentas, ser poeta.

Fuente: Fondo Negro



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