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Cuento ‘Después’, de Natalia Chávez



Natalia Chávez fue la ganadora del Premio Nacional de Literatura 2010 del Fondo Editorial del Gobierno Municipal Autónomo de Santa Cruz de la Sierra en la categoría Cuento. El libro que fue publicado como parte del Premio, Humedad, incluye a ‘Después’.

…..

DESPUÉS
Por: Natalia Chávez

Paula se pintaba las pestañas frente al espejo. Pasaba el cepillo hacia arriba varias veces. Luego de adentro hacia afuera, luego movimientos rápidos ensentido horizontal, luego el cepillo en modo vertical, y de arriba hacia abajo denuevo. Después las pestañas de abajo, primero de un lado al otro, luego el cepillo en forma vertical una vez más. Ahora el ojo izquierdo. La boca semiabierta hacía una forma curva hacia abajo y cuando se daba cuenta de eso la cerraba, la ponía como pico, como si fuera a besar, como si fuera más sexy así y pestañeaba coqueta.

– ¿A quién le contará que me desvirgó? – pensaba en el micro mientras iba a lacasa de Mariana, su mejor amiga de ese año (se cansaba rápido de las personas, cambiaba de amigas periódicamente, sin hacerlo a propósito ni de forma problemática, sólo se acercaba más a unas y se alejaba más de otras; la selección natural). Las calles pasaban iguales, como siempre, como todas las veces que había hecho ese camino desde su casa a la de Mariana.

¿Será que alguno de sus amigos sabe cómo pasó? ¿Será que se jacta de quefue la primera vez de Paula? ¿Qué Andrés fue a quien quiso tanto -o lo suficiente- que aceptó tener sexo con él? ¿Será que Andrés se ríe? ¿Que se acuerda de la sangre en el colchón y sonríe? ¿Será que alguien le dijo donjuán?

Había pasado en una noche que llegaron a la casa de Paula y sus padres estaban saliendo a alguna parte. Ella les dijo que Andrés iba a llamar un taxi y luego se iba, que no tenían que esperar. Ella sabía que eso era mentira y sus padres probablemente sabían que era mentira también, pero todos se hicieron los tontos. Hubo la acostumbrada despedida colectiva: Chau señora, chau señor, chau mamá, chau papá, chau Paula, chau Andrés. Frases y besos en las mejillas que se cruzan en una rondita de personas educadas.

Se fueron, al fin. Paula y Andrés se besaron al cerrar la puerta. Se besaban contra la puerta. Andrés sabía que a Paula le gustaba eso.

Unas semanas atrás habían estado en la casa de una amiga en una especie de fiesta en la que no se celebraba nada excepto el tener la oportunidad de embriagarse. Paula y Andrés se escaparon un rato. Se besaron mucho. Una media hora después ella dijo que se vayan a su casa. Paula sugestiva. Paula con ganas de más. Paula agarrándole las manos, moviendo los dedos suavemente contra las palmas de las manos de él, dibujando círculos y creando suspenso. Paula sugestiva. Andrés pidió un taxi. En el taxi no se besaron; a Paula no le gustaba besar frente a otros. Paula en la intimidad.Llegaron a su casa y entraron, seguían tomados de las manos, los dedos de Paula que se movían suaves. Círculos. Estaban los padres. El saludo colectivo: hola señora, hola señor, hola mami, hola papi, hola Andrés, hola hijita. Frases y besos en las mejillas que se cruzan en una rondita de personas educadas. Esa noche sus padres no salieron. Cambio de planes. Paula y Andrés tuvieron que conformarse con el sofá y la interferencia de la ropa.

Esa otra noche, de la que estaba contando antes, sus papás sí salieron. Paulay Andrés estaban solos. Ella ansiosa. Curiosa. Él dispuesto.

En la cama de Paula, sin sábanas, las luces apagadas, la puerta abierta, la música de fondo. Sonaba Iggy Pop. Después Babasónicos. Después Kevin Johanssen. Sonó The Cure y cuando sonó The Strokes, la penetró. Dolió. Sangró. Sonrió. Ella le mordió la boca. Siguieron y todo terminó en Lou Reed.En la calma. En la cama. Sin abrazos cursis. Sin miradas empalagosas. Pasó, pensaba ella, de la forma más perfecta. Fue algo mío, compartido necesariamente con el otro, pero mío. Fue de ella.

No recuerda nada de lo que vino inmediatamente después. De cómo se pusieron la ropa de nuevo. De cómo se despidieron. De cómo cambió todo o de cómo todo siguió exactamente igual. No fue un acontecimiento significativocomo ella creyó alguna vez que sería; fue una experiencia más que, desde ese día, sería otra cosa divertida para hacer. Ya no tenía la intriga de qué pasaría o cuánto dolería. Ya fue. Ya había sido.

– ¿Será que se acuerda de mi cara de dolor y se excita?- pensaba Paula caminando las cinco cuadras que habían entre la parada del micro y la casa de Mariana.

¿Será que se masturba con su imagen? ¿Cómo aparecerá ella en susfantasías? ¿Tendrá fijaciones con la idea de inocencia que ya se ib adesvaneciendo? ¿O la tendrá en mente con sus esfuerzos por parecer una mujer sensual? ¿Se reirá de esos esfuerzos? ¿Cómo verá Andrés a Paula?¿Qué lugares de su cuerpo encenderán su lívido? ¿De qué partes se acordará con más exactitud? ¿Qué momentos compartidos serán borrosos y qué momentos estarán exagerados en la memoria?

Una vez en un restaurante de comida típica, Paula compartía un lindo yperfecto momento familiar. Estaban abuelos, papás, tíos, tías, primos, sobrinitos, todos alrededor de una mesa larga de madera, masticando carne de vaca y carne de pato como si no hubiese mañana. Todos embutiéndose de sodas y cerveza, de papas fritas, yuca y otras guarniciones deliciosas. Paula observaba el comportamiento humano de esas personas, no se decidía si sentir asco o ternura por ellos, y de repente le llegó un mensaje de texto alcelular.

– Hoy te voy a llevar a un motel, y no te digo todo lo que te voy a hacer por si acaso alguien más llega a leer este mensaje. Te recojo a las nueve -escribió Andrés.

Paula sucia. Paula sonriendo sola, sin explicación. Paula con los cachetes colorados. Paula acordándose de las manos de Andrés. De los lóbulos salados de las orejas de él. De sus costillas y otros huesos. De su mandíbula. Paula sentada entre sus familiares acordándose de sus piernas abiertas, de lo sgemidos forzados y de los gemidos naturales. Paula mirando a sus sobrinitos y recordando las manos de Andrés en su abdomen. Jugando en su ombligo.Paula sucia. Contando cuántas horas faltaban para las nueve. Siete horas tenía. Siete horas de emoción y culpa compartida sólo con Andrés. De repente sintió lástima por su madre, cuando miró a su papá. La panza, la calva, la costumbre y la distancia -que no se calcula porque no hay unidad de medida correcta para eso.

¿Será que su padre tenía una amante como los papás de sus amigas? ¿Será que alguna vez tuvo una? ¿Será que quiere? ¿Será que puede? ¿Por qué su madre insiste en contarle sobre el sexo con su padre? ¿Será que no piensa en el asco que le genera? ¿Será que ninguna madre piensa en el asco que genera en sus hijos hablar de sexo en primera persona?

Ocho y media de la noche. Paula avisó que a las nueve iría al cine conMariana. Le creyeron, como siempre hacían. Ocho y cincuenta de la noche y Paula estaba esperando afuera de su casa, sentada en la acera, hurgando el celular. Llegó Andrés. Se saludaron. Tal vez la madre de Paula los espiaba desde el segundo piso, no se fijaron. Se fueron caminando hasta la avenida, hablaron del día. Esperaron a que pase un taxi cualquiera. Andrés dio una dirección. Avanzaban por calles cercanas a un mercado que, a esas horas,estaba desierto. Daban vueltas –o eso le parecía a Paula- por entre puestos de verdura y carne cerrados por el día. Llegaron a un alojamiento que parecía sucio y clandestino. A Paula le encantó. Había luces de neón y macetas rotas por todo el pasillo al aire libre que tuvieron que caminar para llegar al cuarto. Las sábanas olían a detergente en polvo barato. Cerraron la puerta. Se besaron contra la puerta. Esta vez no hubo música escogida, el lugar les impuso unas cumbias y salsas que llegaban lejanas desde algún boliche cercano. Hubo sexo, sonrisas cómplices, tocadas inoportunas de puerta. Paula bailó desnuda al ritmo de algún merengue.

Lo de Paula y Andrés terminó unos meses después sin mayores sobresaltos. Eran chicos, comenzarían nuevas historias. Estaba bien, las cosas estarían bien. Habían conocido facetas de ellos que nunca se repetirían. Paula sería la Paula que Andrés conoció en el tiempo en que estuvieron juntos. Andrés fue el primero de muchas cosas para Paula.

― Quisiera acordarme de su cara –pensaba Paula mientras apagaba su computadora en la oficina, muchos años después.

¿Será que los recuerdos sólo sirven para acumularse? ¿Paula pensó algunavez en lo que vendría después? ¿Paula invirtió demasiado esfuerzo en momentos que se amontonarían en la categoría de “pasado”? ¿Paula es feliz ahora, después de historias con inicio y nudo parecido, pero desenlaces de opción múltiple? Paula no se decide si hay destino, o karma, o un dios, o energías. Paula ahora maneja su auto a casa. Paula tiene que dar de comer a su perro y ver las noticias. Paula se dormirá a las once para poder despertar a las siete de mañana, porque empieza a trabajar a las ocho.

Pero llega a las ocho y media y no le importa. Hay cosas que no importan.

Fuente: Revista Alamazen en Scribd



2 Respuestas »

  1. LEONARDO dice:

    Leí dos veces el cuento, quizás tenga que leer una tercera vez, pero por más que le busco sentido a estas palabras echadas al destino, no la encuentro. Será que ando en otro mundo, tan ajeno a éste que ni sé reconocer la historia de Paula, aunque pequeñita, pero superficial.

    Lo siento, no me gustó la narración. Es mejor que regrese a mi planeta.

  2. Leonardo,
    Admito que tampoco me gustó mucho el cuento, así que no te sientas tan de otro mundo.
    Saludos,
    Marcelo Paz Soldán
    http://wwww.ecdotica.com

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