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Se escribe en español: Marcos Giralt Torrente



Entrevista a Marcos Giralt
Por: Maria José Ferrel

Español. ‘La patria del escritor es la lengua en la que se escribe’, afirma. Cree en el trabajo más que en la inspiración.

Marcos Giralt Torrente se catapulta a la fama tras ganar dos premios importantes que logran situarlo como importante escritor en la literatura actual española, pese a que él considera que lo más hermoso ahora es la pérdida de esa idea de nacionalidad como referente en literatura y además logra tener un apabullante apoyo de la crítica especializada por su último libro “Tiempo de Vida”. También fue participante del VII Encuentro Iberoamericano de Escritores, donde expresó que la literatura, debe hablar de todo y que esta va a la caza de verdades incómodas, es una indagación constante de la realidad.

¿Cuándo decide apostar por la literatura?

No hay un momento concreto y no hay una decisión concreta. Lo que sí hay es que la mayor parte de los escritores, y desde luego es mi caso, antes fuimos grandes lectores, entonces la necesidad de escribir es un impulso imitativo, dado que te gusta tanto leer que de pronto llega un momento en tu vida en el que te propones hacer algo parecido a aquello que tú lees y eso me sucedió a mí. El proponerme vivir de la literatura o ser un escritor profesional no lo decidí nunca, simplemente tenía un deseo vanidoso cuando era un lector compulsivo y quería publicar por lo menos un primer libro. Entonces escribí ese primero y lo publiqué y enseguida le viene el segundo y luego el tercero. Quería escribir por lo menos uno para demostrarme que era capaz de escribir uno.

¿Por qué decide comenzar a escribir con el género cuento?

Fue algo natural, porque en ese proceso de aprendizaje como lector empezaba a coquetear con la idea de escribir y demás, sin abandonar nunca la novela, pero el género que más me atraía, y el que más leía, era probablemente el cuento. Literariamente leyendo a Cortázar, a Borges, leyendo a Bioy y a la hora de atreverme a escribir lo más natural para mí fue salir por ese género, algo arriesgado porque los cuentos, al contrario que en Latinoamérica, en España son desprestigiados, las editoriales no suelen quererlos porque dicen que no se venden y ahí Herralde demostró ser un editor que piensa más que en la rentabilidad económica porque publicó el libro de cuentos de un escritor desconocido, de un novel escritor.

En su última obra hay una exposición de su vida. ¿Hay un cruce entre realidad y ficción?

La novela, al igual que la sociedad, está viviendo un modelo de cambio de paradigma, de evolución. Sabemos de dónde venimos, pero no sabemos exactamente a dónde vamos, y a la literatura le está sucediendo un poco lo mismo. Explorar nuevas formas, géneros, mixtos que mezclan la ficción con la realidad o que directamente novelizan la realidad. “Tiempo de vida“, mi libro , se engloba dentro de ese movimiento, no es que yo haya querido meterme en ese movimiento, sino que da la casualidad que yo pasé por esa experiencia dolorosa de la muerte de mi padre y decidí escribir el libro, pero no como una manera de purgar ese dolor, ni porque estuviera muy triste y no pudiese imaginar una novela, sino solamente escribir sobre eso. Porque tal y como habían sido nuestras vidas (la mía y la de mi padre) tal y como se habían producido, en el momento más difícil después de una relación con muchos altibajos en la que nunca nos perdimos el amor, pero tuvimos separaciones. La reconciliación final se dio en el momento más duro, que fue en el de su enfermedad. Dicho todo eso, sencillamente porque es todo más complicado. Entonces, pasada su muerte yo me di cuenta que esa historia tenía en sí misma una estructura novelesca, que no necesitaba prácticamente decidir nada, ni elegir estructura ni nada. Es decir, que si me ponía con el lápiz a contarlo desde el principio hasta el final tenía ya una novela, una novela real en el sentido que no había invención, no había manipulación y respondía a la visión de mi propia vida con mi padre.

¿Cómo es su proceso para escribir? ¿Cómo vienen las historias?

No creo absolutamente en la inspiración, creo en el trabajo, creo que la buena literatura tiene trabajo detrás y mucho trabajo. Es más y si me apuras ni siquiera creo en el talento natural. Creo que la literatura es un oficio como otro cualquiera que se puede aprender, es un oficio igual que un ebanista, y lleva sus horas, o como un ceramista, un escritor tiene que aprender a hacer su ofico independientemente que sepa escribir o unir sujeto, verbo y predicado. Creo en el trabajo, por lo tanto admiro y envidio a esos escritores que se levantan a las seis de la mañana, van a su escritorio, hacen una pausa a las dos para comer y a las cuatro vuelven a estar en el escritorio y todo los días de su vida escriben el mismo número de horas. Los admiro y si pudiese ser uno de ellos probablemente mi obra sería mucho más abundante y mucho mejor de la que es. Paso períodos donde no escribo absolutamente nada, en los que no cojo el ordenador para nada, o porque estoy vacío o porque la vida me lo impide. Y también períodos de trabajo muy intensos, cuando estoy escribiendo un libro lo estoy escribiendo desde que me despierto hasta que me meto en la cama, le dedico todas las horas que necesite para escribir, necesito estar sumergido en el texto que estoy escribiendo, obsesivamente sumergido.

¿Cree que pertenece a alguna generación específica de escritores españoles?

No. Somos un grupo amplio los nacidos en los años ’60 y principios del ’70, hay muchos escritores dentro de ese grupo generacional. Ha habido intentos de aglutinar a grupos, como por ejemplo “Nocilla Dream”, abanderado por Agustín Fernández Mallo. Incluso han escrito manifiestos y propugnado cómo debe ser la literatura, lo que es moderno y lo que no y tal. La gran mayoría vamos cada uno por nuestro camino elegido, porque una de las virtudes que ha tenido el progreso es que antiguamente si nacías en Bolivia estabas condenado a leer literatura boliviana como mucho peruana o chilena, y si hablabas francés, francesa. Si nacías en España era la literatura española con sus diferencias. Había grupos enfrentados a otros, pero cada nación vivía en el seno de su nación literaria, entonces el peso de lo nacional tenía mucha importancia. Hoy en día, con la proliferación de la traducción o con Internet puedes ser español y no leer necesariamente literatura española y leer lo que sea. Somos escritores del mundo y esto es lo que comparten, es lo que pasa en Latinoamérica y está pasando un poco en España.

Es decir , ya no somos escritores españoles, ni bolivianos, ni peruanos, ni chilenos, simplemente somos escritores y eso me parece una conquista, me parece algo hermoso.

Fuente: El Deber



Una Respuesta »

  1. […] fantasmas familiares sin salir lastimado? Tanto Paul Auster en “La Invención de la soledad” o Marcos Giralt Torrente en “Los seres felices”, convocan al pasado y la muerte del padre como materia prima […]

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