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12 pasos para olvidar a Roberto Bolaño




12 pasos para olvidar a Roberto Bolaño
Por: Christian Jiménez Kanahuaty

La obra del chileno Roberto Bolaño desde un poco antes de su muerte se ha convertido en una referencia ineludible no sólo para cualquier escritor latinoamericano, sino también para cualquier tipo de lector que se reconozca deseoso de conocer siempre algo nuevo. Bolaño es eso, la eterna promesa de lo nuevo y por ello es justo olvidarlo.

Paso 1
Brindo contigo a tu salud Bolaño. En Entre paréntesis, nos enseñaste a leer, a reconocer el valor y el olor a humo de algunos escritores. Nos dijiste que saliéramos corriendo de algunos pasadizos de la literatura Latinoamericana mientras te desvivías por Enrique Vila-Matas, o por Rodrigo Fresán o por Rodrigo Rey Rosa y todos bajo tu amplia mirada siempre parecieron ser un poco producto de tu imaginación. Nos enseñaste a ser lúcidos para dejar un libro a medio leer si no nos gustaba y también nos dijiste que robáramos libros para ser felices al leerlos cuando fuéramos pobres y sintiéramos frío de verdad. Nos dijiste que había que viajar mucho para escribir mejor, nos dijiste que muy pocos de nosotros sobreviviríamos al vendaval. Nos dijiste que uno arma su cocina literaria y que lo único que tiene que hacer para irse por la vida cargando un montón de historias es caminar siempre por el abismo. Y claro, caminar por el abismo con los ojos bien abiertos; no lo olvido y brindo contigo para olvidarlo, porque no quiero tenerte en mi memoria perjudicando las chorradas que escribo.

Paso 2
Que es el momento de reconocer que Los detectives salvajes es una gran novela, pero a mí me costó trabajo leerla, porque en una primera lectura me decepcionó y no lo podía creer, no podía imaginar por qué tanta gente te celebraba desde sus balcones de escritores profesionales. Yo no sentía nada por ti. No me gustabas. Aún me gustaba Fuguet y cuando terminé Los detectives salvajes para quitarme el mal sabor de boca releí Mala onda del Fuguet, ¿qué tal esa? Acaso te la imaginabas. ¿Creíste que iba a leer poesía por tus consejos sobre jóvenes desertores y casi diletantes? No. Yo me fui a McOndo de la mano de Fuguet y no sabes qué encontré ahí, encontré a un amigo, encontré incluso a unos rarísimos fanáticos de Soda Stereo que luego los ví de nuevo en Se arrienda, y tú ahí tendido en medio de un museo de muertos, sin poder ya ni reclamar ni estrellarme un golpe en la boca por cabrón. Pero no te enojes Roberto que luego te di, años después una segunda oportunidad, y ahí se me fascinaste, te convertirte en la referencia, te puse sobre todos y ante todos, y es que ¿acaso no sabes que el dueño de Yachaywasi me estuvo buscando años con ganas de hacerme algo porque cree que me robé de a poco todos tus libros de su sucursal de Cochabamba?

Paso 3
Christian vera, fue con él, que ya en ciudad de La Paz, convencimos al dueño de Yachaywasi para que bajara el precio del 2666, cuando llegó aquí allá por el año 2005, costaba cien dólares que al cambio de ese entonces era algo así como 810 bolivianos, un dineral, pero insistimos y Christian llamó a sus amigos y ellos también insistieron y ellos nunca supieron que sólo habían llegado tres ejemplares del libro y que nosotros, chicos previsores y revoltosos ya los habíamos hecho reservar, uno para mí, uno para él y el otro para un amigo de Christian. Y sí, lo rebajó, lo puso a 480 bolivianos, ya era algo. Y fue un miércoles que lo compré lo recuerdo porque ese día me pagaron. Yo en ese entonces daba clases en la Carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Andrés la materia de Teorías del Estado, les enseñaba El poder constituyente de Toni Negri y algunas de las obras claves de Maquiavelo y de Althusser y de Gramsci, ya sé que esos nombres tal vez no te suenen a nada, pero te lo digo para que tengas en cuenta lo que hice por ti, y lo que ellos pasaron para que yo pudiera leer tu libro. Y te dejé esperar porque me puse a vivir con una chica y a ella le leí las primeras páginas y me sonó, de nuevo, a basura, a alarde performativo, ¿cinco horas cogiendo? No te lo puedes creer, no sé si esos pasajes hayan estado dominados por la angustia de tu enfermedad o por la angustia de tus personajes o por la mía porque yo era incapaz de hacer eso durante tanto tiempo. Pasaron los años y cuando la convivencia con esa chica andaba dando tumbos te leí desde el principio hasta el fin, lentamente, tarde unas semanas pero cuando te terminé sabía que acababa de leer a un grande. Y por eso gracias, porque se nota que te dejaste el cuerpo en la escritura de esa novela, que me parece que junto a las de Santiago Gamboa se convertirá en una de las últimas novelas totales de nuestro continente.

Paso 4
Que es encerrarme aquí otra vez. No criticar, no discutir y tampoco maldecir, porque hoy recuerdo que La literatura nazi en América también la compré en la Yachaywasi de Cochabamba, fue con un sueldo que me pagaron en una ONG donde empecé a trabajar. Recuerdo que ese mismo día compré una novela para una amiga que cumplía años y la novela El escriba de Voltaire de Pablo de Santis. Y ahí estaba, Roberto Bolaño, dos novelas: La pista de hielo y La literatura nazi en América; sabía que era una novela pero con tremendo título no pude dejar de comprarla y la dejé esperar unos días hasta que la leí en el viaje de Cochabamba a La Paz, siete horas para tu novela, lo siento pero leo a veces muy lento. Y me quedé asustadísimo y perplejo porque el último cuento cuando empezaba a llover en el camino me dejó tembloroso. Es que te cuento que yo me iba a vivir a La Paz, para hacer una investigación sobre la masacre en la Ciudad de El Alto en octubre de 2003. Y lo que tú me estabas diciendo en Martines Hoffman: El infame me pareció tan conocido, que recordé muchas de mis clases con Orlando Mercado y sus posteriores caminatas cuando hablábamos de la dictadura o de las masacres o del suicidio de los presos o del arte en tiempos de dictadura. Y claro, tú me lo dijiste de otra manera. Y hoy, de nuevo en La Paz, ya no en mi casita de Sopocachi ni en mi cuarto de Juan Pablo II en El Alto ni en mi cuarto garzonier de Ciudad Satélite también de El Alto, sino en la casa de mi amigo Luis, te digo que no, que esa historia no la quiero repetir, no sabes cuánto me ha cagado algunas historias que quería contar, pero siempre esa puta atmósfera se mete en mis textos y así me reconozco una copia tuya y por eso mereces que te olvide, porque eres como un virus que puebla mi escritura y mi ser.

Paso 5
Que es colgar el teléfono para ya no hablar más de ti a nadie. Porque ahora suena en el reproductor de discos BajoFondo con su albún Mardulce. Y me doy cuenta que muy pocas veces hablaste de música en tus novelas y en tus cuentos, de hecho no sé qué música te gusta, no sé si escribías sin música o con música, yo lo podría saber si leyera más de tus entrevistas pero no sé, no me gustas tanto como entrevistado, me pareces medio aburrido y algo engreído. Me gustan los que se saben buenos y no les molesta mostrarlo; a ti siempre te dio pena hacerte ver como uno de los buenos. Pero en fin, eso yo no te lo puedo reclamar. Yo sí escribo con música, no puedo concebir mi literatura sin música, de hecho te cuento que el primer libro que escribí, que además de todo es malísimo, se llama El Mareo, mira que se iba a llamar Secuencias porque el cuento con el que se abre el libro es una suerte de escritura copia de la segunda parte de Los detectives salvajes. Creo que ese cuento salva el material que emplearon para hacerlo y no sabes cuánto agradezco a esos amigos por haberlo publicado, porque no es lo mismo ver tus cosas en la pantalla de tu ordenador que publicadas. Te sientes miserable cuando has publicado. Y para salvarme del bajón el Juan, un gran amigo, compatriota tuyo me sugirió que escuchara Encontrar, de la banda sonora de Se arrienda, ¿ves cómo siempre vuelvo a Fuguet? Pero bueno, te decía que Secuencias es copia directa y sin amagues de la segunda parte de Los detectives y cuando escuché el primer corte del disco Mardulce de Bajofondo lo cambié y escribí rápido a la Claudia Michel que era la que editó mi libro y le dije dos cosas, cambia el titulo y pon por favor este epígrafe. Y ella, tan buena como siempre, lo hizo y el libro se llama El Mareo, ojala hubieras escuchado esa canción, espérame ahorita vengo la pondré para ti. ¿La escuchas? Ojalá que sí y puta ojalá tuviera un cigarrillo para fumarlo contigo mientras la escuchamos, y me pondría en esa típica pose de tipo que escribe y fuma, así como esa genial foto del Fernando Mayorga, no, no esa que se parece a Groncho Marx, no, no esa, la otra, la que sale de perfil, con la mano derecha doblada y agarrando el pucho y elevándolo hacia arriba, y el otro brazo, el izquierdo, doblado y debajo del derecho y casi agarrando su costado derecho, es tan linda esa foto y lo quiero tanto al Fer, pero no fumo y casi no bebo, me hace daño, horrores, pero bueno, ahí está en el aire esa canción, la canta Gustavo Cerati, si, sí antes que se ponga mal, mucho antes de Fuerza natural, mucho antes, creo de la reunión de Soda, aunque no sé, los tiempos se me mezclan. “Hay vidrio en la arena/ ya no me da pena dejarte un adiós/ así son las cosas, amargas/ borrosas, son las fotos veladas de un tiempo mejor”. Y ese bandoneón gritaría mi hermana Patricia que está en Buenos Aires y no te ha leído y no me da pena por ello. Y es por esa pinche canción que así se llama mi libro, espérame tantito la voy a poner de nuevo. Ah, ahora lo recuerdas, BajoFondo, la banda de Gustavo Santaolalla, sí esa misma, ¿el productor del Amor chiquito de Fobia? Sí ese mismo, ah, ¿pero cómo sabes? Ah, pinche huey es que tú viviste en México en los ochenta y claro, el Bar La Iguana, la pinche banda, el huey del Paco Huidobro, y el pelmaso del Iñaki, oye no le digas así, está bien tiene un nombre medio cojudo, catalán por cierto y tu fuiste amigo de muchos de ellos en Girona o ¿me vas a decir que no?, pero bueno el Iñaki es un capo para los sintetizadores. Sí ya sé que no es cómo el Jorge Soto, pero es un capo. “Con los ojos no te veo/ sé que se que se me viene el mareo/ y es entonces cuando quiero salir a caminar/ El aire me siega/ hay vidrio en la arena”. Y el epígrafe del librito ese era tuyo: “En la sala de lecturas del infierno/ en la sección de los aficionados a la ciencia ficción/ con un cigarrillo en la boca/ los ojos verdes y veinticinco años/ un servidor”. Y es que sí, yo también tenía veinticinco o veintiséis cuando todo eso ocurrió.

Paso 6
No ser tan maniaco y dejar de leerte porque luego de leer por segunda vez Los detectives salvajes y La literatura y el 2666 quería leer todo lo tuyo, y así encontré Amuleto y me di cuenta que tus proyectos literarios no tenían fin, que cuando una historia de verdad te gustaba la ibas construyendo de a poco, sondeabas miles de terrenos, convocabas más voces y dabas vida a esos pasajes que dejabas en entre líneas. Siempre había la posibilidad de una continuación o como diría mi profesor Javier Sanjinés, tú generabas que la contemporaneidad no sea contemporánea. Claro que con Javier no hemos hablado de ti, pero de seguro que pronto lo haremos, tal vez tangencialmente. Lo haremos porque él está aquí en La Paz y soy tan feliz cuando estoy conversando con él, de seguro tú sentías la misma felicidad cuando conversabas con Rodrigo Fresán o con Juan Villoro o con A. G. Porta; pero mejor te digo, antes de seguir hablando de mi vida, que Amuleto me gustó mucho por la vos narrativa que usas y lo siento si sueno a estudiante de Literatura de la Carrera de Letras de San Andrés, pero no sé cómo más decírtelo. Ah, sí, esa mujer, la Auxilio, tu personaje narrador, es hiper divertida y trágica, como la conciencia madre de todos los poetas perdidos y jóvenes del México de tú perra adolescencia, cuando no tenían un peso ni una torta de jamón y La Librería de Cristal era tu hogar; que, ahora lo sé, armó, ordenó y catalogó mi amigo Oki Vega que fue quién además comentó mi novela hace unos meses aquí al tiempo de su presentación, él llegó allá por los ochenta a la UNAM y recuerda haber conocido a Paz y a otros pero de ti no se acuerda, y él no se siente mal por eso porque el DF es muy grande. Pero me mostró una foto con Villoro y una con Fuentes y una con la Elena Poniatowska y otra con claro, Monsivais, y es que como él era casi el dueño de La Librería de Cristal se encargó de organizar lecturas de esos cuates para los estudiantes pobres y desamparados del DF. Y ¿hacía dónde quería ir? Ya recuerdo, Amuleto, y sí, Oki me dijo que esa fue una temporada jodida, que aún se respiraba en el aire lo de Tlatelolco, lo de Colosio y lo de Sonora empezaba a notarse. Amuleto era como estar ahí, como una crónica de todo lo que se estaba pudriendo lentamente en México y tú te aferraste a la idea de que el país de la adolescencia no sólo son los libros, sino los recuerdos y el olor de las calles y el color de las madrugadas. Esas madrugadas que te la pasabas en los techos de las casas de la Colonia vaya a saber qué nombres. Porque a mí se me han olvidado. Yo me iré a México. Pero no en viaje turista. O me iré tal vez, en viaje de maestría, que es otra forma de viajar de turista; pero ojo que si el Javier me dice que me vaya con él, no lo pienso ni dos veces y me cago en la leche de todos y me largo con él y hacemos complotar el ensayo. Pero Amuleto es una mujer encerrada en un baño, que recuerda como su cuerpo envejeció, una mujer que recuerda sus amores y sus amigos muertos y sus queridísimos niños poetas y perdidos; es una mujer que tiene en la piel tatuada el desamparo y la humedad. Ella es la inconciencia de lo que quisiste olvidar, es la fuerza de los amores que dejaste por tu pinche sueño de ser escritor, ojalá que te haya servido de algo ahora que ni tu madre está vida y tu mujer se pelea con gil y mil por los derechos de tus libros y que aparentemente anda cagada de guita porque sigue sacando inéditos tuyos para ser publicados, te exorciza cada que puede esa Carolina López. ¿Y tú que haces allá? ¿Qué mierda hay detrás de la ventana querido Roberto?

Paso 7
Que es no pensar en ti. Lo siento acabo de cambiar de música ahora está gritando, cantando y dándome felicidad Andrés Calamaro. Su disco que suena es El regreso. Es tan lindo ese disco y siempre en soledad fui feliz escuchándolo. Entiendo, esto no es sobre mí, sino acerca de ti. “El día que me quieras/No habrá más que armonía/Endulzará sus cuerdas el pájaro cantor/ Florecerá la vida/No existirá el dolor”. Hay que ser mucho músico para integrar en una canción tan potente como Te quiero esos versos de Atahualpa Yupanki. ¿No te parece? En Fin, como podrás ver estoy yendo en desorden, ahora te diré que Wilmer, un amigo, uno de esos grandes lectores; Vargasllosiano como él sólo podría llegar a serlo a fuerza de rigor, me pasó el jueves pasado La pista de hielo y quedamos en que si yo quería me lo daría e intercambiaríamos por uno de los libros míos. Así me quedaba para mí con tu libro. Y bueno, parecía un buen negocio hasta que lo empecé a leer y se nota que tú fuiste de menos a más, ese libro no lo soporté, no lo pude terminar de leer, llegue a menos de la mitad y no me gustó, creo que estabas intentando contar la historia de algo que te salió mucho mejor en algunos cuentos de Llamadas telefónicas o en algunos pasajes de Los detectives. Sí, estabas haciendo tus primeras armas y te tenías fe, pero te faltaba rabia. Y tristeza porque tus libros están plagados de rabia y tristeza y en ese libro estás solapadamente contenido. Tienes miedo de la crítica y de los lectores. Eres ahí el mejor de los escritores pudorosos y eso no te convenía y no sé si sea porque te editó Seix Barral o porque necesitabas dinero, pero lo dejaste ahí y ojo que no te digo que luego lo pudiste haber retomado y lo hubieras podido editar de nuevo y reescribirlo, eso no, eso no se hace, ya lo sabemos; pero es una imperfecta muestra de lo que podías hacer en ese momento y por ello te doy gracias. Porque sólo así se demuestra valor. Cojones Roberto, que difícil es decir que una novela es como una fotografía nuestra, nos muestra tal y como éramos en ese momento y si es imperfecta pues qué pedo. Las obras imperfectas para los críticos o para algunos lectores es nomás la prueba de fuego de un escritor, su primera bala. Lo mejor de sí. Y La Pista de hielo es eso, lo mejor de ti en esos años, pero de ahí en más ya no sé te reconoce porque ya sabías a lo que ibas, te tomaste más en serio, más aferrado a la vida a pesar de la muerte. La pista de hielo es tu tarjeta de presentación ante todos y lo que vemos ahí no es genialidad es fuerza. Es un tipo duro que no se va a dejar tumbar tan fácil. Y eso es lo aquellos que nos hemos quedado intentamos hacer. Quisiera tener aquí Honestidad brutal de Calamaro, ahí hay una canción que se la dedica y escribe a Miguel Abuelo, el fundador de Los abuelos de la nada y creo que muchos de sus versos y acordes te irían al pelo en este momento, como ese de “formaste a una generación en el rock de verdad/ Me lo recuerdan cuando vienen a visitarme en los recitales”.

Paso 8
Que es borrar tus fotos. Espérame un rato, iré a llorar junto a la ventana del living o del cuarto que ocupo, porque así se ve mejor ciudad de La Paz y acaba de sonar un pianito tenue y es el Andrés cantando Crímenes perfectos. Sabes, Invierno, mi primera novela la escribí escuchando muchas veces esa rola, ah sí también Martín Kohan o al menos eso quiero creer porque en Dos veces junio está esa impronta o no es acaso otra forma de decir “¿Desde qué edad se puede empezar a torturar un niño?” decir: “Me parece que soy de la quinta que vio el Mundial 78/ Me tocó crecer viendo a mi alrededor/ paranoia y dolor”. Sabes, no es un secreto que en la primera imagen que se veía en mi celular era una foto tuya, esa que tienes con tu gabardina negra de cuero raído y ahora hace unas semanas, desde que estoy en Ciudad de La Paz la he cambiado, ¿Qué que he puesto es su lugar? Pues la portada del Mundo feliz de Fobia. ¿Ves que todo nos envuelve y nos lleva por el mismo lugar? No estamos tan solos ni tan perdidos, y tú lo sabías, pero fuiste un perro romántico y por eso te aferraste a tu propia mitología y armaste tu propio territorio con cada una de tus grandes novelas, primero usando tu vida y luego tu historia, no la historia de tu vida, sino tu historia genética, la de tus padres, la de tu país pasillo y ahí es cuando armas Estrella distante y Nocturno de Chile que son tus obras magnas sobre el Chile de los setenta y principios de los ochenta. Es tu forma de echar mierda a toda esa faceta de la vida política y social de tu país que es también el resumen de la vida política de nuestros países, ¿Acaso mi abuelo no se vino a Bolivia arrastrando a su tropa luego de quemar El Diario del Ché porque tenía miedo que los gendarmes se lo encuentren al cruzar la frontera? Y eso que mi abuelo era un gran mecánico de autos que había migrado hacía mucho desde su natal Siria, dejando a un hermano en el Brasil. Y tú lo sabías, sabías que los latinoamericanos no sólo somos hijos del rigor sino de la migración y tú tenías que venir para contarnos esa historia, Cojones Roberto, ¿Cómo voy a contar la historia de mi familia sin que parezca que te estoy imitando? ¿Cómo? Y Nocturno de Chile es la búsqueda de lo que hemos perdido en la literatura cuando ella se acostó con el poder y se dejó sodomizar por los escritores que tenían que escribir la historia de nuevo para avalar de nuevo sus proyectos políticos, querían inventar la nación cuando ella ni siquiera sabe lo que es poseer un territorio. Ah caray, ya tengo un tema para hablar con el profesor Javier Sanjinés, ves, como eres, estoy hablándote y se me suman ideas porque te estuve escuchando con ilusión y ahora sé que tu literatura era eminentemente política. Tú no aguantabas esa necesidad, porque ningún latinoamericano que se respete niega la necesidad de narrar su patria. Y menos aún cuando se la mira de lejos. Y claro, el Andrés de nuevo, porque la vida no se entiende sin música: “De grande me volvió a pasar lo mismo, pero ya estaba duro mucho antes/ dicen que hay un mundo de tentaciones/también hay caramelos con forma de corazones/ dicen que hay bueno o malo/ dicen que hay más o menos/ dicen que hay algo que tener y no muchos tenemos”. Y aunque la letra es de Marcelo Scornik, el Andrés se la costura al cuerpo y la canta como suya, como mía, como tuya. Y ahí en Estrella distante sí te animas a alargar la historia que dejaste pendiente con Martinez Hoffman: El infame, tú eras ahí, un narrador puro y duro, de esos que Vargas Llosa formó en los ochenta. Y te presentas como nuevo. Como único porque esa es tu virtud, presentar los viejos temas de una forma remozada y única y nueva, los giros que le dabas ponían un nuevo orden a la realidad y a su representación y me vas a perdonar pero ahora recuerdo otro de los versos que Calamaro le dedica a Miguel Abuelo: “Cuando tenías algo que decir/ lo decías dos veces”.

Paso 9
Que es borrar tus marcas del elevador. He subido a tantos edificios cargando tus libros en la mochila que ya no sé ni por dónde empezar. Y tú también tenías ese artificio. Ordenemos tu danza infinita a partir de unas cuantas novelas; las que leí, las que releí y las que espero volver a leer. Tienes la tristeza, tienes la idea del mal y tienes la idea sobre el miedo y el tiempo perdido. Y armas tus edificios con dos columnas, la primera el mal y la segunda la tristeza. La tristeza está llena de tus cuentos, de tus libros de cuentos, desde Llamada telefónicas, Putas asesinas, El gaucho insufrible y El secreto del mal y en la novela Amuleto. Y el mal está en las novelas, La pista de hielo, La literatura Nazi en América, Estrella distante, Nocturno de Chile, Los detectives salvajes, y el 2666. De las demás no me preguntes porque no las leí. Pero ahí estás. Y esos dos pilares se comunican entre sí y se parecen a esos ascensores de cristal desde los cuales uno puede verlo todo, así como el ascensor del CEDOAL. Ese lugar donde alguna vez trabajó la madrina de Lautaro, tu hijo. Y esos dos pilares sostienen tú narrativa y tus preocupaciones, que no son otras que los avatares de nuestro continente, ya sé que dijiste que tu patria eran tus hijos pero tú continente nunca dejó de ser Latinoamérica. Por eso Literatura Nazi en América, Estrella distante y Nocturno de Chile hablan sobre Chile –aunque en Literatura hablas también de Argentina a veces- y no cualquier Chile, ni cualquier parte de Chile, Hablas de ese Santiago de tu infancia y de tus padres y hablas del Chile del cobarde Pinochet y de Frei. Y claro es como dice Pablo Milanés: “Yo pisaré las calles nuevamente/de lo que fue Santiago ensangrentada”. Por eso quisiste volver, por eso fuiste y caminaste por las calles que ya no te sonaban a nada y compraste libros y diste entrevistas y asististe a ese programa donde despliegas genialidad y ternura. Y luego está México. Varios de los cuentos de Llamadas telefónicas y de Putas y de El secreto del mal ya prefiguran ese momento. Pero sobre todo está en Los detectives salvajes, en Amuleto y en el 2666. están tus viajes con tu querido Mario Santiago Papasquiano, es decir, Ulises Lima, está tu primer amor, está tu escritura y tus amigos escritores, está el recuerdo de lo que dejaste atrás y la ansiedad por ser lo que deseabas ser desde niño, Roberto por eso te fuiste, porque desde lejos se ve mejor. Hay que tener distancia para decir las cosas que se desean decir sin dañar a nadie. Y tú la necesitabas más que cualquiera, porque no ibas a ser contemplativo, no ibas a negociar tablas en el ajedrez. Estabas dispuesto a narrar la migración de nuestras gentes y la corrupción y el miedo y el tedio y sobre todo la farsa de la literatura que vive sólo a través de los libros, porque lo que hiciste es vivir para poder escribir. Pero yo sé que querías volver, porque tú última palabra fue México.

Paso 10
Por qué hoy ya no. Ya no puedo más Roberto, pero espera antes que me repliques algo te diré que Calamaro acaba de callar, iré y pondré algo de Fobia como corresponde ahora que ya estamos por acercarnos al final, ¿qué albúm de Fobía quisieras que ponga? ¿El Rosa Venus? De acuerdo, claro, es el único disco de Fobia que no escuchaste en vida. Ahora regreso entonces. Traeré una taza de té para mí, ¿tú deseas algo? ¿Café con leche? Sí, bien dame unos minutos. Ahora sí, bueno te decía que hoy ya no, ya no me siento preso entre las redes de un poema. Escucha Bolaño, esa es la voz de Leonardo de Lozanne, cantando a José José, Si me dejas ahora, exacto esa es la canción. Suena tan bien. Sí sí han cambiado de batero, el Chiquis se hizo gas muchos años y ahora está de nuevo en circulación con una banda llamada Hotdog sí exacto como los que comías en la Insurgentes y Bolívar, los que comías con quesadillas en la Colonia Roma por casi un ojo de la cara, sí, también los vendían en la Bucareli cerca de la casa que Mario decía que era suya. Sí ahora el batero es el Jay de la Cueva. Uno bajito, como yo, delgado, como yo, buen tipo, como tú.. Bueno Roberto te decía que hoy ya no, no quiero saber más de ti, no sé si el Wilmer o el Mauricio o el Rubén Vargas, no el Rubén no pudo ser, ni mi editor, tal vez el Edmundo, pero hace rato que no habló con él, ahhh si fue el Mauricio Rodríguez, ya lo recuerdo. Él me dijo que en México y en otros lugares hay miles de jóvenes que se están organizando para ir a recorrer en auto el camino que Lima y Belano recorren en ese mugroso Impala blanco, ¿lo puedes creer? Bueno, hay locos por todo el mundo regados a su suerte, están los que hacen el camino de Santiago, bueno a mí me gustaría hacerlo, yo creo en esas cosas, ya te has dado cuenta, pero también están los que hacen ese mismo camino porque leyeron El guerrero de la Luz y El Alquimista de Coelho; y aquí en ciudad de La Paz, hay los que recorren la ciudad con Imágenes paceñas en mano, sí, exacto el libro de Jaime Saenz y supongo que no faltaran los fatalistas que lo hacen buscando las cantinas que Vizcarra describe en sus libros, ¿tú crees qué esa sea la inmortalidad? Ser casi una guía para el turista. Es como las gringuitas chancleteras que visitan nuestros países y se tiran a un lugareño porque es parte del paquete turístico: Visitar Tiahuanaku, sí, Ver el Salar de Uyuni, sí, Hablar con un lustrabotas, sí, Comprar cosas de aguayo, Sí, bailar llamerada y morenada en El Ojo de agua, Sí, Tomar Pampeño, Sí, culear con un chico del lugar, sí. Listo hora de irse. Hay bolaño, algún rato van a sacar: Bolaño para principiantes y será un buey selller, te lo aseguro. O un comic o una peli con García Bernal haciendo de ti. No vomites que no es mi casa, el Luis se puede molestar. Pero hoy ya no. No te podemos hacer eso. “Mezclando químicos para que vuelvas a aparecer”. Sí es un buen verso, ¿no? Sí, la letra está vez creo que es del Cha! y del Paco. Ah, ¿sabías que el paco Huidobro es hermano menor del Huidous?, sí ese gordo cago de risa de Molotov. Sí, ¿entonces? Raro ¿no?, toda esa cosa de Mira tete y Puto, que son insultos velados entre el Iñaki y el gringo de Molotov. Pero en fin, ¿en qué íbamos? Sí, que hay muchos que quieren sentir en frío para poder escribir y tú te sentías mito desde el inicio, esa historia de Javier Marías sobre que escribió en tres semanas Los dominios del Lobo comiendo sólo pan con mostaza y que dices siempre que el punto de partida de tu generación fue esa novela y La asesina ilustrada de Vila-Matas y sí, Los dominios del lobo es una magnifica novela y el Marías la escribió a los 19 años, cabrón. Pero el Vila-Matas! No pues, no puedes equivocarte así. La leí hace años y hace casi un mes la releí y no es la gran cosa, como que no vale el papel en que fue impresa, Historia abreviada de la literatura portátil es mucho mejor, pero hasta ahí. Por eso Bolaño, hasta hoy, mañana empezaré a desconfiar de ti.

Paso 11

Tengo que admitir que hubieron muchas veces en que amanecí pensando en ti. Eras una bocanada de aire fresco, pero eras capaz de eclipsar a todos los demás, incluso cuando los aconsejabas leer, estabas haciendo alarde de lo que habías leído. Estabas diciéndonos que éramos unos cojudos al lado tuyo y que cómo habiendo leído tanto no se te daba más pelota. Eras roña pura a ratos, querías hacer poemas sólo para ti, quieres decirme que no, que no es posible que en el piso de arriba se celebre un cumpleaños y te pongas a llorar. Ni lo conoces, yo incluso lo he visto muy pocas veces se llama Diego creo que tiene unos siete años, claro era la edad que tenía Lautaro cuando te empezó a ir bien cuando ganaste el Rómulo Gallegos, sí, pero qué mierda así es la vida. Te petateaste. Es tan fácil seguirte y caminar sobre tus pasos. “Si no regreso/No te preocupes por mí/Dejé mi corazón a mil kilómetros de aquí/Ya no recuerdo en qué lugar/Ya no recuerdo el país/Sólo recuerdo que contigo fui feliz/Y aún tengo el viento y nuestra canción”.

Paso 12
Que es estar a punto de rendirte honores con Shampoo. Y son doce pasos para no pensar en ti. Tener tus novelas, leerlas, aprender de ellas y aceptar que la literatura no empieza ni termina contigo y eso no me va a matar. Llegar de nuevo a encerrarme otra vez pero con otros, con otras, no contigo. Te pareces tanto a mí o yo me parezco tanto a ti que me recuerdas mucho a lo que quería ser. Sí cometí el error, que no se vuelva repetir, pero como te dije soy medio maniaco y tengo que buscarme otro con quien reemplazarte, y ahí esta Juan José Saer, Santiago Gamboa, Paul Auster, y algunos que irán apareciendo. Y sí, estamos escuchando a Fobia y te das cuenta que a veces nos tenemos que reinventar para poder seguir. Y claro que tenemos que matar a nuestros maestros porque sólo así tendremos un nombre y un apellido, porque no queremos una vida sencilla, tampoco queremos una vida movida; queremos la vida que nos merecemos o la que nuestras letras harán que merezcamos. “Sé que estás a punto de decirme que estoy loco/ que no sirvo para darte lo que mereces/estoy harto de que me haga falta algo/ de sentir en la cara/ todo el peso de la culpa/Sé que es muy maniaco de mi parte/ el llamar para colgarte/Ya no sé ni qué meterme, para no pensar en ti”. No Roberto, es algo que tengo que hacer solo. El camino se divide en dos, y ahí mismo está el camino y el camión. Y sí Roberto Bolaño, aprendí de ti y te juro que si no hubiera sido por ti no hubiera escrito ni una sola línea de ficción y que si no hubiera sido por ti hoy estaría más conforme y menos dudoso sobre mi futuro. Pero está bien. Así tenía que ser. No es tu culpa, así que no te sientas culpable, no eres de esos, es más bien la nuestra y eso es lo que me da miedo, que se confunda literatura con alboroto, que se confunda esfuerzo con bohemia, que se confunda la vida con la literatura, que se confunda saber escribir con saber contar, que se confunda tu obra con el futuro. Espero que estés bien allá. Roberto Bolaño, nacido en Chile el 53 y fallecido en Blanés del 2003, supo en una oscura noche, que la vida se le acababa, que el tiempo ya no pasaría, y que su alma se gastaba, se está pudriendo y se está pudriendo más, desde hace un rato que se escurre y no se secará jamás, sólo espera que lo lleven a enterrar, feliz está porque se va. Roberto, nos dejaste grandes libros, buenas historias, entrañables personajes, la ilusión por crear. Nos dejaste mugre, trocitos de tu polución, nos dejaste frases memorables, y la tristeza también; pero ahora “Puedo rascarme solo/Puedo enterrarme solo/Puedo abrazarme solo/Y acabarme”.

Fuente: http://razonesdelfuego.blogspot.com/



Una Respuesta »

  1. […] lo que hace esta novela es contarnos en clave biográfica, una estela de esa historia. Roberto Bolaño. El nombre. el hombre y las facetas que dieron origen al mito. Zabalaga arriesga tanto como pone en […]

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