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Los escritores y los que escriben



lluvia de piedra

Los escritores y los que escriben
Por: Veronica Ormachea

Existen los escritores y los que escriben. Los primeros son escasos en este mundo con millones de habitantes, en cambio los segundos abundan. No son muchos los que pueden calificarse como escritores. El verdadero escritor es el que tiene el talento, la imaginación y el lenguaje para traducir de forma sutil, profunda y original, lo inmaterial, lo intangible de lo mejor y peor de la condición humana convirtiéndose así en un creador.

La pregunta del millón es que si ser escritor es algo innato o es un oficio que se puede cultivar.

A mi juicio el verdadero escritor nace, sin desechar el mérito de los otros. Dicen que para practicar este oficio, el 10% es inspiración y 90% transpiración. Hemingway decía que para ser un buen escritor hay que tener “un trasero de hierro”. El buen escritor quedará para siempre en el club de los clásicos de la literatura universal.

Un ejemplo de escritor es Rodrigo Urquiola Flores que apenas con 24 años ha ganado con su primera novela Lluvia de piedra la Mención de Honor del Premio Nacional de Novela 2010 en Bolivia. Además ha sido merecedor de premios nacionales e internacionales.

Rodrigo Urquiola es un innato contador de historias, más aún porque escribió Lluvia de piedra en 6 meses y la primera edición, publicada por Alfaguara, se agotó en 10 días.

Tuve el honor, de presentar su novela en la reciente FIL de La Paz, el evento cultural más importante en Bolivia.

El título Lluvia de piedra ya hace un quiebre con la realidad.
Esteban, el personaje principal, después de autoexiliarse en Antofagasta durante 40 años, decide volver a Bolivia y al bajarse del tren encuentra que su novia muerta lo está esperando.

A partir de allí nace una trama angustiosa intrigante, alucinante donde Esteban tiene un reencuentro con su pasado donde la lluvia dentro de una piedra es una constante, como si fuera un cargo de conciencia del que no se puede liberar. Shakespeare decía: “somos del mismo material del que se tejen los sueños”. Claro está, ya que lo onírico es la proyección de nosotros mismos.

¿Esteban vive un sueño? ¿Convive en el mundo de los muertos? ¿En un mundo surrealista que excluye toda lógica? ¿Busca vivir una catarsis para liberarse de los fantasmas del pasado que lo persiguen? ¿O vive asfixiado por su pasado oscuro envuelto en el delirio buscando redimir su alma atormentada?

Cuando empecé a leer Lluvia de Piedra, me recordó a Pedro Páramo de Juan Rulfo. Sin duda, Lluvia de piedra está inspirada en aquella gran novela corta. Cuando se lo comenté al autor, me confesó que había sido el primer libro que leyó y que lo había impactado mucho.

En Pedro Páramo, Juan Preciado, su hijo, vuelve a su pueblo en busca de su pasado y encuentra un lugar desabitado lleno de fantasmas y almas en pena que viven allí.

En Lluvia de piedra Esteban llega a Bolivia y se encuentra con su novia y es el único que la puede ver.

Dentro del contexto de la ficción, Esteban empieza a mezclar la realidad en que vive con la ficción que él mismo crea estableciendo un mundo paralelo. El filo entre lo onírico, la alucinación y la realidad en que vive el personaje es mínimo, pero está descrito con tal destreza, que el lector nunca se pierde.
Difícil tarea.

Si bien la novela está influenciada por el realismo mágico, se la podría enmarcar en el realismo fantástico ya que crea una atmósfera imaginaria, introspectiva y protagónica.

Una estupenda novela corta muy recomendable.

Fuente: Página Siete



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