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Al borde del abismo: Billie Ruth, de Edmundo Paz Soldán



Billie Ruth Tapa Bolivia

Al borde del abismo: Billie Ruth, de Edmundo Paz Soldán
Por: Jack Martínez Arias

Imagina esto: eres un niño asomando por el balcón de un edificio. Un niño perturbado, confundido. Entonces “miras hacia abajo, te da vértigo. Catorce pisos en caída libre. ¿Cómo se sentirá? (…) Escuchas a mamá retándote, ¡no te acerques tanto al borde! ¿No ves que te puedes caer? Cierras los ojos y…”. Así, angustiados, aturdidos, y al borde del abismo, se encuentran los protagonistas de Billie Ruth (Páginas de espuma, 2012), el nuevo libro de cuentos de Edmundo Paz Soldán (Bolivia, 1967).

Y no solo hablo de abismos físicos. Algunos personajes se enfrentan a precipicios sentimentales acaso más amenazantes, acaso incontrolables. Y uso ahora la palabra precipicio porque este término, en nuestro diccionario, también significa “ruina espiritual” (DRAE). Entonces los personajes del libro también están arruinados. ¿Arruinados por qué razón? Los motivos podrían ser quince, como el número de cuentos que contiene el libro. Pues como en la vida, los protagonistas son parecidos pero distintos. Cada historia es una historia.

Aquí no me remitiré a cada cuento, claro está. Y eso me obliga a marcar solo las constantes, los puntos en común que ofrece la colección. Tenemos, primero, los escenarios. Ellos van desde un lujoso hotel en Miami hasta un pueblo remoto y olvidado de Oruro (Bolivia). También aparecen cabañas alejadas de la ciudad, campus universitarios, hospitales, y sin embargo, aun con ese tipo de contrastes, el narrador nos recuerda que no importa tanto el espacio físico cuando lo que se respira es soledad, desesperanza, tristeza o frustración. Es decir, en una ciudad o en un páramo, para muchos de los personajes del libro, el trasfondo es el mismo: desolación y desamparo.

RELACIONES FAMILIARES Y TRAMAS SOMBRÍAS

Ya algunas reseñas han dado cuenta del carácter “familiar” del libro. Con ello se refieren a que se exploran las diferentes relaciones padre-hijo(a)-madre. En ese sentido, son especialmente remarcables los momentos en los que el narrador nos presenta tensiones extremas entre las psicologías de niños (hijos) y adultos (padres). Tenemos, solo por citar un ejemplo, la historia de un niño que es obligado a pasar todas las tardes con su padre (quien está divorciado de su madre). Debe permanecer horas de horas con él en el auto, recorriendo la ciudad. Esto, claro, no parece ser tan raro; pero la situación cambia si se agrega que el padre se dedica a vender drogas y que el niño es usado para disimular el acto ilícito, para guardar las apariencias frente a la policía. Así como ésta, hay diferentes escenas en las que esta tensión de familias disfuncionales se hace notoria. Y de esta manera, el libro cobra una mayor fuerza narrativa.

De esto último se desprende que el mundo delincuencial también tiene parte importante en este libro. Este no es un terreno desconocido para Paz Soldán si se toma en cuenta que en su última novela (Norte), uno de los protagonistas es un mexicano que traspasa la frontera de Estados Unidos innumerables veces para cometer asesinatos en serie y convertirse en uno de los personajes más buscados por la policía norteamericana. Y en Billie Ruth tenemos, claro, escenas de crimen, niños que se inician en la delincuencia, violaciones, asesinatos.

Cómo negarlo, es un libro de tramas sombrías. Y esta aura de tensión constante es lograda a través de estrategias narrativas muy lúcidas. El narrador nos cuenta todo con rapidez y eficacia. No se enreda con términos oscuros o argumentos impenetrables. Además, diría que su punto fuerte está en los finales; y eso se debe destacar, ya que el último toque es el más importante en un género como éste.

Ahora terminaré hablando de fútbol. Sí, de fútbol. ¿Y por qué? Sucede que el fútbol aparece como telón de fondo en algunas de estas historias. Paz Soldán es un conocedor del tema y por eso logra insertarlo con naturalidad. Es decir, el fútbol está presente pero como un escenario más. No le quita protagonismo a los personajes, pero le provee al libro, y por ende al lector, un escenario fresco, poco frecuente y, por ello, atractivo. Así, los personajes pueden pasar por monumentales estadios norteamericanos o campos de fútbol amateur en Bolivia. Aunque, es necesario marcarlo, esto no le quitará el halo sombrío a las historias. Por ejemplo, ninguno de los futbolistas que aparecen como protagonistas es exitoso. Aquí no se trata de estrellas mundiales ni mucho menos. Se trata de suplentes eternos, de jugadores frustrados, de futbolistas retirados antes de tiempo. Entonces, el ambiente tenso y oscuro sobrevive. Y uno termina dándole la razón al narrador cuando pregunta: “Dígame, ¿ha visto algo más triste que un futbolista?”

El libro, por supuesto, explora más temas: desengaños amorosos, enamoramientos adolescentes, pérdidas, muerte, enfermedad. Todo, narrado con la madurez de un escritor que cuenta ya con más de una docena de libros en su haber. Muy recomendable.

Fuente: Perú 21.pe



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