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Irresponsables, literatura y periodismo



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Irresponsables, literatura y periodismo
Por: Luis Alejandro Phillips Pedriel

“Nací con tinta en las venas. Eso, al menos, es lo que me gustaría creer”.
(En Tinta Roja, Alberto Fuguet)

Uno de los oficios más antiguos es el del cuenta cuentos, claro, además de otro muy célebre. Este personaje ofrecía, debido a su gran memoria y capacidad de narrar, grandes relatos sobre hechos fantásticos (o no no tanto). Si tomamos, por ejemplo, la Ilíada de Homero, ¿acaso no tenemos un relato histórico, proveniente de fuentes que vivieron el conflicto, adaptadas a la historia oral, con una cronología bastante próxima a la real, pero contada de una manera fantástica, buscando transmitir un mensaje más allá de lo evidenciable? Pero más allá de la respuesta, o la pregunta, que pueden ser completamente criticables, encontramos algo que une lo real con la narración. Y haciendo un salto, podemos decir que hay un hilo que conecta la actividad del periodista con la del escritor. Esto es: el oficio de contar.

Pero qué contamos y cómo lo contamos viene a ser otra de las cosas a resolver. Bueno, podemos contar lo mismo, de la misma manera, pero hay un elemento indispensable de diferencia: el lector. Y digo el lector porque hasta el medio donde se publica puede ser el mismo. Recuerdo, y si no es cierto sabrán disculparme, que hace años (si no me equivoco fue en 2008) se publicó un artículo en un periódico local, que señalaba que habían encontrado a un niño extraviado, de unos 6 años de edad, en inmediaciones del parque La Torre, en la zona San Pedro, escuchando al buen Charly García y repitiendo palíndromos como un condenado, completamente perdido. Esta noticia llamó mi atención, pues vivo cerca del lugar mencionado, y como todo buen curioso pregunté a la gente, a la hora de comprar el pan, si había escuchado algo sobre dicho asunto. Nadie supo responderme. Les dije que estaba en el periódico. Seguramente, fueron presurosos a comprarlo y leer dicha noticia; favor aparte al canillita. Lo que aconteció después es que ese artículo periodístico era una fantasía, pues ese día era el domingo 28 de diciembre, Día de los Inocentes. Tenía todos los elementos de una crónica periodística, incluida Brigada de Protección al Menor y demás, pero era una ficción narrativa. Nunca más volví a creer en el periódico.

Si tomamos las palabras de Libertad, en la entrañable Mafalda de Quino: “¡Los diarios! Los diarios inventan la mitad de lo que dicen. Y si a eso le sumamos que no dicen la mitad de lo que pasa, resulta que los diarios no existen”, y cambiamos un poco el final, podemos pensar que el texto periodístico no es solo descripción empírica de los hechos. Como dice Fuguet, además el periodista tiene que meterle algo, algo que los simples datos no te dan, puedes llamarlo espíritu, una chispa, el arte de contar la noticia. Eso no significa tergiversar la información, pero es ese oficio, ese de contar las cosas, lo que acerca al periodista con el literato.

Algunas de las ideas que Hemingway manejaba, y que dicen que procedían de un manual de periodismo escrito por un señor de apellido Bond, eran estas: “1) No todos los hombres pueden triunfar; 2) la mayoría de los hombres están destinados a la frustración; 3) los frustrados se contentan con diversos tipos de ensoñaciones. La conclusión es que el periodista debe proveer estos sueños”. La ensoñación, ligada a la posibilidad de reconstruir imaginariamente un suceso, la produce un buen relato, uno que no se limite al dato, que utilice las herramientas que la narrativa ofrece y se dedique a contar los acontecimientos. El literato también cuenta, cuenta las posibilidades de los hechos, todo parte de la realidad, de los datos, pero los confronta con su imaginación, los reelabora, los reinterpreta, los reescribe y los reproduce. Se convierte en un irresponsable, un infiel con su realidad, la altera, la dispersa y la reconstruye.

George Bernard Shaw escribió que Periodismo es: “un montón de letras emborronadas por un irresponsable en el reverso de un aviso publicitario”, entonces el periodista era un irresponsable. Pienso que efectivamente tiene un grado de irresponsabilidad. Es necesario, ese es su proceso creativo, pero es responsable de su producto, de dar a conocer los hechos. Y cuando quiere dejarse llevar por la irresponsabilidad hace literatura, trasfigura lo cotidiano hasta hacerlo ilegible y vuelve a escribirlo, a hacerlo nuevamente inteligible, pero diferente al original, recrea ese cotidiano. Entre este grupo de grandes irresponsables se encuentran Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Antonio Gala, Alberto Fuguet o Roberto Bolaño.

También dentro de este grupo se encuentra nuestro invitado para el Conversatorio del próximo jueves en el Centro Cuarto Intermedio (CCI). Hablaremos sobre “Literatura y Periodismo” con *Víctor Hugo Romero, quien nos acercará a esta intrincada relación entre oficiantes del contar, del contar bien, y como dice nuestro invitado: de contar una buena historia. Como siempre, el punto de encuentro será en el CCI, este próximo 18 de julio a las 19:00 horas, en sus instalaciones de la calle Ernesto Daza No. 1814, esquina Rivero Tórrez, a una cuadra del Jardín Botánico. El ingreso es libre.

Fuente: La Ramona



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