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Símbolos y mitos en la obra narrativa de Adolfo Cáceres Romero



el charanguista de boqueron

Símbolos y mitos en la obra narrativa de Adolfo Cáceres Romero
Por Samuel Arriarán

En general, la obra narrativa de Adolfo Cáceres Romero se caracteriza por no contar historias literales sino de imaginación sensorial; es decir, más que una narrativa basada en la transmisión de ideas explicativas o conceptos, se trata una forma literaria basada en la expresión de estados de ánimo y de sentimientos. En lugar de imágenes que expliquen cosas de una manera concreta, son símbolos que el lector puede sentir y comprender de otra manera. Por ejemplo en El último khipucamayo se trata de la búsqueda de ciertos colores como el rojo sangre de Drago y del azul de Anqas que simbolizan la recuperación de nuestra memoria colectiva. El khipus no es un tipo de escritura gráfica ni tampoco un sistema de numeración. Es sobre todo un lenguaje de colores que transmite estados de ánimo y símbolos, más que ideas. Esta utilización de los colores para definir una diferente forma de racionalidad basada en la sensibilidad nos recuerda la trilogía de Kieslovski Azul, Rojo, Blanco. Igualmente hay aquí una descripción de colores como símbolos equivalentes a ideales universales (justicia, fraternidad, igualdad).

Es importante subrayar estos elementos de naturaleza sensible y simbólica en la obra narrativa de Cáceres que ponen en alto los méritos estéticos de este gran escritor subvalorado por los críticos y escritores cosmopolitas-posmodernos que no quieren saber nada de la tradición nacional. No se puede pasar por alto que Adolfo Cáceres Romero ha demostrado un trabajo constante y riguroso hasta sus últimos relatos, que han sido reconocidos por su excelencia, como por ejemplo El charanguista de Boquerón (Premio Nacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz”).

El objetivo de este artículo es interpretar ciertos símbolos y mitos para revalorar su obra narrativa relacionando temas nucleares que antes eran difícilmente advertidos. Estos temas son de naturaleza sociopolítica, indígena y mitológica.

1. La temática sociopolítica en las novelas de Cáceres

La mansión de los elegidos. La novela trata de la historia de Juanino y un notario que camino a un pueblo sufren aventuras de todo tipo, desde situaciones reales hasta imaginarias o metafísicas. Según la interpretación de José Ortega se trata de una farsa alegórica sobre la identificación del ser humano con Dios (1). La novela está estructurada en dos partes, viaje y llegada. En la primera parte se describe el viaje a un lugar denominado “la mansión”, en realidad no es un lugar físico sino un lugar literario. La novela nos da entonces una primera pista ¿puede entenderse esta obra a partir de un referente textual? No por nada Cáceres cita la ascensión al cielo de Remedios la bella, el personaje de García Márquez en Cien años de soledad:

“una elegida. Era una elegida… habla de todos los elegidos que están en el cielo. Habla de Melquíades que hace poco volvió a partir no se sabe donde. Tal vez volvió a Macondo”. (2)

Juanino cree que su salvación depende de su entrada a la mansión, la que supuestamente tiene el secreto de la verdad; él está solo y lo único que quiere es salir de la angustia. El pueblo narrado por Adolfo Cáceres sería un lugar mítico. Claro, hay en esta novela referencias reales como la ciudad de Cochabamba y su morgue donde los estudiantes hacen sus escalofriantes prácticas médicas. Igual que en la obra de Renato Prada Oropeza (con quien comenzó su carrera literaria), hay en las descripciones de Cáceres cuadros tremendistas, goyescos o valleinclanescos. Se trata de una deformación grotesca de lo real ¿qué es si no “la mansión”? un edificio en forma de templo, que recuerda El castillo de Kafka porque se trata de un lugar que quizá no existe o que si existe es impenetrable. Por esta razón, Juanino no puede entrar en ella; su búsqueda simbólica no se lo permite (sueña con una puerta que crece y crece hasta el infinito).

En la segunda parte de la novela, se trata sobre todo de la vida del notario, un burócrata que llega al pueblo, creyendo que se va de vacaciones, pero cuando llega a la mansión los indígenas lo confunden con un santo que hace milagros:

“Por las puertas se vaciaron los monjes y penitentes hacia Illojta, irrumpiendo en las calles, ocultos en sus negras cogullas, como apariciones de ultratumba ¡Kharisiris jamusanku!, cundía la alarma entre los pobladores.”(pág .159)

La Mansión es una especie de panóptico-monasterio o purgatorio, antesala del cielo. Así, para los indígenas, el notario es un kharisiri, un demonio. Los indígenas lo declaran culpable y quieren prenderle fuego mientras que él exclama desesperado: “Yo no soy brujo, ni hechicero, ni nada” (pág.215). Le dicen que debe convertirse y creer en Dios, pero él lo rechaza. Interviene entonces el padre Tadeo, un cura que le salva de ser quemado. En su lugar decide quemar libros. La novela concluye con la descripción del retorno del notario y de Juanino a la ciudad. Este retorno significa una especie de negación de la búsqueda de Dios. La expulsión del pueblo por los representantes de Dios (los monjes y curas) no significa otra cosa que su imposibilidad de ingresar a la Mansión de los elegidos. La fe no es para ellos. No hay justificación para la existencia.

Aunque hay un acento innegable en esta novela en la religión y en la brujería, no hay que perder de vista el tema sociopolítico que se expresa en símbolos claramente relacionados con la intolerancia y la opresión social. En este sentido se puede interpretar la mansión como una metáfora de la sociedad disciplinaria (igual que el castillo para Kafka, modelo del panóptico y de la sociedad totalitaria).

La saga del esclavo

Esta novela continúa el tema sociopolítico en el contexto histórico de los primeros años de 1800. Los personajes principales son: Andrés, Isabel, Eudolinda, Elvira, sus sirvientes Pedro y Antonio. Hay dos bandos: los independentistas como Castelli, al frente de las fuerzas que llegan a Potosí; Puerreydón un gobernador de Potosí. Los independentistas ya sea en Potosí, La Paz o Cochabamba intentan establecer un nuevo régimen pero por diversas razones se desmorona. Por el lado opuesto aparece Goyeneche, el temible militar español que encabeza el ejército realista. La novela empieza cuando el patrimonio de Isabel es confiscado. A raíz de acusar a su padre como pizarrista. Isabel quiere recuperar su patrimonio y para ello va a ver a Castelli.

En medio de la guerra entre independentistas y realistas la novela nos presenta varias sub historias como la del Zambo, un esclavo filósofo, teólogo, que lee a San Juan de la Cruz, a Fray Luis de León y a San Agustín, fue instruido por Pedro Aldana, una especie de teólogo de la liberación. La historia del Zambo comienza cuando junto con Mariano Ventura y Juan Altamirano matan al padre de Isabel por pizarrista. En principio parece tener como guía ideológica la causa independentista (razón por la que es apresado y posteriormente juzgado) pero después vemos que se guía por sus propios ideales religiosos. Mariano Ventura y Juan Altamirano que en principio parecían revolucionarios, después se ve que no eran sino más que vulgares matones que se guiaban por fines individuales como la ambición. Igual que el Zambo son personajes importantes en la novela que sirven para que el lector se identifique con el bien o el mal. No es que Cáceres intente construir personajes maniqueos, sino que la propia narración del contexto de la época le lleva a plantear dilemas morales. Estos dilemas están marcados en función del origen social de los personajes, es así como Altamirano se describe como un mestizo sin identidad, tiene una uña mortífera que simboliza la garra del diablo. Este es otro buen ejemplo del uso de símbolos en la narrativa de Cáceres, lo que produce un creciente interés y una alta emotividad en el lector.

Podemos decir que esta novela de Cáceres está marcada por el signo de lo trágico, desde el desmoronamiento del nuevo régimen hasta la derrota de Castelli o la toma de Cochabamba por el siniestro Goyeneche: “en Cochabamba se habían fundido cañones de estaño y desarmado los órganos de las iglesias para hacer con ellos proyectiles en defensa de su territorio, frente al avance de las fuerzas de Goyeneche.” (3)

Lo que hay en esta novela es una toma de posición fuerte contra las injusticias del colonialismo. En esto retoma la tradición de la novela de Nataniel Aguirre, Juan de la Rosa. En lo general coincide con una corriente literaria cada vez más numerosa en América Latina con autores como Carlos Fuentes en su novela La campaña, que igualmente relatan las pugnas internas entre las fuerzas independentistas; entre los españoles de Europa y los españoles de América o criollos que se fueron considerando históricamente como patriotas.

El charanguista de Boquerón

Esta novela trata de la guerra del Chaco. Hay otros cuentos donde anteriormente Cáceres intenta recrear el asunto. “Fiestas patrias” narra la muerte de un excombatiente. Un anciano que un día de celebración de una fiesta patria se va a la farmacia a comprar medicinas para su mujer. Durante este recorrido recuerda un combate con los paraguayos. Se topa con otros ex combatientes y se olvida del encargo de su mujer. En otro cuento “La cruz” un soldado herido en la guerra del Chaco estando vivo es echado a la fosa común de los muertos. Antes siente que se acerca la muerte y se siente extraño, siente la derrota y la gran humillación. No se identifica con los héroes. No cree en la patria.”Defendemos la patria pero ¿qué patria? Defendemos intereses privados”. (4)

En estos cuentos anteriores a El charanguista de Boquerón se advierte y se anticipa una desmitificación de la guerra. El tratamiento estético narrativo se realiza a través de la desdramatización y el distanciamiento histórico.

En El charanguista de Boquerón se trata de la historia de Víctor, un soldado cuyo mérito entre otros es ser músico. La primera parte nos describe la defensa del fortín Boquerón. Aunque hay muchas novelas sobre la guerra del Chaco, sin embargo ciertos aspectos como el combate heroico en Boquerón que no deja de ser fuente inagotable de inspiración. Hay verdaderos hoyos negros inexplicables como el atroz abandono de los defensores ¿por qué nunca llegaron los refuerzos prometidos? La visión de Cáceres se vuelve aguda y sumamente crítica con respecto a la conducción de la guerra. Esta visión se centra primeramente en la oposición entre los defensores de Boquerón y los jefes. Esta oposición es caracterizada como una lucha a muerte entre dos hermanos. Caín representa simbólicamente a los jefes que no solo demostraron ineptitud sino también una falta absoluta de lealtad hacia los subordinados a los cuales castigaban y hacían fusilar con el menor pretexto.

Lo interesante de esta novela es que hay un doble fondo del conflicto entre Caín y Abel. La estructura formal de la novela es lineal, nos narra la llegada al Chaco, la captura de Víctor por los paraguayos y su liberación. En ciertos momentos hay flasbacks como cuando Víctor recuerda sus amores juveniles en Cochabamba. Esta estrategia narrativa se combina con la presentación al inicio de los capítulos de epígrafes en torno de la lucha simbólica entre Caín y Abel. No es como dice Alfonso Gumucio Dagron que dichos epígrafes “son prescindibles” (5). Lo que el autor pretende es contextualizar la guerra entre bolivianos y paraguayos como una falsa guerra entre hermanos. No es casual que el personaje principal sea músico. Lo que une a Caín y Abel es justamente el lenguaje musical porque “en música no hay fronteras. Y así comenzó nuestro singular concierto de charango y guitarra, en plena selva y en plena guerra, uniendo a dos ejércitos que se olvidaron de que eran enemigos.” (6)

Lo importante en esta novela no es el recuento de muertos o heridos sino la posibilidad de existencia de un lenguaje universal que reduzca las rivalidades entre naciones. En este sentido el lenguaje de la música es lo que permite la unión fraterna entre bolivianos y paraguayos. Hay que valorar positivamente este aspecto de la novela de Cáceres que coincide con una tendencia artística actual por buscar puentes de amistad entre las naciones. Es el caso de aquellas películas donde en medio de la brutal guerra entre bosnios y serbios o entre musulmanes y fundamentalistas hay un momento donde los miembros de estas culturas tan diferentes logran establecer un vínculo de hermandad olvidando que son enemigos. En la novela de Cáceres nada más conmovedor que hacernos oir en el silencio de la noche los sonidos desgarradores del charango de Víctor en medio de una guerra absurda creada para único beneficio de las transnacionales petroleras.

Octubre negro

En esta novela hay dos historias: la de un viejo maestro de historia en su deambular por un hospital tratando de ayudar a los heridos durante un enfrentamiento militar. El contexto es octubre al final del gobierno de Goni, cuando los cocaleros dirigidos por Evo están a punto de tomar el poder (7). La otra historia es la de Junio César Bascuñán, de 41 años, un profesor de filosofía que se enamora de una joven de 17 años (la Huaripolera). Tiene un hijo Germán de 16 años, Paula de 14, y Marianela de 5 años. No se lleva bien con su familia, busca pretextos para salir de su casa para encontrarse con la ninfa. Un día el filósofo no puede más con su pasión y se declara a la Huaripolera pero en el colegio donde trabaja todos se enteran y se burlan; es obligado a renunciar. Su mujer lo echa a la calle al sentirse agraviada. No pudiendo realizar su amor por la Huaripolera que lo planta, dirige su pasión a otra joven, Varinia, a quien despierta su sexualidad. Varinia acaba como prostituta. El profesor siente una culpa inmensa por causar su “perversión”.

Lo que nos llama la atención de esta novela es el hecho de que un contexto de guerra civil (el derrocamiento del gobierno) se nos presentan historias de amor de naturaleza romántica. Lo que intenta Cáceres es desdramatizar la política desde una visión de los personajes de la vida cotidiana que no tienen nada de heroicos. Detrás de la lucha por el poder existe también un lenguaje de los sentimientos de las personas que no participan en la política pero no por ello su vida deja de ser significativa. Esta manera de enfocar la vida cotidiana también se presenta en muchos cuentos de Cáceres.

Los primeros cuentos: “Copagira” (1975) “La emboscada”, “La condenada” hasta Golpes (1983) sobresale la idea de la violencia política como desvío a la vida cotidiana, así en “Copagira” cuando en plena huelga minera un cantinero en vez de patear a un perro, patea a una mujer pobre (la palliri, la loca, del campamento). Es el tema de la violencia que estalla de modo desfigurado, no como guerra sobre soldados y mineros. El cantinero siente remordimiento porque en realidad quería patear al perro pero desvía su impulso violento hacia la palliri. Este cuento se relaciona con otros como “Cerco de fuego” donde se trata del tema del odio y el rencor. Un ciego desprecia a su mujer que le sirve de lazarillo. La mujer le prende fuego como venganza por el maltrato recibido injustificadamente.

En “El esbirro” se trata de la historia de un agente del gobierno. Está desempleado y recuerda sus crímenes, entre ellos el de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Cuando es detenido no cree que es por haber cometido estos crímenes. Se trata de un sujeto común y corriente sin ninguna ética, incapaz por tanto de diferenciar el bien del mal (igual que aquel oficial nazi que describe Hannah Arendt que no sentía ningún remordimiento cuando después de gasificar a cientos de judíos se iba a misa o a comer tranquilamente con su familia).

En general lo que caracteriza a los cuentos de Cáceres es que no tratan historias de héroes sino de gente normal que realizan sus actividades cotidianas como un entierro o una boda (“Golpe siete”), o una enfermedad. Casi siempre hay un hecho que rompe la rutina a raíz de un golpe militar. ¿Estas interrupciones son del orden simbólico del mal? Por ejemplo el “Golpe seis” sirve como modelo de lo que intenta describir el autor, los personajes no son militantes políticos, se trata simplemente de personas comunes como un albañil que lleva a su mujer a un hospital, pero en el trayecto los suben a un camión militar; nunca llegan al hospital sino a un cementerio clandestino donde los entierran junto con el cargamento de heridos y moribundos. Aparentemente hay un aspecto “no partidista de estos relatos,” como si el autor no quisiera comprometerse sino narrar como simple testigo de los hechos pero como dice José Ortega “se percibe la vena crítica del ineludible compromiso del autor se canaliza a través de la ironía” (8) .

En efecto, la literatura de Cáceres es una forma irónica de decir no al golpismo. Se puede ver en su técnica narrativa lo que los psicoanalistas y filósofos denominan un proceso de “desplazamiento” de lo inconsciente a lo consciente ¿qué son si no esos desplazamientos de la violencia política a la vida cotidiana? Gilles Deleuze habla de una especie de literatura de los marginados, es decir, lo que escapa al poder del centro, aquello que sólo existe en los espacios ocultos o en los suburbios. Cáceres diría: aquello que existe en la vida cotidiana, fuera del Estado y que sólo en apariencia no es importante. En realidad son importantes y merecen la atención de los escritores porque justamente en estos espacios marginados es donde se plantean los principales dilemas morales y existenciales.

2. La temática indígena

De manera paralela a la temática sociopolítica, Adolfo Cáceres trabaja desde sus primeros cuentos la temática indígena, aunque habría que aclarar que no lo hace a la manera indigenista (caracterizada más que por sus hallazgos estéticos formales, por su aspecto panfletario) sino más bien con relación a la mitología y la magia. Así “La condenada” es un cuento que trata de una mujer india que huye de la ciudad para ser redimida de los abusos del patrón. Vuelve a su pueblo como muerta ya en su ataúd. Sus padres creen que se condenó sin remedio. No tiene salvación, ni las brujas pueden salvarla. “El kharisiri” es otro cuento que trata de una mujer indígena que ve como su padre es matado por el diablo. Se obsesiona con él y siente que es poseída (en realidad la posee su hermano) pero quiere liberarse aunque sea por la vía del suicidio. Es el tema del mal que viene de afuera, producto de un embrujo.

La temática indígena se conecta con “El último khipucamayo” un hermoso cuento que trata de la extinción de los portavoces de la tradición de los khipus. La historia se centra en Ilo, un joven de 16 años hijo de Huamán Kondorkanki quien busca colores para seguir elaborando khipus (le falta el rojo sangre de Drago y del azul de Anqas). Entre 1583 y 1690 las autoridades y los curas se dedicaron a extirpar y destruir los khipus por considerarlos paganos y demoniacos. Para Ilo, que es perseguido y torturado se trata de salvaguardar la memoria de los antepasados, la historia de su pueblo, de su cultura, de sus wakas y sus Inkas: “Ilo llegó a saber que Sabino Tarky, el último khipucamayo ahorcado unos meses atrás, había ocultado los colores que él precisaba” (9). Este cuento nos emociona mucho cuando al final sabemos que por más que se intente destruir la tradición resulta imposible, lo que nos deja una sensación de esperanza en un futuro abierto. Más que ideas utópicas, lo que Cáceres nos propone es un sentimiento o estado de ánimo que no acepta la derrota o la muerte de las tradiciones opuestas a la cultura occidental.

Es importante señalar que la preocupación de Cáceres por el rescate de la mitología indígena no tiene un fin meramente histórico. Como narrador, lo que él busca es una exploración del género fantástico. “El ángel supremo” trata de la vuelta del dios Viracocha a través de lo sapos como se posesiona de los humanos y los destruye. Este es un cuento con estructura de mito indígena. Es mito barroco como mezcla de humanos y animales, sueños y realidades que se confunden; miedo a lo desconocido, el croar y el silencio.

“El ángel de la cuerda” trata el tema del pecado o la transgresión. Se ubica en un lugar más allá “donde todo está poblado por ángeles”. Ese lugar es el purgatorio donde el padre muerto le habla a su hija viva. El padre está colgado, se ahorcó, como acto de redención le habla anunciándole a la hija que se reunirán en el otro mundo. En “El ángel piadoso” se trata de un tema similar al anterior, del más allá o de ultratumba una mujer que vuelve al mundo de los vivos para vengarse del marido que se aprovechó de ella para quedarse con su finca. En estos cuentos, lo común es siempre una referencia a los mitos indígenas, Viracocha, los chullpas, Tiahuanaco, etc.

El hecho de que Cáceres recrea mitos indígenas no significa que su obra se reduce a temas locales. Lo que se advierte detrás de esos temas particulares son referencias a importantes problemas actuales aunque bajo la forma de mitos universales o arquetipos colectivos. Así en “Los ángeles de Lilit”, hay señas del apocalipsis, señales del fin del mundo. Aves que son presagios. En “El ángel del amor” se trata de un médico que se enamora del amante de su mujer. Después de operarlo para ser su mujer lo mata y luego él mismo se mata. Es el mito del andrógino, alguien que es el mismo se vuelve reflejo del otro (por cierto, este mito también es tratado en una reciente película de Pedro Almodóvar, La piel que habito, cuando el médico al operar a su paciente no hace más que ocultar su propia parte que se destruye).

Conclusión

No se podría deducir que la referencia a la mitología indígena en la obra de Cáceres constituye un particularismo literario en contradicción con los desarrollos de las últimas tendencias de la literatura latinoamericana, tendencias que serían más cosmopolitas. La obra de Cáceres al estar relacionada la problemática con los símbolos y de los mitos locales adquiere un nuevo interés en la medida en que estamos viendo cómo en otros países de América Latina decaen las modas literarias posmodernas. Tal es el caso de corrientes como el “Crack” (Jorge Volpi, Eloy Urroz, Palau)) o el “anti-macondismo” (por ejemplo Alberto Fuguet).

La obra narrativa de Cáceres se puede comprender y revalorar en el contexto de la novela del boom latinoamericano. Junto con la obra de Néstor Taboada Terán y otros escritores de su generación constituye otro de los aportes de la literatura boliviana, no sólo por su fuerte acento en la temática sociopolítica sino también en la estética del mito. Hoy se ve que el boom latinoamericano no se reduce al realismo mágico. Hay una diferencia radical entre lo mágico y lo mítico. No es convincente asociar el boom al realismo mágico ya que ello deriva en un exotismo o “macondismo” difícil de justificar estéticamente (el “macondismo” tiene que ver no tanto con García Márquez sino con sus imitadores como Isabel Allende o Ángeles Mastreta).

Notas
(1) José Ortega, Narrativa boliviana del siglo XX, Editorial Los amigos del libro, Cochabamba,1984,p. 59.
(2) Adolfo Cáceres Romero, La mansión de los elegidos Ediciones Camarlinghi, La Paz, 1973 p. 61.
(3) Adolfo Cáceres Romero, La saga del esclavo, Kipus,2010, p.222.
(4) Adolfo Cáceres Romero, Entre ángeles y golpes, Editorial Kipus, 2011,p.167
(5) Alfonso Gumucio Dagron, http://www.nuevacronica.com/cultura/acerca-de-el-charanguista-de-boqueron-la-sonrisa-inerte-de-la-muerte/
(6) Adolfo Cáceres Romero, El charanguista de Boquerón, Kipus, Cochabamba, 2010,p.104.
(7) Adolfo Cáceres Romero, Octubre negro, Kipus, Cochabamba, 2011.
(8) José Ortega, Narrativa boliviana del siglo XX, Los amigos del libro, Cochabamba,1984, p.74.
(9) Adolfo Cáceres Romero, “El último khipucamayo”, Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba, 2011, p.10.

Fuente: Ecdótica



Una Respuesta »

  1. Arturo von Vacano dice:

    No hay datos sobre el autor de esta nota?
    Ya era hora de que le hicieran justicia a Caceres…

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