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Respuesta de Pablo Lavayen al escritor Adolfo Cáceres Romero



lapiz

Estimado Adolfo Cáceres:
Por: Pablo Lavayen

Con todo el respeto que merece al caso, quisiera ensayar una breve respuesta al texto que usía publicó con respecto a un pequeño ejercicio de crítica de mi autoría, publicado alegremente en el libro “Literatura y Democracia, novela cuento y poesía en el periodo 1983 – 2009”. No por rencor ni por ningún tipo de sensibilidad herida. Simplemente porque, al contrario de aquello de evidente que tiene todo axioma, ciertas declaraciones suyas sufren una cierta anemia argumental. Debo empezar admitiendo ciertas falencias mías, como hombre ético y humilde: primero, mi capacidad para “apreciar” los textos literarios, según sigo su juicio, probablemente debe ser causada por una atrofia sucedánea a todos los que componen mi generación de lectores: leemos por doquier sin distinguir lo bueno de lo malo y esta condición de psicosis lectora nos provoca serios temblores (acá parafraseo una apreciación estética que alguna vez leí del escritor y crítico formado en la carrera de Literatura de la UMSA, Sebastián Antezana). Lo que no significa para nada que esto tenga algo que ver con la formación que hemos recibido todos los estudiantes, también contemporáneos, en la carrera de Literatura de la UMSA; segundo, los comentarios intrínsecamente referidos a mi texto carecen de la necesidad de ser rebatidos o discutidos, pues todos los que compusimos este proyecto de investigación admitimos que en nuestras lecturas hay, necesariamente como todo en la vida, muchas fisuras. La única opción a este fenómeno sería la de volver dogmáticamente a las revisiones textuales propias del estructuralismo más duro y esto, al fin de cuentas, no es más que una cuestión de temperamento crítico. Así pues, tomaré cada una de sus observaciones como pies de nota sobre errores que no debo volver a cometer, honestamente: con humildad y devoción. Pues sucede que todo texto debe ser capaz de defenderse por sí mismo y si no lo es, no hay más que recordar que los muertos deben enterrar a sus propios muertos.

Lo que realmente me preocupa es que la estructura argumental del texto de usía parece delatar algo más de lo que dice. Si tan sólo fuera una invitación a la conversación y a la sugerencia mutua de ideas y lecturas, esta misiva no tendría sentido. Lo que más bien presiento (sentimiento que me produce una pequeña tristeza, no lo puedo negar) es una cierta saña en contra de la institución que es la carrera de Literatura de la UMSA.

Pues ahí Ud. empieza y ahí Ud. termina su texto. En pocas palabras y en resumen, quisiera notar que el disfraz de reseña o crítica textual con el que su texto se disfraza no disimula su verdadero carácter de diatriba furiosa contra la carrera de Literatura.

Con una reverencia a estos guiños narrativos- biográficos que me enfrentaron a un espejo tales como los que reflejaban a los esperpentos de Ramón del Valle-Inclán, me despido con mucho respeto.

Fuente: Lecturas



4 Respuestas »

  1. Arturo von Vacano dice:

    Ejemplar modelo de la escritura chola…
    Felicidades, doctorcito.
    Untuoso como moco, dice poco y lo dice mal…
    Saludos a su Patrona la Bruja Negra.

  2. Daniel Averanga Montiel dice:

    Jajajajaaja… ¡Ese von Vacano es todo un loquillo… !

  3. […] en aplausos ni pergaminos. Aspiro a no haber vivido en vano, a ser útil. Aunque no me crea el joven Lavayén, amo la Carrera de Literatura de la UMSA, porque es la única que existe en el país y quiero que […]

  4. Pablo Lavayén dice:

    De pecador a pecador (pues la palabra “moco” suena muy mal, casi como si Poe hubiera utilizado un loro que declame el célebre “nevermore) : qué buen comentario, escritor von Vacano, por cuestión de milímetros su flecha casi da en el blanco, Admito que ando con tendencias estridentes (por algún complejo histérico que me debe estar afectando (seriamente, ando somatizando mis preocupaciones)) y por lo tanto grotescas. Añadiría, además de chola, una escritura similar a los avisos de neón de los burdeles más decadentes (que mi condición provinciana no me ha permitido admirar pero que puedo imaginar). Pero carezco del vigor del rigor académico, entonces se me escapa eso de “doctorcito”. Nunca tendré los méritos para merecer un insulto tan sutil.
    De todos modos admiro su obra, escritor Von Vacano. Atesoro una primera edición de “El apocalipsis…”. Prometo (para mí mismo, en fin) darme pronto un paseo por las obras del escritor Adolfo Cáceres, que por estridente también, ha llamado mi atención. Antes de este micro-affaire mis únicas impresiones de él eran las de un hombre sumamente bien parecido y guapo (dos adjetivos que no necesariamente son sinónimos) que deambulaba por las ferias de libros con mucho garbo (que tampoco es sinónimo de los anteriores).
    Me complace en saber que al menos Jesús siempre será mi amigo.

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