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Crítica de libros: Los días más felices



Hasbún

Crítica de libros: Los días más felices
Por: Fernando Molina

Rodrigo Hasbún posee una gracia para contar (o cuenta con una gracia) que no tiene parangón en la literatura boliviana. Los días más felices, publicado hace un par de años por el prestigioso sello español Nefelibata, es el último resultado de esta destreza.

Claro que “gracia” no resulta fácil de definir. Es lo mismo que decir que alguien es “guapo”: uno está seguro de lo que dice, pero no puede justificarse por completo. Digamos que Hasbún escoge astutamente lo que debe narrar en una prosa precisa, calmada, cadenciosa; pero sobre todo que sabe qué callar, qué dar por sobrentendido, cuándo detener la narración para sugerir por medio de lo que no se revela, de lo que se deja afuera. Sus historias, entonces, están llenas de decidores silencios, de expresivas indeterminaciones.

La supresión es también el medio que el autor usa para asegurar la presentación persuasiva y verosímil de su material, allí donde los pormenores hubieran echado a perder el efecto que buscaba. Incluso la usa para aspirar (de una forma un tanto provinciana) a la universalidad: aunque varias de sus historias transcurren en Bolivia, este nombre nunca aparece; se habla del “país”, el “monte”, “aquí”, por oposición a un también nebuloso lugar o lugares extranjeros.

Hasbún tiene un extraordinario cuidado al escribir. Prefiere poner puntos suspensivos antes que lanzarse a una descripción de la que no saldría bien librado (ni él ni su cuento), borrar antes que cometer una ligereza. Toda su obra es de una contención y una delicadeza (incluso cuando las palabras que sí suelta son procaces o brutales) que se oponen diametralmente a la idiosincrática elocuencia latinoamericana, a la consabida apuesta regional por sumar las palabras para incrementar el arte. La suya es una tarea, por así decirlo, de adelgazamiento de nuestra tradición, en la cual lo preceden varios autores contemporáneos, como el chileno Alejandro Zambra, una de las referencias favorables que, como es de uso, aparecen en la solapa de su libro.

El propósito es poético, poetizar la narración, pero sin recurrir a la retórica (aunque la falta de retórica sea por supuesto también una retórica), como si el paradigma fuera el haiku o, mejor aún, el bonsái (que la Academia define como “planta ornamental sometida a una técnica de cultivo que impide su crecimiento mediante corte de raíces y poda de ramas”.) A propósito, Bonsái es el título de una novela de Zambra.

La forma en que se lleva a cabo esta búsqueda define, a mi juicio, los dos lados de “Los días más felices”. El lado brillante, las mejores narraciones (casi todas las de la primera y segunda secciones, sobre todo “Familia”, “Larga distancia” y la muy bien lograda serie de recuerdos colegiales, en la que actúan un grupo de nítidos personajes). No hay falla aquí; el autor va hacia donde quiere, pese a su juventud, con una seguridad impresionante; y un crítico boliviano puede decirse a sí mismo: “Por fin, por fin…”.

También está el otro lado, sin embargo: La tercera sección del libro está compuesta con textos que extreman la poetización a un punto casi experimental, que nos recuerdan los ejercicios de los talleres de escritura, y entonces el crítico lee suspendiendo el aliento, como quien suspende su opinión, un poco contrariado, aunque deseando no decepcionarse.

Quizá para el lector sea más sencillo: En un tono menor, Los días más felices es un bello libro.

Fuente: Nueva Crónica Nº 136



5 Respuestas »

  1. Samanta Piñeiro dice:

    Yo no sé qué le ven a este libro. Lo leí y releí, y solo encontré un cuento que valga la pena: el primero, Familia. El resto del libro es frío, pretencioso y vacío. Parece que todos se dejan influenciar por una opinión y no se animan a la crítica. Hace poco leí el libro de Guillermo Ruiz, “La última pieza del puzzle”, y me pareció un libro muy bueno, mejor que el de Hasbún. Pero Ruiz no tiene cuates ni agente, y Hasbún sí. Hace poco nombraron a Hasbún como uno de los mejores escritores jóvenes y eso me pareció la mayor injusticia en la literatura boliviana actual. Habiendo escritores más profundos y complejos, como el mencionado Ruiz o Juan Pablo Piñeiro o Wilmer Urelo, Hasbún debe representar a Bolivia. Eso demuestra que la literatura boliviana es una rosca y siempre lo será. Todo queda entre amigos. Y no es que tenga algo personal con Hasbún, sino que me molesta que tenga tanta publicidad. Les pregunto, amigos del blog, es èl el mejor autor boliviano como para merecer tanta publicidad? Lean a Urrelo o al viejo Rocha Monroy y díganme quien merece más publicidad y entrevistas.

  2. Yo dice:

    No sé de qué te sorprendes Samnata. Este mismo blog es una rosca. Se promocionan los mismos libros, se los reseña positivamente hasta el hastío -tienen la desvergüenza de ser reseñados hasta por sus parientes-, se publican hasta 3 artículos semanales de los mismos autores, son como 6 o 7 que van rotando y se escriben artículos entre sí, o almenos eso parece, o que en Bolivia no existen más autores que esos 6 o 7. Incluso hay mejores autores jóvenes que los que mencionas, pero se quedan en los bajos mundos de al literatura, sin reconocimiento más que entre otros autores indies, pues ni tiene representante, ni se hicieron cuates de algún literato o editor conocido, o no estudiaron literatura en la UMSA y le lamieron los zapatos lo suficiente a sus docentes.
    Hasta para publicar en Bolivia son bien oligarcas. Si no tienes un padrino las editoriales ni te reciben un manuscrito.
    Mientras en nuestro país no se abran las posibilidades a todos los autores para dar a conocer sus trabajos ( y blogs como este ayuden a su promoción), seguiremos sumidos en la mediocridad y el anonimato internacional, con solo 2 o 3 escritores actuales que nos representan, dando la idea de que en todo nuetsro terriotio solo existen 2 o 3 autores lo suficnetemente calificados para publicar un libro.

  3. Samanta, creo que en literatura nadie tiene que estar de acuerdo con nada, ni mucho menos con un autor. A mi me gustan otros autores más que Rodrigo, pero reconozco en él a un grande de nuestras letras. Me gustan Aldo Medinacelli, Rodrigo Urquiola, Brayan Mamani, Cecilia Romero, Fabiola Morales, Miguel Ángel Gálvez, Giovanna Ribero y un largo etcétera. Antes los autores bolivianos no tenían nada de publicidad y nadie los mencionaba y ahora se los menciona por todos lados, lo que es mérito de ellos.
    Saludos,
    Marcelo Paz Soldán

  4. Yo,
    No, este blog no es una rosca. Si así fuera no publicaríamos un montón de notas de tantos autores y editoriales. A veces sucede que cuando un autor está sacando un libro salen un montón de notas, hasta que pasa y aparece uno nuevo. La idea de ecdótica es ir creando con el tiempo una especie de bitácora de la literatura boliviana. Así que cuando pongas en google Fabiola Morales encontrarás todas las notas referidas a ella. La literatura boliviana, admitamoslo, no es tan activa que digamos. Así que si Paz Soldán presenta Iris es normal que todos hablen de él y su novela, lo que refleja ecdótica. Las editoriales no publican a más autores por que la literatura boliviana vende muy poco. Tú, por ejemplo, que has comprado últimamente de literatura nacional?
    Sabes cuántas editoriales hay en Cochabamba, cuántas en Santa Cruz? Si fuera un negocio, no crees que habrían más? Somos muy pocos en este negocio y encima nos dicen rosquetes che. A ver, metele por tu lado a este tema y ahí recién lanzas la piedra. Yo se esconde en un pseudónimo, nosotros no. Damos la cara, aunque ya nos la hayan roto variadas veces, pero acá estamos.
    Saludos,
    Marcelo Paz Soldán

  5. […] de Maximiliano Barrientos (Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer, 2011) y Rodrigo Hasbún (Los días más felices, 2011) insisten en la dislocación, la sensación de incertidumbre, la confusión de la clase media […]

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