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 “Lo que sí importa es que el lector disfrute con esta obra”



EL HOMBRE

“Lo que sí importa es que el lector disfrute con esta obra”
Por: Adolfo Cáceres Romero

(Prólogo a “El Hombre” de Alvaro Pérez, ganadora del VII Concurso Plurinacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz”, versión 2013)

El Hombre, obra de ciencia y ficción, ganadora del VII Concurso Plurinacional de Novela “Marcelo Quiroga Santa Cruz”, versión 2013, surge luego de una singular pugna con Érase un vez… Manuel, novela testimonial que al principio se perfiló como la favorita, por cuanto refleja una realidad que se hizo un mal endémico en el país, pues ni viviendo en democracia advertimos que ha cambiado nuestra situación política y social. Érase una vez…Manuel se nos presentaba como un llamado de atención para todos los bolivianos. En cambio, la otra novela, El Hombre, nos parecía alejada de la realidad nacional. Sin embargo, no era ese compromiso lo que debíamos calificar. Nuestra valoración era estrictamente literaria; entonces, descubrimos que El Hombre tenía los suficientes atributos como para merecer la distinción del Premio. Así, los cinco jurados unánimemente la elegimos. De las 20 novelas que revisamos, en principio yo seleccioné cinco, luego tres, mientras que el resto de mis compañeros se habían quedado con las dos que mencioné al comienzo. Mi gratitud hacia ellos, por cuanto fueron magníficos en sus apreciaciones.

Ahora bien, ¿por qué El Hombre? Por muchas razones, empezando por su naturaleza, motivada en los complejos preceptos de la creación; por su estilo, de algún modo documental, mostrándonos un proceso creativo de grandes alcances. Es probable que a alguno de los infaltables críticos le extrañe que califiquemos una obra de ciencia y ficción. Lo cual -desde luego- no la invalida. Al contrario, nos señala que ya nos situamos en un ámbito literario poco frecuentado en nuestro medio; además, el certamen no excluye ni especifica ningún tema en concreto. Finalmente, nada de eso importa. El pensamiento y la creatividad artística no tienen límites ni fronteras.

Lo que sí importa es que el lector disfrute con esta obra. No soy partidario de reseñar argumentos, de ahí que no voy a contarles las peripecias por las que atraviesa el Hombre; simplemente voy a señalarles –a modo de provocación- las pautas que hacen de su relato un complejo entramado de virtudes. Álvaro Pérez, su autor, nos plantea el principio de la vida o, dicho de modo más específico, el principio de todo lo que somos. ¿Por qué comienza el proyecto T62 el año 1958, durante la presidencia de Dwight Eisenhower, en los Estados Unidos? Porque, de algún modo, ahí la humanidad tiene un nuevo comienzo, con la era espacial. “Menuda complejidad, menudo problema el de buscar -dice su autor- reglas capaces de generar evolución y vida”. Y no solo reglas, también nos habla de un proyecto, “ideado como un modelo” apto para predecir “las acciones humanas mediante las matemáticas”; lo que, desde luego, “conllevaría un poder sin precedentes. Planes, fechas, horas, nombres, lugares, en fin, cualquier dato imaginable sería accesible”. ¿Se dan cuenta? Con ese proyecto no solo se conocería el futuro, porque ahí no habría un simple acto de adivinación; todo lo contrario, se lograría la precisión del hecho por anticipado, se lo conocería con “la precisión de las ciencias exactas”. Por otra parte, tal proyecto no quedaba ahí. No sería posible llenar más de 300 páginas narrando sus implicaciones, sin antes ver cuanto el Hombre puede hacer. El Hombre, con mayúscula, criatura inventada o, más bien, nacida de un puñado de tierra, animada con un soplo divino, a imagen y semejanza de su creador. Pero luego ese Hombre cayó y fue expulsado del Paraíso; entonces se hizo impredecible, sobre todo cuando planteó crear ordenadores de características excepcionales. ¿Se imaginan? Ordenadores para crear un universo virtual, completo, con sus planetas, galaxias y todo lo que solo Dios pudo hacer.

De sobra sabemos que la imaginación no tiene límites, sobre todo cuando se la sabe manejar. Álvaro Pérez así lo ha entendido; de ahí que asumió un reto más novelesco y dramático, por no decir trágico, cuando de pronto, en todo el planeta se producen: “más de setenta mil suicidios de jóvenes cuyas edades oscilan entre los veinte y veintidós años. Sin ningún tipo de motivación, casi como si actuaran bajo la influencia de alguna droga, saltaban de edificios o puentes; se colgaban de puntales, vigas o cepas; se introducían objetos punzantes a través de los ojos o el área temporal del cráneo, en fin. La impenetrabilidad del fenómeno y la existencia de un perfil más definido en las “víctimas”, llevaron a la opinión pública a presumir la existencia de un asesino en serie todo poderoso”.

¿Era el Hombre ese asesino todo poderoso? Podría decirles mucho más sobre él y esta novela, pero teniendo en cuenta que los Prólogos no son de lectura obligada, como provocación creo que basta. Lo único que me resta decirle a cualquier lector osado, es que, si se empeña en sumergirse en sus páginas, difícilmente olvidará la lectura de esta novela.

Fuente: PÉREZ, Alvaro “El hombre” Ed. Kipus 2013



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