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“Bolivia es lo imprevisible hecho país”: Entrevista a Luisa Fernanda Siles a propósito de En la hora de Dios



En la hora de Dios

“Bolivia es lo imprevisible hecho país”
Entrevista a Luisa Fernanda Siles a propósito de En la hora de Dios
Por: Rodrigo Urquiola Flores

1. Después de tus dos anteriores incursiones en el terreno de la novelística, con El diablo y la mujer que vuela (Los amigos del libro, 1999; El País, 2007) y El agorero de sal (Alfaguara, 2005), libro con el que además fuiste la primera mujer ganadora del Premio Nacional de Novela, ¿qué significa En la hora de Dios (Alfaguara, 2011) dentro de tu carrera literaria?

En la Hora de Dios es un libro que encaré como una gran aventura, me gustan los relatos dinámicos, que cambian de escenario constantemente en tiempo y espacio. Esta vez quise hablar de amor, narrar ese amor extraordinario que todos quisiéramos vivir. Hablar del exilio que no termina nunca, aunque estés de regreso sigues siendo un extraño, porque el mundo que conociste ya no existe si no en tu recuerdo, y la imposibilidad de asimilar tu realidad te hace un desterrado de por vida. Nacer en cuna de oro y perderlo todo, menos la clase y las memorias, es muy duro cuando es lo único que se es y se conoce. Hay personas que encajan los cambios y otras no. Eduardo, el personaje de En la hora de Dios es incapaz de asumir su situación y de librarse de la sombra colosal de su padre. Por otra parte quise reflejar cómo la política afectó a nuestros abuelos, padres y afecta nuestro diario vivir en este país donde no hay certezas solo incertidumbres.

La escritura de cada novela es un nuevo reto. Un paso adelante en un gran aprendizaje. Si piensas que te toma entre dos a tres años de trabajo, ya traes la experiencia de los anteriores y vacías todo en tu proyecto, debería ser para mejor. Ahora bien, puede que la nueva obra te encuentre más audaz o más temeroso. En fin, la visión cambia ya que a lo largo de la vida se pasa por estados de ánimo diferentes. Lo que sí creo es que en todo creador se da una evolución constante. Te desprendes de obsesiones que al principio eran necesarias, adquieres nuevas manías, supersticiones, fobias ya que cada día que pasa somos diferentes al que fuimos el día anterior. Lo que es inamovible es la pasión de soñar, de contar, de vivir las palabras y sentirlas “Sentir las palabras, escribirlas, des-cribirlas, re-escribirlas…” como dijo un gran escritor, esa es la utopía de todo narrador, y por su puesto la mía.

2. Ángeles –una, según ella misma, escritora frustrada–, bajo la sombra del tiempo, al amparo de la memoria, escribe una historia detrás de la historia, mucho después de los sucesos más significativos que ocurren dentro de ese mundo llamado En la hora de Dios. ¿Qué es la escritura para ti? ¿Cómo descubriste la literatura? ¿Qué futuros proyectos tienes en mente?

Es que nos pasamos la vida escribiendo historias detrás de las historias. Me pasé la niñez contando historias inventadas sobre la marcha. Como esos contadores árabes, pero no fue hasta que cumplí treinta que comencé a escribir. Fue una especie de necesidad de vida o muerte para superar un momento oscuro. La escritura fue mi tabla de salvación. De ahí para adelante me ha servido para curar viejos dolores que ignoraba residieran en mi inconsciente. Hoy la literatura es uno de los amores de mi vida, como la llama Rosa Montero.

Cuando decidí escribir mi primera novela busqué por meses un tema -en mi falta de experiencia- nada me llamaba la atención. Mientras terminaba El diablo y la mujer que vuela ya tenía apuntes para El agorero de sal. La historia de Doña Sol siempre me hechizó y sabía que tarde o temprano la escribiría. Al presente estoy trabajando en una nueva novela. Claro que siempre te queda la duda si escogiste bien el tema o no. Dos nuevos proyectos me vienen a la mente, uno que es una locura porque significa un reto inimaginable -por mi manera de ser- pero que me está llamando hasta en los sueños y el otro -que fui posponiendo- requiere un trabajo de investigación muy dedicado. Y de ahí para adelante no sé. En fin, son las intenciones las que nos mantienen vivos y marcan nuestro norte. Estaríamos muertos en vida sin proyectos.

3. En la hora de Dios es una novela construida en base a muchas voces, como si los narradores fueran fantasmas pegados al papel. ¿Cuál fue tu intención al crear este ambiente polifónico? ¿Hay algún personaje en particular con el que te hayas encariñado más o uno que te haya costado más trabajo dibujar?

Qué lindo lo dices, fantasmas pegados al papel. Es cierto, tiendo a crear muchos personajes y a armar tramoyas grandes que van en contra del minimalismo tan de moda hoy. Obviamente Doña Sol es un personaje que me encanta, pues es una mujer niña, que nunca madura, cándida, superficial, tan fiel a sus principios y a su amor pero como buen ser humano se deja llevar por las circunstancias.
Me encariñé con Cecilio, en la novela aparece poco. En el momento de la edición se recortó bastante su personaje pues era tan fuerte que tendía a opacar la trama general. Me quedaron ganas de dedicarle todo un libro a él. Tal vez.

4. En la hora de Dios es una novela plena de guiños históricos que, a momentos, se convierten en algo más que simples guiños. Así, disfrazados –¿quizás caricaturizados?– bajo los nombres, por ejemplo, de Ismael Moldes o Cecilio Guzmán de Rosas, reconocemos a importantes figuras de la historia nacional. ¿Cuál era tu intención al disfrazar a los “verdaderos” protagonistas bajo estos nombres? ¿Qué campo ocupa la memoria histórica y el rigor de los hechos pasados en tu narrativa en general?

La trama de En la hora de Dios está inspirada en una historia verídica, por eso era para mí importante contextualizar viajando por el tiempo, los boleros, los tangos, la moda, y la manera de pensar de los personajes. No hay ningún afán de caricaturizarlos, no usar sus verdaderos nombres fue sencillamente por respeto ya que si bien me ceñí en todo lo que pude a la historia estamos hablando de una novela y ficción. Y algunos de los protagonistas son figuras históricas de gran talla como ser Cecilio Guzmán de Rojas el más grande pintor de su tiempo, Ismael Montes el símbolo de la era liberal: el progreso, la modernidad, el refinamiento, prestigio, riqueza y autoritarismo en un momento en el cual el mundo cambiaba y se modernizaba en franco contraste con la guerra del Chaco, donde se moría por agua, los combatientes mal alimentados padecían escorbuto, no existía la penicilina y las infecciones mataban y se peleaba una guerra que nunca debió darse. Este relato cubre ochenta años de nuestra historia, al poner por escrito la historia de Doña Sol y Eduardo, esta perdura, no desaparece, como los entretelones que la escenificaron.

5. En En la hora de Dios hay imágenes y reflexiones que nos remiten a la Guerra del Chaco, a la Guerra del Pacífico, a la Revolución de 1952, a la más actual guerra del gas, como hechos insoslayables dentro de la concepción de los personajes que habitan estas páginas. ¿Qué es Bolivia para Luisa Fernanda Siles?

Bolivia es lo imprevisible hecho país. Son todos los contrastes que nos hacen únicos. El populismo no es una novedad en nuestro pasado. Las bases de la sociedad han sido sacudidas por caudillos des las épocas del “Tata” Belzu hasta llegar a las de Paz Estenssoro y Evo Morales. Las matanzas de AyoAyo o Mohoza durante la Revolución Federal siguen vigentes pues el problema racial permanece pendiente.

Nuestro pasado está poblado de guerrilleros, luchadores idealistas como Tupac Katari, Zarate Willka, entre otros. Los paros y los cercos de La Paz se repiten hasta el día de hoy. La historia es cíclica, los miedos llevan siglos de siglos instalados en nuestros corazones. Es innegable que vivimos en una cuerda floja sempiterna y eso afecta y afectó nuestros destinos. ¿Será porque las viejas llagas todavía sangran y permanecen irresueltas?¿Será que el siglo veintiuno (y ya llevarnos 14 años de él) terminará contrarrestando nuestro medioevo?

Por otro lado, se da un gran salto al futuro, si ves el horizonte de nuestras grandes ciudades, está vertical, el parque automotor crea embotellamientos, los celulares alcanzan a todo el país, y en áreas rurales se comienza a ver computadoras. Llega el conocimiento y la información a sitios hasta hace poco totalmente aislados. Es un momento de transición y crecimiento. El progreso es bueno pero hay que estar maduro para recibirlo si no afecta la identidad. La embiste.

6. Doña Sol es una suerte de Don Quijote. Santa Cruz del Valle Ameno una suerte de La Mancha. Lo que para el hidalgo son los libros de caballerías, para ella, la dama, son las historias de amor. Los une la lectura y cierto sentido de la locura. ¿Qué es el amor para Luisa Fernanda Siles? ¿Qué lugar ocupa en esta novela?

El amor es la necesidad física del ser amado, la capacidad de centrarse en un individuo y mantenerse junto a él pase lo que pase. El ser humano no puede vivir sin amor. Hay tantos tipos de amor, hasta el odio es un tipo de amor. Como verás soy soñadora, romántica y el amor lo es todo para mí. Creo que escribo porque tengo un universo de sentimientos y sensaciones que me gobiernan y si no las dejo ser me sofocan. En la narrativa encuentran su espacio para salir a flote, pues ella te permite vivir las vidas que se te antoje. En otras palabras, el paraíso para nosotros los soñadores.

Eduardo siente por Doña Sol una pasión arrolladora, una ternura exquisita, la mezcla exacta que vuelve a un amor sereno y maduro propio de los seres que nacieron destinados a estar juntos, sin más sobresaltos o turbulencias que los que la vida con sus infortunios les tiene reservados. En todo caso, ellos dos forman un solo ser indisoluble, fuerte y blindado por su gran amor, que navegan en una canoa en las aguas de un océano bravo. Aunque si pienso bien, todos somos futuros náufragos en ese océano bravo que es el destino. La única diferencia es si estás solo o protegido por el amor.

7. En alguna parte de En la hora de Dios, se describe el nacimiento de un ser humano de esta manera: “Tanto tironeó el ginecólogo de la barriga que logró que la criatura atascada forcejeara por salir al mundo y no se rindiera ante el corazón alebestrado de su madre medio muerta, que pareció recuperar la conciencia cuando le bordaban ahí abajo, en esa boca sangrante que acababa de vomitar un hijo”. ¿Qué significa la femineidad dentro de tu universo narrativo? ¿Cómo ves la narrativa boliviana escrita por mujeres?

Tal vez en mi condición de mujer hay pequeños rasgos que por momentos delata esa femineidad narrativa. Preferiría llamarla delicadeza, pues identifico “femenino” con dulzón, lo cual me disgusta. Sin embargo he leído a escritores que tienen las sutilezas, los apasionamientos típicos de las mujeres y me divierte. Por otra parte hay autoras que son tan masculinas en su prosa y se adentran perfectamente en la psiquis masculina que me maravillo. No obstante me niego a que se etiquete la narrativa por el género del que la escribe. Ella debe ser buena o no sin importar quién la escriba.

En nuestro país -como en el mundo entero- hay menos mujeres que hombres que publican (basta ver los títulos de las novelas que se presentan anualmente) o los premios otorgados a escritoras comparados con los escritores. Eso es un hecho innegable. Habrá que ahondar en las causas. Deben ser muchos los factores que determinan esa realidad y sin duda alguna no es que se dé una superioridad creativa masculina.

Ahora bien, me congratulo que la ganadora del Premio Nacional de este año en el país sea una escritora. Sin duda este es un buen momento para nuestra narrativa en general, hay muchos autores jóvenes que van saliendo a la luz con obras muy interesantes, ya va siendo hora de que nos internacionalicemos.

Fuente: Ecdótica



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