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Alberto de Villegas, el cronista que trajo un pedazo de París a La Paz



Villegaso


Alberto de Villegas, el cronista que trajo un pedazo de París a La Paz
Por: Martín Zelaya Sanchez

¿Cómo sobrevivir al modesto modo de vida de la La Paz de inicios del siglo XX, o a la limitada, cuando no retrógrada, vida intelectual y social, después de años de bohemia y trashumancia por París y otras capitales europeas?

Seguramente esta cuestión machacó por largas noches al joven pero experimentado Alberto de Villegas… tanto que un buen día tuvo la idea de diseñar y acondicionar -para disfrute propio y de un selecto grupo- el Mala-Bar un microcosmos único, exclusivo dotado de lo mejor de los mejor de la noche y la cultura parisina, pero en pleno Prado paceño.

Conocer, leer, aprender sobre la vida y obra de alguien capaz de esto llama, cuando menos, a la curiosidad ¿o no?

“Alberto de Villegas fue un escritor singular para su época, muchos de sus contemporáneos que, al enterarse de su fallecimiento en las trincheras del Chaco publicaron semblanzas y homenajes, lo consideraban un hombre que no vivía en el tiempo que le correspondía, un ‘inactual’ cuya contemporaneidad era otra”, señala Omar Rocha (OR) coautor, junto a Ana Rebeca Prada (ARP) Pedro Brusiloff (PB) y Freddy Vargas (FV), de Alberto de Villegas. Estudios y antología, una investigación y compilación que se presentará esta noche a las 19:30 en el Caza Duende de Sopocachi.

“Alejado de las polémicas que preocupaban a la mayoría de los intelectuales -continúa Rocha- en el discreto ámbito del Mala-Bar, De Villegas exaltaba la frivolidad y elegancia de un dandismo que repercutió en el estilo de su prosa y del libro en que luego rememoraría la breve vida de aquel pequeño París: Las memorias del Mala-bar”.

Y es precisamente esta pieza, íntegramente reeditada en el libro -una de las más extravagantes, inclasificables y por ello exquisitas del autor- suficiente justificativo para este notable trabajo de recuperación.

“Es suave, perfumada y acariciadora, como un guante de gamuza, quizás porque fue frecuentemente acariciada por manos perfumadas y suaves.

En el bar, dormido junto a los cojines color de oro, parecía la serpiente enroscada del pecado mortal.

¿Quién podría resistir, solo y sin testigos, esa adorable tentación?
¿Iría yo a abrir aquella misteriosa Caja de Pandora, que solicitaba mi impertinencia?…”.

Pero, ¿qué es Memorias del Mala-Bar… pequeñas crónicas, un anecdotario, una bitácora del boliche…? ¿Tiene algún parangón en la literatura nacional de la época?, le preguntamos a Brusiloff

(PB) Memorias del Mala-Bar es un libro difícil de clasificar en términos genéricos. Tal vez, ese no sea el enfoque adecuado para aproximarse a una obra cuyas peculiaridades no responden a ningún tipo de clasificación cerrada. De todas maneras, puede decirse que funciona como una especie de código estético y temático.

En Memorias del Mala-Bar se ponen en escena gran parte de las referencias culturales, recurrencias estilísticas y contenidos ideológicos que caracterizarán la obra de De Villegas. En cuanto al lugar de Memorias del Mala-bar en su época, su situación es también problemática, su universo pertenece más a un modernismo tardío, próximo a las crónicas de Gómez Carrillo.

En todo caso, si buscamos en la literatura nacional, De Villegas está más emparentado con el mundo de la crónica colonial, por ejemplo Arzáns y Brocha Gorda, así como a ciertos exponentes del modernismo como Reynolds y Freyre, que con contemporáneos suyos.

Además de este texto, el libro, el primero de la colección Prosa Boliviana llevado adelante por la Carrera de Literatura de la UMSA, el Instituto de Investigaciones Literarias, el Instituto de Estudios Bolivianos y Plural Editores, tiene los fragmentos de la novela Gualamba, que el autor dejó inconclusa, pues falleció a los 37 años en el Chaco.

Los cuatro investigadores que firman el tomo trabajaron cada uno en un ensayo sobre diferentes aspectos de la creación del paceño y a continuación seleccionaron una antología de sus prosas, la mayoría publicadas en diarios y revistas de la época.

Sobre Gualamba, Brusiloff señala: “responde más bien a un mundo de ensoñaciones, fantasías y digresiones ideológicas. Los personajes carecen de complejidad y la visión general del conflicto (del Chaco) tiene tintes fuertemente alegóricos”.

“Gualamba es ante todo una novela de ideología, el autor retoma las ideas de Maurice Barrés acerca de la relación con el espacio y el territorio y las aplica a un momento histórico en que las élites locales, que no habían logrado formar una aristocracia, necesitaban revalidar su liderazgo político”.

El autor

Más arriba, Omar Rocha utilizó algunas palabras clave a la hora de referirse a Alberto de Villegas: inactual y dandy. A estas habría que agregar una tercera: indianista, para tratar de sintetizar velozmente el perfil de este singular, y hasta hoy (al menos en círculos de no iniciados) poco conocido intelectual boliviano.

Inactual, pues, como bien lo explica también Rocha, “De Villegas expresó en su obra contradicciones y tensiones propias de una visión problematizada del mundo”.

“Una de esas tensiones se relaciona con las dimensiones temporales en las que vivía: por un lado confiaba en el futuro y el progreso, era parte del entusiasmo que provocaban los primeros beneficios de la técnica (teléfonos, victrolas, vagones pullman y otros); pero por otro lado, tenía una mirada nostálgica, vuelta hacia el pasado, que buscaba un origen, que indagaba por tiempos míticos y lejanos para reconstruir la historia”.

En otras palabras, era un modernista trasnochado en épocas de vanguardias, un romántico que se negaba a dejar de lado el estilo de vida, de pensamiento y de escritura que había predominado ya varias décadas atrás.

Ello no impidió, no obstante, que hacia sus últimos años su visión de vida diera un giro, cuando menos, inesperado: la preocupación política

¿Cómo se puede describir el “indianismo” de De Villegas? ¿Era un indigenista de escritorio, preocupado más en lo histórico-estético, o en realidad tenía ambiciones e intereses político- ideológico?

(OR) Su propuesta se puede calificar como “indigenismo cultural”. Fue el principal impulsor de la semana indianista de 1931, un evento de mucha importancia y repercusión. De Villegas creyó que reviviendo las artes de una raza milenaria contribuía a la construcción de una patria todavía difusa y dispersa.

El programa de la semana indianista –que ayudó a organizar- es una muestra de la apuesta por recuperar el arte del indio: música, danza, teatro, poesía, tejido. Este indigenismo cultural tuvo grandes posibilidades de desarrollarse y llegar a una revalorización de lo indígena más allá de la iniciativa de un grupo de letrados que percibieron la fuerza y el llamado de las ruinas desparramadas en el altiplano e intentaron revivir algunos símbolos que remitían al pasado.

“Esta nueva e inquieta conciencia indoamericana –escribe en su artículo El alma indígena- conoce la urgencia de una acción improrrogable de elevada espiritualidad, trasuntando un anhelo de vivir su destino clara y puramente americano. Por la frecuencia de inclinarse sobre sí misma, como sobre el límpido espejo de su Lago Sagrado, habrá de encontrarse algún día y en su mismo fondo hallará sus posibilidades autóctonas y propias”.

Ana Rebeca Prada

¿Puede De Villegas considerarse esencialmente como un cronista, y cómo debe entenderse esta crónica que cultiva en un evidente estivo modernista en una época ya de despliegue de los vanguardismos?

En cuanto al hecho de que en muchos de sus escritos De Villegas construye a su narrador como chroniqueur, hay que decir que a mediados del siglo XIX se crea en el periodismo francés esta figura -a decir de Karima Hajjaj, el primer cronista francés es Auguste Villemont, autor entre 1850 y 1852 de Chroniques de Paris-.

Esta figura será recogida por el periodismo de los modernistas con impresionante creatividad. Los periódicos latinoamericanos se ven en las últimas décadas del siglo XIX inundados de los escritos de estos chroniqueurs latinoamericanos, los más sobresalientes escritores (Sierra, Martí, Gutiérrez Nájera, Del Casal, Urbina, Darío, Nervo, Díaz Rodríguez, Tablada, Gómez Carrillo y tantos otros).

Tal vez, más que buscar un De Villegas que adoptara las vanguardias por un tema generacional y de contacto directo, ¿no hay que explorar un De Villegas que estuviera más bien siguiendo ese otro camino de los intelectuales de la zona andina: hacia el indigenismo -así no fuera éste, a diferencia de Mariátegui y Churata, un indigenismo de corte señorial y estetizante -? En todo caso, ya sabemos que una cosa no quitaba la otra: Gamaliel Churata fue vanguardista e indigenista en una articulación muy particular.

Sobre Alberto de Villegas. Estudios y Antología
Por Fredy Vargas

Alberto de Villegas. Estudios y antología
, tal es el título que en la portada y en el lomo lleva el primer volumen de la colección Prosa Boliviana.

De Villegas -un destacado miembro de la aristocracia local-, allá por los años 20, pergeñó una refinada obra que desborda toda clasificación: La campana de plata, ataviada con una prosa ondulante y caprichosa, propone una exaltada interpretación del Potosí colonial; Memorias del Mala-Bar, delicado artefacto orientado a rememorar la experiencia de un pequeño paraíso artificial, un pedazo de París en La Paz donde se bebían finos licores y sólo se admitían a unas pocas amigas; Sombras de mujeres, distinguidos bajorrelieves que evocan a mujeres de vidas truncadas, de corazones perdidos, de almas sin rumbo; y Gualamba, tierras de misterio, novela inconclusa que De Villegas escribiera en medio de la Guerra del Chaco, detrás de la línea de fuego.

Esta publicación arranca con cuatro ensayos críticos que reflexionan la obra narrativa de Alberto de Villegas. Omar Rocha explora las distintas modalidades en las que la obra de De Villegas invoca al pasado, apela a la memoria y señala sus límites; Freddy Vargas detalla los múltiples desplazamientos textuales que acontecen en La campana de plata y la promesa que nace de la materia allí inerte; Pedro Brusiloff establece el lugar de De Villegas en la ideología de la élite de su tiempo, a partir de una lectura sobre el flirt y el consumo del cocktail; Ana Rebeca Prada examina la figura de la mujer, su configuración, asedio e invención a partir de una voz dandy, fláneur y cosmopolita.

Además de lo señalado, el volumen incluye una antología de la obra periodística del autor la que, primorosamente organizada, detalla una curiosa variedad de tópicos. Esta selección permite contemplar los múltiples y heteróclitos asuntos que ocupaban al autor.

La publicación se completa con una nueva edición de Memorias del Mala-Bar, y con los fragmentos de la novela inconclusa Gualamba. Se incluye un curioso y selecto conjunto de estampas.

Fuente: Letra Siete



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