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La promesa: Cuento de Mariana Ruiz en “Domingos por la tarde”



Domingos por la tarde

La promesa
Por: Mariana Ruiz

(Cuento publicado en “Domingos por la tarde (cuentos bolivianos de fútbol)” Editorial El Cuervo, 2014)

Súper Campeones en el televisor, encima del ropero, en el cuarto chiquitito y sofocante que era el de mis papás. La oscuridad donde sólo importa la pantalla y el sonido, el cuadradito de luz que emite la gran, la nueva revelación: Oliver Atom, recién llegado a la ciudad, baja peloteando la calle hasta caer dentro de una cancha. Es la cancha, la más importante de su vida, donde se encuentra Benji, y Oliver ha llegado justo a tiempo para contemplar su demostración de increíble destreza, su ego que parece poder solito contra todos los goles del mundo.

El asombro de Oliver es el mío, su deseo mi deseo: yo también quiero ser un pibe que pelotea por la ciudad, sin preocuparse nunca porque se le despegue la pelota. Yo también quiero desafiar a Benji, imitarlo, llegar a ser el mejor. (Pronto estaré con guantes y gorra, igual a él, buscando, primero, parar la pelota, porque todos quieren jugar, no atajar, y aceptan arqueros).

No me importa que yo sea una chica, ese es un detalle trivial que olvidan todas las series animadas, ya he aprendido a superarlo. La solución es simple, “Olvídate, eres un chico, punto”. Las nenas, por lo menos hasta Sailor Moon, sólo andaban de faldita y se reían en grupos, se perdían de todo. En los libros era igual.

Yo no, lo que quiero es otra cosa: ser un pibe, sudar la camiseta, recibir los golpes de la vida con la frente alta y los puños dispuestos. Tengo la actitud, tengo los sueños, tengo todos los libros que me respaldan: soy Jim, y persigo a Long John Silver por la cubierta de un barco hacia un tesoro enterrado. Soy Tarzán, y me descuelgo de las lianas con la misma facilidad con la que me enseño a mí mismo a leer entre las ruinas de la casa de mis padres. Soy Peter Pan, porque Wendy sólo sabe coser y contar cuentos, y yo quiero montar campamento, pelear con los piratas, conquistar a las sirenas.

Soy todos los protagonistas, todos los héroes de las cuatro de la tarde, cuando el calor pega fuerte y no se puede salir a jugar porque hace 30 grados a la sombra.

Soy corajudo, soy peleador, juego bolitas y colecciono camiones. Súper campeones es el camino a seguir: ahora, también y para siempre, soy futbolista. Al diablo con las faldas, lo único que quiero es patear una pelota, tener un equipo, crear súper-jugadas.

Con esa nueva decisión, la cabeza hirviendo de posibilidades, salgo al patio. Ella está esperándome, como si su rol hubiese sido siempre estar ahí, quieta en el medio del patio, casi centrada…

Lanzo mi grito de guerra, mi desafío al mundo, con toda la fuerza de mis pulmones, de mis nueve años, de mi no-soy-una-chica: Súper campeones, allá voy, ¡¡soy Oliver y a ver si paras esto Benji!!

El patadón es de película, la bola atraviesa el patio, zumba por los cuartos y va a dar, con un “crash” sonoro, en contra de la ventana.

La paliza que recibo afirma mi triunfo, mi mamá no entiende, furiosa como está por los vidrios rotos. No fue un “accidente”, ni fui “descuidada con la ventana”. Para empezar, no era una ventana. Era un arco, y ése, mi primer gol. Ya era futbolista.

Fuente: Ecdótica



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