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Augusto Guzmán



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Augusto Guzmán
Por: Wilson García Mérida

Hay dos detalles no menores que me acercaron a la obra de Augusto Guzmán, a quien tuve el privilegio de conocer en una de sus frecuentes incursiones a la Biblioteca Demetrio Canelas de Los Tiempos, cuando ese repositorio de la memoria local recibía sus primeras vidrieras en base a las donaciones de Joaquín Espada, y allí visitaba Augusto Guzmán al patriarca don Carlos Canelas. Me cruzaba con él en el ascensor y un día me preguntó de dónde había sacado los nombres de mi seudónimo “oficial”, Abdiel Arcadio. ¿Joven, usted leyó la Rebelión de los Ángeles, no?, se anticipó a mi respuesta ahorrándome toda explicación. En la novela de Anatole France, Abdiel era un arcángel rebelde y conspirador que rompió lanzas con sus camaradas de armas Gabriel, Miguel y Rafael por motivos ideológicos. No concebía que los ángeles no tengan sexo. El terrible angelorio se va del cielo por órdenes divinas y cae a Rusia en los decadentes tiempos del zar Nicolás II, adoptando el nombre terrenal de Arcadio; y mientras el ángel caído se vincula a una liga anarquista para derrocar al Zar, consigue para subsistir entre los humanos un puesto en la Biblioteca Nacional de San Petersburgo donde se conservaban reliquias como esa colección privada de Voltaire, que el sabio francés había obsequiado a Catalina la Grande a fines del siglo XVIII.

Así lo conocí, hablando sobre esa singular novela de Anatole France en el ascensor de Los Tiempos, ancianito ya, pero brillante y lúcido como todo buen totoreño. El segundo hecho por el que debo un especial tributo a don Augusto es la referencia que tuve por primera vez acerca de la imposible existencia de un anarquista fundacional en Cochabamba: Cesáreo Capriles, en cuya legendaria revista Arte & Trabajo Guzmán publicó durante los años 20 sus primeras letras junto a esa pléyade irrepetible de nombres como Adela Zamudio, Carlos y Armando Montenegro, Man Césped, Martín Cárdenas, Cira Aguayo, José Aguirre Gainsborg, los hermanos Anaya, Jesús Lara y tantos más. “Usted debería ir a la Biblioteca y leer algunos ejemplares de esa revista que ha caído en el olvido”, me aconsejó.

“Los jóvenes de la época nos agrupamos fundando la revista ‘Arte y Trabajo’ que sostenía Cesáreo Capriles, personalidad muy curiosa y conflictiva pues era anarquista, ácrata neto. Así como hay beatos fanáticos éste era un hombre absolutamente intolerante en materia religiosa, pero de honradez acrisolada. Sostenía que los bienes nunca eran bien habidos y provocaban la injusticia social”, escribió Augusto Guzmán en un texto hallado por Mariano Baptista Gumucio.

La obra del escritor totoreño es vasta. Premio Nacional de Literatura en 1961. Entre las bellezas de su pluma narrativa está “La Cruel Martina”, un cuento al estilo de “La Chasakañawi”. Como promotor literario publicó varios tomos de biografías de escritores de toda época, sus rigurosas indagaciones históricas han contribuido a la formación de la identidad cochabambina ligada a Kanata y a la memoria de Huayna Cápac, y en 1944 publicó una biografía de Túpac Katari, tesoro que ando buscando. Honro su memoria en esta semana que conmemora su nacimiento y su muerte. Augusto Guzmán Martínez nació el 1 de septiembre de 1903 y falleció el 27 de agosto de 1994, a sus 91 años.

Fuente: Lecturas



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