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Epístolas recuperadas de la Guerra del Chaco



Epistolas de la Guerra del Chaco

Epístolas recuperadas de la Guerra del Chaco
Por: Freddy Zárate

El conflicto bélico con el Paraguay (1932-1935) fue sin lugar a dudas el evento más traumático que vivió la sociedad boliviana de la década de los años treinta. Todas las experiencias existenciales del Chaco fueron exteriorizadas a través del arte, la literatura y la política. Un curioso género que no llegó a investigarse en su verdadera magnitud fue la correspondencia. Estos testimonios vivenciales nos retratan de manera fidedigna la vida cotidiana de muchos soldados en el mismo campo de batalla.

Un aporte significativo sobre esta temática es el libro “Epístolas de la Guerra del Chaco: voces desde la línea de fuego” (Editorial Canelas, Los Tiempos, 2015). Esta ardua tarea de compilar y ordenar las misivas estuvo a cargo de Carlos Arce, Mónica Briançon, Diego Martínez y Raúl Rivero. La relevancia de esta publicación reside en recuperar del olvido una parte de las epístolas del Chaco (muchas misivas resguardadas celosamente por familiares de los excombatientes); además el libro rescata periódicos de la década de los años treinta. Estos trozos de papel nos develan desesperación, angustia, heroísmo, compañerismo y sobre todo temor por perder la vida en el campo de batalla. Algunos soldados –sin presentirlo– escribieron su última carta; otros combatientes resignados por el desenlace cotidiano en las trincheras del Chaco escribieron su carta testamentaria. Pero no solamente el Ejército sufría estos avatares existenciales, “sino también la multitud enorme de familiares dispersos en todo el territorio nacional, que día tras día, hora tras hora, rogaban a Dios por el retorno de sus seres queridos”, como manifiesta Juan Cristóbal Soruco, alentador de la publicación “Epístolas de la Guerra del Chaco”.

Las voces desde la línea de fuego nos revelan aspectos desconocidos de la historiografía chaquística.

Esta reconstrucción de la contienda bélica a través de las misivas nos proporciona una mirada distinta de la Guerra del Chaco. En el inicio de la contienda bélica se dispuso la distribución gratuita de papel y sobres de carta. El periódico El Imparcial (Cochabamba, 6 de septiembre de 1932) indica: “A los soldados que se encuentren en el Chaco, han resuelto proporcionarles gratis papel, sobre, francatura y recojo de dichas cartas”. Un dato cruel que nos refleja este trabajo es la poca instrucción de muchos soldados, muchos eran analfabetos, al igual que sus familiares cercanos. La comunicación mediante misivas para muchos soldados se hizo dificultosa. Para paliar esta situación algunos de sus camaradas se brindaron a escribir cartas, otros les facilitaron con la lectura de su correspondencia. Esto nos muestra que muchos soldados no pudieron exteriorizar fidedignamente sus emociones en una hoja de papel.

Madrinas de guerra

Las páginas del libro “Epístolas de la Guerra del Chaco” nos proporciona una serie de datos curiosos. Durante la contienda bélica por ejemplo existía el nombramiento de madrinas de guerra: “El ser madrina de guerra consistía en apoyar a su ahijado, remitiéndole artículos logísticos como uniformes, botas, medicamentos y comida seca, además de mantener contacto con él, mediante cartas”. Las madrinas de guerra también se volvieron para algunos soldados un lazo de amorío ficticio: “Ayer ha sido un día alegre, el más alegre de todos. Gracias a usted que ha sido capaz de tal milagro. Su carta que besé como la única reliquia ha puesto ya en mi corazón su sello de esperanza”; en algunos casos las madrinas de guerra cumplían el rol de cuidar o informar la situación de familiares próximos de los combatientes: “Perdone usted madrina que le recomiende de modo eficaz, atienda a mi pequeño hijo, si acaso le faltaran recursos de vida, ya que he dejado mi hogar, sin ninguna ayuda”.

Tórrido y enervante calor

En las arenas del Chaco el aspecto geográfico fue el factor inadvertido por el Ejército boliviano. Este aspecto fue descrito por el corresponsal de guerra, Arch Rogers de la United Press (publicado en El Tiempo, Cochabamba, 22 de enero de 1935): “Los intrépidos soldados indios que forman la mayor parte del Ejército de Bolivia han tenido que sobreponerse a la decidida ventaja que les opone el clima. Venidos de las montañosas alturas del altiplano andino, ellos no estaban acostumbrados a la pesada atmósfera ni al tórrido y enervante calor de las tierras bajas en el verano (…) El sueño es imposible debido al calor infernal, a los reptiles venenosos y a la multitud de zancudos y otros insectos (…) El agua para beber es escasa en el Chaco y esto agregaba con frecuencia la tortura de la sed”. El corresponsal Arch Rogers, acerca de los alimentos revela que estos eran escasos y poco variados: “En los puestos avanzados las raciones son exclusivamente cena. Durante las batallas las raciones son escasas y poco frecuentes”. El panorama en los campos de batalla era aterrador. Cuando momentáneamente se interrumpía el trinar de las balas y cuando era posible –indica Arch Rogers–, se enterraba a los muertos en tumbas individuales, pero más a menudo eran enterrados en partidas de ocho o 10, en tumbas de poca profundidad. Si el tiempo lo permitía, los cuerpos eran empapados en gasolina y quemados en piras funerarias.

Infierno verde

La Guerra del Chaco todavía nos proporciona material amplio de análisis. La distancia que nos separa del infierno verde (80 años del fin del conflicto bélico) nos hace ver de forma crítica el complejo trasfondo de la crisis generacional del Chaco. Las voces desde la línea de fuego nos conducen a episodios poco conocidos por la generación actual. Esto nos ayuda a no caer en dogmatismos históricos: la más notable ha sido creer en el heroísmo desproporcional de parte de los soldados “bolis” y “pilas”. Las “Epístolas de la Guerra del Chaco” nos muestran una realidad humana, donde afloraron miedos, egoísmo, y el anhelo de sobrevivencia por encima de la patria defendida.

Fuente: Lecturas



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