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Vivir para leer. Una conversación con Humberto Quino



Vivir para leer. Una conversación con Humberto Quino
Por: Vadik Barrón

De los 20 o 30 cuentos que tiene en la computadora y que espera formen parte de su próximo libro, de su obsesión y recurrencia con el tiempo a la hora de pensar y plasmar su poesía; del particular humor e ironía de su impronta, de Bolivia territorio para las letras… en fin, de todo un poco habla el autor de Delirio de un fauno en la avenida Buenos Aires a las 12:45. Además de esta entrevista efectuada hace algunos meses como parte de un truncado proyecto de registro de poetas nacionales, Quino nos regala un poema en varias partes, adelanto de un siguiente libro […ah, pero… ¿no que ya no iba a publicar poesía?]. Un más que disfrutable acercamiento con este “partidario del no”.

En tu obra siempre está presente el vituperio, lo herético, la blasfemia, escribir “contra algo”. ¿Escribes a favor de o en contra de…?

Yo soy partidario del no. Porque decir sí es estar de acuerdo con el poder, es estar de acuerdo con los convencionalismos. Trato de ser transgresor. Uno no puede serlo en su totalidad porque uno está incrustado en esta sociedad, vive en un contexto convencional también y la rebeldía se da en mí mediante la palabra. Y la blasfemia me parece un acto liberador ante todo ese judeo-cristianismo que nos inculcan desde niños. Yo fui educado por jesuitas hasta los 10, 12 años. Y soy un ateo, ateo rabioso, pero he aprendido de los jesuitas el sentido de la responsabilidad y el amor al conocimiento. Aprendí gramática castellana en un libro que llevaba la foto de Franco y decía: “Francisco Franco, caudillo de España por la gracia de Dios” y mi escritura es un intento de equilibrar mi ser con el mundo. Que lo haya logrado o no… no creo que yo deba decirlo. Bueno, ahí están los poemas.

En Bolivia es un eterno tema el de la identidad: quiénes somos, la búsqueda de algo colectivo que nos defina. En ese sentido, ¿tú crees que tu escritura responde a una identidad?, ¿cómo es tu relación con lo que se podría llamar bolivianidad?, ¿te consideras parte de una “poética boliviana”?

Mira, las patrias chicas, lo que se llame patria o región o ciudad donde naciste, un poco como que te empequeñecen; es mirar un horizonte muy próximo. Yo siempre me alimenté de grandes escritores, los clásicos, y siempre he buscado fuera aunque también, claro, he leído poesía boliviana pero por temporadas, había una temporada en que me sentía muy próximo a Jaime Saenz, por ejemplo, pero ahora me siento más próximo a un pensador de los Cárpatos, que es Emile Cioran.

Me parece que lo que escribió este pensador profundo es lo que yo hubiera escrito, hay algo que me hermana con él, con sus ideas, la forma como escribe, es un poeta con pensamientos, y me encanta su concepción de la sociedad, su concepción del universo, su concepción del hombre. Y alguna temporada me siento también atraído por los sermones de Buda… yo soy muy volátil con mis lecturas, soy muy curioso, entonces puedo pasar de un autor a otro. Ahora estoy estudiando, releyendo el Ulises de Joyce, y me armé de toda una pequeña selección de su obra; sus ensayos, novelas, cuentos, pero fundamentalmente ensayos que me ayuden a entender ese entramado verbal que es Ulises.

Al fin y al cabo la patria, creo que lo dijo Baudelaire, es la calle donde naciste, los seres que te quieren o vos quieres; la patria es un concepto abstracto, porque no puedes vivir en todo ese gran territorio que es Bolivia, pero yo creo que hay temas esenciales en el ser humano que se transmiten a través de la poesía y son temas eternos, de todos los poetas de todos los tiempos.

El amor, la muerte, el tiempo, ésos son los temas que a mí me obsesionan. Pero detesto todo localismo.

Y en términos de generación, ¿te identificas con la tuya? Se intenta “canonizar” a ciertos personajes de época, ¿cómo te sientes respecto a los escritores contemporáneos?

Uno forma parte de una generación. Respeto muchísimo la poesía de Guillermo Bedregal, que es más o menos mi contemporáneo, luego está Julio Barriga, está Eduardo Nogales, que me parecen poéticas válidas para horadar esta realidad.

¿Crees que existe una poesía que se pueda decir “boliviana”?

Rubén Vargas en su Antología de poesía paceña encontraba dos vertientes, una saenciana y otra que sería cerrutiana, y uno tendría que estar adscrito a cualquiera de estas corrientes. Ésos son clichés, son etiquetas que los poetas sobrepasan o tienen que sobrepasar. Hay una pluralidad de voces, a veces discordantes, de calidad a veces ínfima, a veces pasable, pero los poetas que mencioné me parece que son buenos poetas. No son geniales, pero son buenos poetas y podrían estar a la altura de cualquier generación del continente. Porque ante la poesía chilena o la poesía peruana, para mí dos tradiciones poéticas ejemplares, pues nosotros quedamos un poco empequeñecidos. La brasileña es otra pero no la conocemos bien por el idioma, por el lenguaje. Bueno, pero esta generación es la que ha bebido de las vanguardias, del modernismo y veo que es una generación artesanal en el sentido en que trabaja la palabra con rigurosidad, con minuciosidad y son auténticos cada uno a su manera.

¿Crees que no se dan condiciones que permitan el surgimiento de estas tradiciones o la consolidación de procesos literarios?, ¿por qué sientes a Bolivia pequeña frente a otras tradiciones poéticas?

Bueno, mi visión es parcial, quizás sea también errónea, pero es un intento por descifrarla. Yo creo que está a la altura de cualquier generación, con toda su ineficacia de transmisión verbal.

Pero sí hay poetas y estos poetas además son cultos, leen, y eso es lo que un buen poeta tiene que hacer: leer, pues de ahí surge la poesía, y cuanto más amplias sean tus lecturas yo creo que tu poesía se eleva por encima de la de los otros que no leen, por ejemplo. También estaría la poesía popular, el habla popular, eso también tiene un mérito porque Vallejo tiene grandes poemas en los cuales imbrica lugares comunes. Ya eso depende de la destreza del poeta.

¿Cómo influyen tus lecturas en tu quehacer, en tu propia escritura?

Yo no creo en la inspiración. No creo que haya inspiración, lo que hay son lecturas. Y tú puedes identificarte con un poeta o con parte de su escritura o sufrir una especie de encantamiento verbal, como me pasa con [T.S.] Elliot o con [Ezra] Pound o con [César] Vallejo. Pero hay que salir indemne de esas influencias o considerarte único, porque cada uno es singular… las influencias un poco que las voy pasando. Quizás haya algo de uno o de todos, pero no me cuido especialmente, no digo “no leeré mucho a Vallejo porque voy a escribir como él” o “no leeré mucho a Saenz porque voy a escribir como él”, yo creo que eso es inmadurez.

¿Escribir poesía en tu caso ha sido algo premeditado?, ¿hay un “prosa vs. poesía” en ti?

Mi relación fundamental es con el lenguaje, con las palabras. Y luego de allí, bueno, el lenguaje es un universo tan irreal, porque si tú quieres transmitir una vivencia, amorosa por ejemplo, en lenguaje, esta vivencia que dura un instante pero que quiere ser eterno, al trasladarla a las palabras pierde su eficacia, pierde su sustancia. Yo creo que la labor del poeta es eternizar ese instante bello con palabras igualmente bellas, y el gran fracaso que se da entre los poetas es no poder atrapar esta realidad esencial con palabras, y cada poema es un intento de aproximarse a ese instante; a veces uno lo logra, a veces no, a veces pienso que sí y a veces descreo.

Por eso yo no soy vanidoso, ¿creerás? Porque cuando se me sube un poco el ego pues retorno a Rimbaud o a Lautremont, entonces digo: “esto es poesía, lo mío todavía tiene que surgir” y eso te cura de la idolatría, de la vanidad, de esa soberbia tan provinciana que tenemos nosotros los poetas.

Y en tu propia obra, ¿reconoces algunos tópicos, recurrencias, temas, rasgos?

Lo que me ha obsesionado siempre es el tiempo. Me produce angustia porque uno va siendo cada instante. Cada minuto es otro, se va transformando y estas metamorfosis que sufre el ser humano y también la sociedad son lo que me produce angustia, porque no hay nada permanente, no hay nada sólido, entonces yo estoy en el tiempo y soy devorado por el tiempo, y entonces el tiempo significa fragilidad humana, muerte, una cronología de las desgracias del hombre. Luego estaría el amor, luego escribir contra el prójimo, que siempre me ha gustado, ¿no? Y hubo un tiempo en que me harté de escribir contra esta sociedad, entonces me hice más conciliador, la vejez también te juega esas malas pasadas.

No sólo está el amor, sino también el humor, la ironía, la sátira…

¡Claro! Nuestra poesía es muy adusta, muy seria, es muy solemne. Y había que darle un poco de humor, reírse de uno mismo y de los otros también; y eso en mí provoca un efecto liberador. El humor es algo por lo cual uno respira, tomar todas las cosas en serio yo creo que me hubiera hecho un viejo amargado, ¿no?, yo soy un viejo alegre, a veces trato de ser divertido.

¿Actualmente estás trabajando en algún libro nuevo, en algún texto?

Estoy tratando de reinventarme como narrador. Mi vocación siempre ha sido la narrativa, siempre me atrajo, quería escribir novelas, cuentos, y tengo muchos cuentos paridos que pienso que no están a la altura de lo que yo quiero hacer. Entonces eso es lo que estoy intentando; ahí en la computadora tengo unos 20 o 30 cuentos, tengo dos novelas que tendría que pulir, trabajar más. Son borradores y en estos decenios que me quedan, pienso acabar con algunas cosas y dejar, más o menos, una escritura válida.

¿Cómo te llevas con el proceso de edición, todo este filtro que se da desde que el manuscrito sale de tus manos hasta tener el libro publicado?

En estos 20 últimos años no tuve ningún problema. Pero pienso que no es porque escriba mejor, sino porque uno se va haciendo viejo y ya es conocido, pero cuando empecé siempre publiqué yo mismo mis libros, mis revistas, que es una manera tan primitiva de darse a conocer porque ahora pues tienes internet, Facebook, y esa misma facilidad hay para que te publiquen los cartoneros, editoriales alternativas… Bueno, en mi tiempo no había eso, tu libro tenía que publicarse en mil ejemplares o quinientos ejemplares y eso costaba mucho dinero, entonces mis libros la mayoría son pues artesanales.

Con respecto a las nuevas tecnologías o los nuevos formatos en que uno puede consumir o acercarse a las letras, ¿cómo ves el presente o futuro de la poesía, de las letras?

Yo creo que [la tecnología] ha democratizado la cultura y, si se sabe emplear muy bien estos medios, pues es un milagro. Yo empecé escribiendo en una máquina de escribir, y como soy perfeccionista, tenía que hacer de un poema 10, 20 versiones mientras que en la computadora puedes volver atrás, puedes guardarla, borrarla, para mí es un instrumento ideal para escribir. Y eso, claro, hay que saber aprovechar y también las otras tecnologías. Yo he nacido un poco desfasado, porque hubiera querido ser de la generación tuya, por ejemplo, hubiera aprovechado mejor estos medios.

En esta época en que todo está siendo “virtualizado”, ¿cómo es la vida de un tenedor de libros?

Yo creo que el libro jamás va a ser suplantado por ningún formato. Y yo tengo una relación milagrosa con el libro, me ayudan a vivir. En esta biblioteca hay como unos 10.000 libros, si yo leí la cuarta parte creo que es demasiado decir. Entonces me digo a mí mismo: “tengo que vivir para poder alcanzar siquiera el 50%”. Además, hay tantos autores y de pronto voy saltando de uno a otro, y bueno leo tres o cuatro libros al mismo tiempo, pero a veces la poesía me cansa, entonces pues leo prosa, ensayo, fundamentalmente leo filosofía que me apasiona, pero no a los filósofos sistemáticos, sino a esos filósofos fragmentarios como Nietzsche, Kierkegaard, ésos que yo llamaría filósofos de la vida real, son los que me atraen.

En el futuro inmediato, ¿cuáles son tus proyectos de publicaciones?

Yo creo que en unos meses más voy a publicar un libro de cuento, después será una novela. Ya con la poesía, bueno me fue bien, me fue mal… no sé, pero yo creo que hasta ahí ya se cerró mi ciclo poético, mi ciclo de poeta. No me gusta repetirme, es lo que siempre hice, me parece que he publicado muchos libros, y eso es vergonzoso, uno debería publicar unos dos o tres libros buenos y quedarse allí, ¿no?, es que también la facilidad en la publicación un poco que incentiva esta proliferación verbal. Rulfo es un magnífico ejemplo: tres libros y chau, pero tres libros soberbios, y no 20 malos o 20 medianos. A veces me da vergüenza decir que tengo más de 10 libros.

Entrevista de negro pelaje

Hace algunos años, en un periódico de La Paz, había una sección con un cuestionario fijo –un divertimento- que solían enviar a figuras públicas de diferentes áreas. El cuestionario le llegó a Humberto, “pero nunca me publicaron”, cuenta, así que valga esta ocasión para remediarlo. (N. de E.)

¿Su rincón preferido del país?
A)El Microbio night-club.
B) El penthouse, un sórdido bar que al mismo tiempo funciona como salón velatorio, y está situado en Cotahuma.

¿Qué costumbre nacional debería erradicarse?
A) El folklore.
B) La corrupción: patrimonio “vivo e intangible”.

¿Qué lugar del mundo quisiera conocer sí o sí?
A) Auschwitz, ese monumento a la muerte.
B) Corea del Norte, ese campo de concentración gigantesco.

¿A qué superhéroe mataría?
A) A Gonzalo Sánchez de Lozada, un superhéroe que apesta.
B) A cualquier dictador, aunque vaya disfrazado de demócrata.

¿Qué palabra le suena hermosa?
A) Dólar
B) Euro
¿Qué película le gustaría protagonizar?
A) Moreno de lata con plata
B) Hombres procreando

¿Cuál es el bolivianismo que le parece irreemplazable?
A) Anarquino
B) Guardapolvo (preservativo en coba)

Si pudiese bautizarse, ¿qué nombre tendría?
A) Domingo de Ramos.
B) Evo Morales Queso.

¿Qué quería ser de niño?
A) Papa
B) Presidente de una república bananera, porque no soy ajeno a la gula.

Poema inédito

DONDE ESTÁN LAS MUERTAS
DONDE ESTÁN LOS MUERTOS

Que en la noche danzaban
Espectros borrándose en las cordilleras
Polvo y anatomía
Raíz hundida
Donde no hay dios ni cielo
Que alumbre sus huesos
Esas breves formas del silencio
Épica de un destello que se apaga pronto.

NICHO I
Ruth, Mercedes, Begoña, Ana María

Asumo el papel retorcido de la eternidad
Esa vigilia entre el deseo y la nada
La noche cálida os ama
Y el festín carnoso ya no existe
Solo el barro que adorna vuestra hermosura
Los cabellos quemados por el frío
La siempre joven muerte
Instalada en vuestros cuerpos vacíos
En esas envejecidas montañas
Donde habita la agonía del humano
Y saben que todo es trágico y frágil
Repeticiones de un mismo destino.

NICHO II
Jaime, Guillermo, Rubén, Juan, René

Me sé muerto
Y duele el abandono
Los espacios enmohecidos en que habitan
La humedad de las grietas en las montañas
En ese volumen de niebla
En ese olor escondido entre los pajonales
Y es triste la ciudad que se abandona
El aire de la esquina donde palpitó el amor
Sólo espero hallarlos dentro de mí
Y ver el aparecer de vuestros cuerpos
Su forma de apagarse y encenderse
Para iniciar la despedida.

NICHO III
Humberto, Adolfo, Diego, Jaime, Manuel, Julio

Y lloro
Por los espacios que nos separan
Por las calles donde besan su sombra
El sepulcro amado.
Cuando puedo mirar desde el fondo de los seres
Y acariciar esos recuerdos
En los aires del crepúsculo más querido
Sepultar la lluvia en la memoria.

Y desde el olvido
Las muertas
Los muertos
Disgregados cadáveres en una madrugada eterna
Irán creciendo hacia ese vacío visible
Hacia esa lejanía donde he muerto
Donde está mi vida de alcohol
Quiero perderme en vuestros pasos
En el resplandor de vuestras vértebras
En el rostro de este dolor de agua.

De Poemas descabellados (memorias de un poeta calvo), poemario inédito de Humberto Quino.


Fuente: Letra Siete



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