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Sed y sangre, un puente narrativo con la historia



Sed y sangre, un puente narrativo con la historia
Entrevista a Paúl Telleria
Por: Alex Aillón Valverde

Conversamos con Paul Tellería, compilador de la antología de cuentos sobre la Guerra del Chaco, Sed y Sangre (Editorial 3600). El proyecto pretende construir un puente literario entre este acontecimiento, y la memoria de sus actores, con las generaciones actuales, que guardan, por así decirlo, una memoria de la memoria. Sed y sangre es, como dice Tellería, un proyecto literario en el que participan escritores de toda Bolivia.

Qué viene a sumar Sed y sangre a la literatura sobre la Guerra del Chaco que se tiene hasta ahora.

Los últimos cuarenta años hubo un silencio en el campo de la narrativa sobre el conflicto del Chaco, cargado de recuerdos, sobre todo en escritores de mi generación, la de los nietos de la guerra. Nosotros fuimos los últimos que escuchamos de la voz de los abuelos el conflicto y en alguna medida idealizamos al ex combatiente como el héroe de la infancia, ajenos a lo que en generó el efecto de la guerra en nuestros padres y abuelas. Este libro quiere volver a poner sobre la mesa las cicatrices que dejó el conflicto y rescatar del olvido a quienes permitieron el presente que hoy vivimos. Olvido poblado de memorias, que con el tiempo se oxida como los viejos sables, se llena de sarro como las bayonetas y Sed y Sangre busca romper.

Modestamente creo que el aporte de Sed y Sangre es un volver a hablar, un intento de narrar lo que aconteció entre 1932 y 1935 dentro y fuera del conflicto sin haber sido parte de él, es un rodeo desde la memoria prestada: la del padre, la del abuelo o bis abuelo. Creo entonces que aporta algo necesario para este siglo, la voz condensada de las generaciones de post guerra. Textos de hijos, nietos y bis nietos del Chaco que articulan miradas distintas, voces diferentes, pero con un eje común, hablar del eco de lo que fue la guerra en sus vidas. En esa medida este libro es un intento de unir desde la ficción las esquirlas esparcidas de lo que significó para el país el periodo 1932 a 1935 y entregar al lector contemporáneo una obra que lo sacuda y enfrente con el miedo, la muerte, la liberación y la condena del combate de los hombres que permitieron el país que ahora vivimos.

Sed y Sangre es la suma de fragmentos y miradas individuales ante el hecho concreto de la Guerra del Chaco, que penetran la niebla pesada del olvido, esa que trae al presente la sed, el horror y el polvo, secando almas y pulmones, incluso en los huesos hirvientes del campo de batalla y acaso un intento de cerrar lo que siempre quedará abierto, pues es sabido que el acto de narrar no busca la completitud de lo narrado. Quien quiera hacerlo, al menos al leer este libro, se enfrentará al vacío de no poder nombrar la guerra desde la distancia del que escribe y la lee como espanto y también vida. Bienvenida entonces la incompletitud, porque gracias a ella se instaura la posibilidad de construir ficción y permitir que el lector sea quien “abroche” lo dicho, creando nuevas miradas, nuevas evocaciones y sensaciones. Y eso ya es algo.

84 años después del conflicto, cómo nace y cómo se ha dado el proceso de compilación de los cuentos que conforman el libro. De qué manera se ha seleccionado los textos y autores. Cuáles han sido los principales problemas y retos.

El proyecto se gesta el año 2010 en una reunión con Willy Camacho, Adolfo Cárdenas y Oscar Martínez, estos últimos dos autores participantes en Sed y Sangre. En la madrugada de aquel encuentro, escuchando Fox Trot Andino y Boleros de Caballería, nos vino un destello de lucidez, aquel que solo produce la mezcla de brebajes y recuerdos, y nos dimos cuenta que no era casual el hecho que en nuestros últimos encuentros literarios, escuchábamos de forma recurrente a Adrián Patiño y nos enfrascábamos en encarnizados debates sobre El Chaco. Entonces, mientras debatíamos sobre la muerte de German Busch, la batalla de Boquerón y otras gestas heroícas del conflicto, reparamos que éramos la última generación que había escuchado de la Guerra del Chaco, mediante la voz de un ex combatiente y que la siguiente generación, sabría de la guerra a partir de nuestra voz. Al igual que los abuelos combatientes habían sido, en alguna medida, la última generación en escuchar de primera voz la vivencia de la Guerra del Pacífico, la historia nos situaba en el mismo lugar y en ese momento, como escritores, sentimos el contundente encargo de la trinchera, debíamos hacer un libro y convocar a nuestra generación a que escriba, desde lo escuchado, sobre la Guerra del Chaco. Es ahí donde nace el primer desafío con el título tentativo de Nietos del Chaco, el cual inicialmente contemplaba 24 textos (12 de nietos bolivianos y 12 de nietos paraguayos). Es así que el primer proyecto se inició en 2011 e invitamos a varios escritores y literatos nietos del Chaco, reunimos un total de 10 textos de nietos bolivianos y solo uno paraguayo y por diferentes razones, el proyecto entro en una pausa hasta fines del 2015, fecha en que nos damos cuenta que había que hacer un giro al proyecto, convocando a hijos y bisnietos de la Guerra. Las dificultades fueron el tiempo y la negativa de algunos autores a participar del proyecto “no tenemos nada que decir” era la respuesta. Pese a lo anterior el proyecto siguió adelante, convencidos del valor y necesidad que había volver a hablar y decir sobre la Guerra del Chaco y lo hicimos, aún a sabiendas que narrar desde la memoria prestada entrañaba el riesgo de no reflejar con exactitud el espanto que habitó hasta la muerte en los combatientes de la Guerra del Chaco.

A finales del año 2015 se contacta con mi persona el escritor Daniel Averanga quien se suma a la idea del nuevo proyecto con el título tentativo de Sangre del Chaco y nos embarcamos de forma frenética en una carrera contra el tiempo, invitando a diferentes escritores y escritoras a ser parte del proyecto. Cabe reconocer y agradecer el trabajo inicial de Averanga, que permitió ampliar el espectro de colaboradores, sobre todo generaciones más jóvenes. Es así que a mediados del año pasado se concluye la convocatoria con 40 textos, entre cuentos y crónicas y se inicia el trabajo de revisión y primera selección. Por diferencias internas que no viene al caso mencionar, se resuelve continuar con el proyecto sin la participación de Daniel Averanga y volver a la idea inicial del mismo. Es así que a finales del 2016 se concluye el libro con 29 textos (25 cuentos y 4 crónicas).

Sed y sangre es de alguna manera un puente con la memoria, de ese proceso que partió en dos la historia de Bolivia, y lo que vivimos ahora en política. Cómo dialogan estos dos momentos en los textos que conforman este libro. Ya que los autores son gente que vive la hora presente.

Sin duda lo que afirmas es cierto, como compilador nieto del Chaco creo que uno de los logros de Sed y Sangre fue unir las voces de hijos, nietos y bisnietos del conflicto y tender un puente narrativo con las generaciones siguientes. No hay que olvidar que la Guerra del Chaco partió en dos la historia boliviana y permitió la construcción de nación. En esa medida quienes se aventuraron a ser parte de esta antología son protagonistas de la, a riesgo de equivocarme, aún inacabada construcción de país, que todavía no entiende bien aquello de lo “plurinacional”. Creo que los tiempos sociales tienen una cronología diferente a la individual, en esa medida los hechos históricos que precedieron a la Guerra del Chaco, la Revolución de 1952 y la construcción del Estado actual 50 años después no hubieran sido posibles sin el periodo 32 al 35 y sin la Guerra del Chaco que desde la muerte de 50, 000 bolivianos germinó con dolor la semilla de nación que hoy vivimos. En esa medida los textos de este libro ejercen una labor articuladora entre el pasado y el presente y el diálogo con el momento actual, poniendo sobre la mesa el hecho de volver a hablar del horror y el espanto de la guerra, no desde nacionalismos trasnochados, sino desde el sentir de la sed y sangre de la guerra.

El puente que tiende este libro es literario, no sociológico y prefiero mantenerme al margen de profundizar en lecturas políticas. Quienes colaboraron con Sed y Sangre, sin duda viven el presente y tienen una lectura individual del momento político actual, diferente en cada persona desde su propia historia de vida, pese a lo anterior algo une a quienes forman este libro decir algo sobre lo que fue la guerra y lo que produjo en lo individual, del registro que dejó en la memoria de cada uno, porque si algo aquí fue hablado desde la ficción o no, es porque algo quedó en el plano de la historia personal.

Por lo anterior es importante aclarar que Sed y Sangre no es una compilación de lecturas sociales o históricas sobre la Guerra del Chaco, es un proyecto literario y, como tal, corre el riesgo de no ser del todo verídico respecto a acontecimientos reales.

Quienes forman parte de la antología

Sed y Sangre incluye 25 cuentos y 4 crónicas y son parte del mismo en cuento:

Rosario Barahona Michel, Fabricio Callapa Michel, David Vildoso Lemoine, por Chuquisaca. Carla Ángelo, Francisco Bueno Ayala, Adolfo Cárdenas, Guillermo Ruiz, Ernesto Calisaya, Evelio Gutiérrez, Álvaro Vásquez, Ricardo Mikio Obuchi Ugarte, Wilmer Urrelo, Erik Ortega, Eddy Castro, Darwin Pinto, paceños. Sisinia Anze Terán, Ramón Rocha Monroy, Edmundo Paz Soldán, Luis Carlos Sanabria, por Cochabamba. Ana Rosa López, orureña. Oscar Martínez y Hugo Revollo, potosinos. Manuel Vargas, Cruceño, Homero Carvalho, beniano y Oscar Díaz Arnau, argentino. En crónica los paceños Javier Badani y Jorge Quispe. Los españoles Alex Ayala y David Bustos. La antología Sed y Sangre está estructurada en dos partes. La primera compuesta de cuentos divida en tres secciones: Campo de Batalla, Periferia y Lejanía y la segunda de cuatro crónicas reales. La cantidad de textos definida para cada sección surge del resultado natural “del decir” de los autores convocados. Sin embargo, de una u otra forma, la distribución es más o menos equitativa.

Fuente: Puño y Letra



3 Respuestas »

  1. Raúl Rivero Adriázola dice:

    Don Marcelo:

    Da pena leer de un compilador que afirme tan suelto de cuerpo, que en “Los últimos cuarenta años hubo un silencio en el campo de la narrativa sobre el conflicto del Chaco”. Sabes bien que, solamente en mi caso, entre 2014 y no 2016, he publicado solo o en colaboración una novela y tres crónicas referidas o ambientadas en la Guerra del Chaco. En fin, será una consecuencia más del “paceñocentrismo”, que tanto daño hace a la difusión de la producción literaria boliviana. Saludos,

    Raúl

  2. Daniel Averanga Montiel dice:

    Y sí, don Raúl, debería escribir con menos adjetivos y sustantivos toscos en sus escritos. Le recomiendo el trabajo de creerse escritor, con el apoyo de un editor decente.

  3. Daniel Averanga Montiel dice:

    Ah, y yo soy orureño, por si acaso.

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