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Edmundo Paz Soldán: “La cárcel es un mundo cerrado que cuenta con su propio lenguaje”



Edmundo Paz Soldán: “La cárcel es un mundo cerrado que cuenta con su propio lenguaje”
Por: Ana Belen García Flores

La voz literaria de Edmundo Paz Soldán es una de las más creativas entre los nuevos autores latinoamericanos. La rotunda aseveración no es baladí. Parte del Nobel Vargas Llosa, y reconoce la maestría narrativa, aupada por una fértil imaginación del escritor boliviano, que se sitúa desde hace años en la primera fila literaria de su país donde es uno de los autores más reconocidos.

Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia,1967) se convirtió en los 90 en uno de los novelistas más representativos de grupo McOndo con su primer libro, Días de papel, con el que se alzó con el Premio Eric Guttentag; también atesora el prestigioso galardón Juan Rulfo; sus novelas y antologías de cuentos se han traducido a ocho idiomas.

Con tono de pausado equilibrio, el autor resta importancia a los elogios-“son un arma de doble filo”, asegura, aunque los agradece y reconoce la presión por estar a la altura de la expectativa.

Paz Soldán, que ejerce como profesor universitario de Literatura en EEUU desde hace veinte años, vuelve a mostrar su virtuosismo en el manejo del lenguaje en su último libro Los días de la peste, publicado por la editorial Malpaso.

El escritor se adentra en el inquietante y brutal microcosmos de La Casona, una cárcel situada en una provincia remota, de donde paradójicamente muchos presos no quieren salir, y que se inspira en la prisión real de San Pedro de La Paz. Un penal que alberga comercios y familias enteras en sus entrañas.

“Es una cárcel que se ha intentado cerrar desde hace mucho tiempo, es más una ciudadela, una especie de ciudad amurallada (…) Es el punto de partida que usé para inspirarme pero no era una crónica no quería que la realidad se impusiera sobre mi ficción. Cuando pensé en La Casona pensé en visitar la cárcel (de San Pedro) pero tuve miedo de que me devorara porque es un mundo demasiado potente y decidí mantener cierta distancia”, señala el autor en una entrevista con RTVE.es.

En La Casona la única salvación es el culto a una diosa pagana, una virgen vengativa y justiciera, que cobrará más significado cuando una plaga letal, que recuerda en las formas al ébola, empiece a asolar la prisión, en la que coexisten la razón y la superstición a la hora de encarar la enfermedad.

“Me interesaba plantear un debate que tiene que ver cuando en Latinoamérica hablamos de un enfrentamiento entre las fuerzas de la civilización, de la modernidad, contra las fuerzas de la tradición. Está casi en nuestros paradigmas culturales del siglo XIX”.

Con estos mimbres, Paz Soldán construye una historia perturbadora, armada con una precisión asombrosa, original y a la vez magnética que rompe el espacio narrativo a través de una estructura coral donde da voz a presos, guardianes y autoridades en un magma de violencia y corrupción generalizada, en el que “quería transmitir el hacinamiento propio de las cárceles latinoamericanas a través de la multiplicidad de voces”.

El escritor y profesor boliviano reconoce la influencia de la literatura latinoamericana de apocalipsis como el 666 de Roberto Bolaño o la novela de terror del chileno José Donoso, El obsceno pájaro de la noche, para recrear un ambiente asfixiante con toques oníricos, “decadente, de pasadizos y oscuridad”, donde las secciones o patios de La Casona se superponen unos a otros “en un laberinto interminable”.

En este infierno también emerge una cárcel dentro de otra cárcel: es el quinto patio, un lugar secreto de confinamiento donde irán a parar los presos políticos o incómodos al sistema.

“Pensé en las cárceles que usaba el ejército norteamericano en Irak, en concreto en Abu Ghraib, donde había personas que pesaban 23 horas al día en confinamiento solitario, y de ahí, podía darle una función más política a esta cárcel”.

Paz Soldán también ha cuidado especialmente el lenguaje de los personajes, como es habitual en sus obras donde a menudo introduce neologismos, indigenismos o palabras surgidas de su imaginación.

Para recrear el vocabulario carcelario se basó en el “Coba”, la jerga secreta del hampa boliviano, que está recogida en un diccionario. Cada preso de la novela cuenta con sus propios giros y modismos a la hora de expresarse:

“Usé ese diccionario para algunos coloquialismos de esos personajes y una vez que tuve esto, yo mismo empecé a inventarme otras palabras que sonaran familiares de ese diccionario. La cárcel es un mundo cerrado opresivo y como todo mundo propio desarrolla sus propias formas de hablar”.

El autor vive a caballo entre Bolivia y EEUU, donde imparte clases de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Cornell. “Es una época muy dura, el discurso de Trump ha demonizado al inmigrante y a todas las minorías, no hay que dar nada por conseguido”, apunta sobre su experiencia en Norteamérica.

Estos días se encuentra en nuestro país para presentar al público español Los días de la peste, una narración para la que pide paciencia a los lectores, ya que “la intensidad”, como plasma en la escritura de sus originales cuentos, arranca desde la página cincuenta, antes, el novelista se toma su tiempo para aposentar la intrincada estructura de personajes, y luego, la historia “comienza a respirar” hasta dejarnos sin aliento.

De vuelta al comienzo, sobre las alabanzas al oficio de escritor, apunta a que Vargas Llosa es uno de sus referentes del boom de la literatura latinoamericana de los 70. Una fuente inagotable de inspiración a cuya estela se ha subido por merito propio Edmundo Paz Soldán.

Fuente: www.rtve.es/



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